La tal Alicia

La ficción pura no existe, los hechos más fantasiosos tienen mucho de realidad.

La ficción pura no existe, los hechos más fantasiosos tienen mucho de realidad.

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

Lo haces bien, dice con un tono que revela la rara mezcla de satisfacción y tristeza. Pone la colilla del cigarro en el cenicero, y expulsa el humo agazapado en sus entrañas de forma lenta, como si lo saboreara o quisiera que no acabara nunca, como si fuera la frontera entre el placer del sexo y los problemas.

Sentado sobre la cama, se pregunta por qué está allí. Mira al mar a través de la ventana, parece tan cerca que cree sentir el olor a salitre. Piensa que después del sexo esa es la mejor sensación del mundo.

-¡Coño Maiquel!, ¿te vas a poner sentimental otra vez?, le pregunta Claudia todavía desnuda y sudada.

-No me jodas.

-Yo esperaba más de ti.

-No me gusta que me prueben. ¿Qué carajo querías, que no me viniera nunca o que te apuñaleara y me llevara todo lo que tienes en este cuarto de mierda?

-Que no fueras tan flojo y te dejaras de lloriqueos.

Se pone furioso, porque desde que pasó lo que pasó juró jamás permitirle a una mujer que le hablara así. Las palabras “flojo”, “lloriqueo”, “cobarde” o cualquiera parecida lo tienen hasta los cojones. Por eso amenaza con abofetearla.

-Si no la vas a olvidar, búscala. Busca a esa maldita que tanto mencionas, incluso cuando duermes a mi lado, aquí, en la cama, a la tal Alicia.

Maiquel no le responde. La mira con algo de rabia, cierra sus puños y piensa darle unos golpes, para que aprenda a respetar, a no hablar tanta basura, a no meterse con Alicia, la mujer de su vida, la única persona que nunca lo decepcionó, a quien querrá siempre, aunque pasen decenas de años. Él no olvida su rostro angelical, la pureza de su sonrisa, ni la satisfacción de besarle las mejillas, que en sueños cree acariciar otra vez.

Decide irse antes de perder la cabeza, antes de partirle la boca a Claudia. La siente llorar a sus espaldas. Recuerda gritos y llantos más fuertes, más desesperados, ve gaviotas y agua, mucha agua. La vida es una mierda, piensa mientras sale a la calle. Rostros, cientos de rostros se le cruzan, algunos lo saludan.

Sólo faltan cuatro días, dice en voz baja, y se seca las lágrimas. Camina en línea recta, no le importa a donde. Piensa que desde hace casi seis años todos los caminos lo llevan a donde mismo: a la tristeza, al sufrimiento. Ni Claudia puede arrancarle esa congoja. Ahora lo llama flojo. Él, que nunca le tuvo miedo al hambre en el Período Especial, ni a la sangre, ni a los yanquis, ni al mar, ni a quedarse encerrado en este país, a nada. Durante los próximos tres días no le habla a nadie en el trabajo, anda con la cabeza baja y los ojos rojos. Claudia intenta acercarse, pero le hace un gesto que la detiene.

Ella lo espera cada noche en su casa, porque él siempre vuelve, pero han pasado cinco días, y nada. Se pone la ropa interior que más le gusta a Maiquel, y por encima algo fácil de quitarse. Sale a buscarlo, decidida a seducirlo de cualquier forma. Mientras camina recuerda la primera vez que lo hicieron, fue encima de su buró, no la trató de la forma salvaje que otros. Sus caricias la hicieron temblar, los besos en oídos, cuello, ombligo le provocaron un escalofrío antes desconocido, un escalofrío al que no quiere renunciar.

Llega a la casa de Maiquel. Teme encontrarlo con otra, con la tal Alicia. Abre la puerta de forma suave, lo ve tirado sobre el piso, con una botella de ron en la mano, fotos y recortes de periódicos alrededor. Mira las fotos, en todas hay tres personas: una mujer, una niña como de diez años y un hombre con bigote que indudablemente es Maiquel.

Los periódicos tienen escrito “naufragio”, “muerte”. Hay un silencio perturbador, de esos que nadie se atreve a romper. Maiquel sigue tirado, las lágrimas corren por sus mejillas. Suelta un grito como de desahogo, como si no soportara tanta tristeza presa en su interior. Ella lo mira, y tiene deseos de consolarlo, de decirle frases de apoyo, pero sabe que en este momento ninguna palabra sirve.

Fue en el ’97. Sólo me salvé yo. Al principio no quise ir. Siempre me he sentido bien en este país, con to’ y su calor, sus necesidades. Pero esa maldita –señala a la mujer de la foto- me dijo que no fuera cobarde, que pensara en el futuro de la niña, que allá todo sería mejor. A veces, me parece que todavía estoy en ese pedazo de mar, entre la Florida y Cuba. Veo a Alicia pidiéndome ayuda. A ella la voy a querer siempre: así que no te metas más con ella, ¡cojones! Es mi princesita, mi hija linda. 

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 19 de febrero de 2013 en De todo y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 23 comentarios.

  1. A veces por seguir un paraíso o escuchar cantos de sirenas perdemos lo que más nos interesa. la felicidad se puede encontrar donde menos se espera y con pequeñas cosas, sin buscar un paraíso terrenal.

  2. Me gusta este post. Yasel Toledo sigue escribiendo, tienes un gran futuro.

  3. coño yasel te estás excediendo cada día más, de nuevo te doy un: GENIAL.
    Y tienes toda la razón, y aunque no sé si la historia es fantástica pero es una realidad que ha ocurrido muchas veces. Nada, como siempre te digo compadre: ánimos y sigue así.
    Pd. Directo pa G+.

    • Hola amigo, espero que pueda llamarte así. Gracias por lo que me dices. Escibir es uno de mis mayores hobbies. El blog me da la posibilidad de desahogarme sin preocupaciones por falta de espacio o editores que me chapeen los párrafos. Ojalá nos sigamos encontrando aquí. Un abrazo.

  4. amigo yasel veo tu blog esta muy bueno abrazp

  5. Muchas Alicias y sus familias han sufrido esa realidad. Bonita forma de reflejarlo, Yasel.

  6. Mi prima, fue víctima de una de esas irresponsabilidades hace 2 años.

  7. ¿Cuántos Maiquel habrán por ahí?

  8. El riesgo es uno de los encantos de las grandes decisiones.

  9. Muy conmovedora Yasel. Lo más triste es, que este pedazo de tierra anclado en el medio del Caribe, existen muchos Maiquel. Sigue escribiendo….

  10. Cada vez que leo esto casi lloro.

  11. ¿Esto es real? ¿Eso pasó de verdad?

  12. Genial….. Por primera vez accedí a este blog, y dejé volaar mi imaginación, ojalá pudiera seguir disfrutando!!!!!

  13. Genial….. Por primera vez accedí a este blog, y dejé volar mi imaginación, ojalá pudiera seguir disfrutando!!!!!

  14. Saludos de Nuevo Yasel:
    Y empiezo con la frase mas filosofica de Exusperry, “Lo esencial es invisible para los ojos”. Muy buen cuento, creo que es la esencia de la Cuba de hoy. Los cantos de sirena salen de adentro, todo es como en los “Demonios de DaVinci” (BTW espero lo vean pronto en el paquete esa serie, esta genial recien termino la session 1 en ENCORE), si no tienes estabilidad dentro, no triunfas en ningun lugar. Tienes que creer en ti, ponerte tus propias metas a corto y largo plazo. Todos los lugares tienen sus retos, tienes que admitirlo y lidiar con ellos.
    Nunca olvido el padre de un amigo, cuando hablando sobre otro amigo en comun que recien se marchaba a Miami, dijo: Va a tener que olvidar la carrera Universitaria que deja, alla es solo trabajar. Ya hace mas de 5 annos que Andresito termino en MDC su Carrera en programacion y esta especializandose en el FIU.
    Todos tenemos una historia personal, y podemas enriquecerla o pasar sin saber que pasamos, todo esta en ti

  15. Yasel estuve a punto de soltar unas lágrimas con tu post. Es GENIAL poder leer textos como este. Un cuento donde regresa “la maldita circunstancias del agua por todas partes”, como dijo Virgilio. Tienes arte para contar historias…nunca las abandones!!!

  16. Hola, muchísimas gracias. Ojalá visites este blog con frecuencia. Saludos

  1. Pingback: La tal Alicia « Magazine Cuba

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