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La responsabilidad individual, motor para el progreso

Por Yasel Toledo Garnache

responsabilidad«A mí no me corresponde esa tarea», «no lo hago porque no está entre mis funciones de trabajo», «a mí no me pagan por eso», son expresiones que escucho en ocasiones, y las palabras se adentran en mi interior para provocarme tristeza, circulan por las mareas del cuerpo, y diversas preguntas rebotan en mi mente, a un lado y a otro, al frente y atrás. Lee el resto de esta entrada

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El muro de la incomunicación y una respuesta fácil

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el-muro-de-la-incomunicacionPor Yasel Toledo Garnache

¿Y qué pasa si uno lleva varios días cabizbajo, con la tristeza circulando por las mareas de su cuerpo? ¿Y si el jefe enaltece la incomunicación y ya existe como un muro entre ambos? ¿Qué debería hacer uno si se siente como atado, a pesar de tantos deseos de ser útil, proponer y aportar? Lee el resto de esta entrada

El constante recorrido por un cuerpo de mujer

Mujer en la camaPor YASEL TOLEDO GARNACHE

Varias noches al mes escucho en medio de la madrugada el silbido de tu pecho, o lo imagino. No es molesto oírlo. Al contrario, yo no duermo. El insomnio es mi rutina, y agradezco, pues así puedo dedicarme a observarte cada noche mientras duermes.

Divido tu cuerpo en partes, como si te observara por casillas segmentadas. Detallo cada fragmento; primero tus pies desnudos, blancos y suaves. Luego tus piernas, las diviso en líneas oblicuas y admito que me encanta descubrirlas. Voy subiendo. Una prenda interior, toco e imagino la gema escondida que dibuja la silueta entre tus piernas. Me detengo, recreo mi estancia, quizás hasta inexplicablemente logre quedarme dormido y sueñe o lo haga despierto -como es usual, siempre lo mismo: Tú y yo de manos por un parque, sentados luego bajo un árbol enorme y ramificado, te abrazo y señalo el lago que se esparce ante nosotros, digo algo a tu oído y sonríes. Lee el resto de esta entrada

La muchacha de la memoria flash

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

Besos, hombre y mujerPercibí que ella me miraba con insistencia y hasta respondí con los ojos y leves gestos. La muchacha, de cuerpo bien formado y pelo largo, puso su silla cerca de la mía, y me hizo varias interrogantes. Respondí y hasta riposté, dispuesto a convertirme en cazador.

La gente a nuestro alrededor seguía en lo suyo. Ella dijo que debía salir a buscar algo en una memoria flash. Y la seguí. Le hice la pregunta prohibida, al menos cuando uno anda en planes de conquistas, tal vez por mi falta de experiencia en estas escaramuzas. Y ella me respondió que no, no tenía novio, sin embargo “tampoco estoy sola”, y sonrío de una manera que entendí muy bien Lee el resto de esta entrada

Estatua de carne

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

yasel toledo garnacheA veces, la mente anda por otros rumbos, y el cuerpo es apenas una estatua de carne. En ocasiones, uno intenta teclear las ideas sobre documento word, y ellas se resisten o resultan demasiado brindadas, y lo fácil tampoco es agradable. Entonces el muchacho se recuesta sobre el espaldar del asiento y mira al techo Lee el resto de esta entrada

Del archivo: A ti mujer sin nombre

Munjer sin ropaVarias noches al mes escucho en medio de la madrugada el silbido de tu pecho, o lo imagino. No es molesto oírlo. Al contrario, yo no duermo. El insomnio es mi rutina, y agradezco, pues así puedo dedicarme a observarte cada noche mientras duermes.

Divido tu cuerpo en partes, como si te observara por casillas segmentadas. Detallo cada fragmento; primero tus pies desnudos, blancos y suaves. Luego tus piernas, las diviso en líneas oblicuas y admito que me encanta descubrirlas. Voy subiendo. Una prenda interior, toco e imagino la gema escondida que dibuja la silueta entre tus piernas. Me detengo, recreo mi estancia, quizás hasta inexplicablemente logre quedarme dormido y sueñe o lo haga despierto -como es usual, siempre lo mismo: Tú y yo de manos por un parque, sentados luego bajo un árbol enorme y ramificado, te abrazo y señalo el lago que se esparce ante nosotros, digo algo a tu oído y sonríes. Lee el resto de esta entrada

Gente

 Por Erian Peña Pupo, amigo de la Universidad de Holguín

GenteDe espaldas era hermosa. De perfil también. Usaba un vestido largo, pero no lo suficientemente largo como para no mostrar las piernas; fino como para dejar traslucir las formas de su blanco cuerpo, muy blanco, casi nórdico, europeo… pero a la vez acriollado, cubano.

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La vida es del carajo

VidaLa vida es del carajo. La gente cree que puede regresar cuando le plazca. Y verdad que puede. Pero uno no siempre la recibe con los brazos abiertos. Quizá hasta la nostalgia se le mete por los poros a uno. Y es sólo eso un momento de nostalgia, porque ya no queda ni pizca de sentimiento. Otra persona es dueña de este pobre corazón y hasta la sangre circula mejor por la geografía de nuestro cuerpo.

Crónica de una damisela nocturna

Por Ania Mulet Fernández, amiga de la Universidad

Mujer desnudaA la belleza no se le puede decir que llegue pronto. El que sea afortunado y la tenga, debe guardarla todo el tiempo que pueda pues para muchos constituye su única riqueza.

“El amor es terrible. He visto a mis amigas sufrir y no quise que esto me sucediera. Antes reían de mi inocencia y ahora me preguntan cómo consigo dominar a los hombres tan bien. Callo porque sé que el remedio es peor que el propio dolor: no me enamoro. Cada día me percato de lo frágiles que son los hombres, inconstantes, inseguros. Pero sí, sufrí por el amor y aunque aún sufra por su causa, veo que aquellos que tocaron mi alma no consiguieron despertar mi cuerpo y quienes tocaron mi cuerpo no consiguieron llegar a mi alma”.1 Lee el resto de esta entrada

Dos mujeres (I)

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

Bcitaxi, CubaVienen con dos tipos. A ellas las conozco bien. Una es blanca, de cuerpo bien formado, cabello largo y labios seductores. La otra es mulata, de rostro vivo, movimientos fáciles y atrayente personalidad. Me ven y bajan la cabeza.

Yo sigo sentado sobre mi bicitaxi, estoy un poco cansado de pedalear durante todo el día. La segunda botella de ron está casi media. Me vuelven a mirar.

Los recuerdos se agolpan en mi mente. La blanca era lindísima, pero aburrida, complicada y poco amante del sexo de albergue, que tiene como atractivo la posibilidad de que se despierte la muchacha de la litera vecina y vea toda la escena. Lee el resto de esta entrada

Ulrica, como en Borges

Por ERIAN PEÑA, colega de la Universidad

Mujer en parqueConocí a Ulrica en el cruce de escaleras de un viejo caserón colonial, convertido ahora en biblioteca. Recuerdo que nos miramos fijamente. Al menos yo seguí su cuerpo y sus ojos negros, hasta perderla de vista.

La conocí mucho más, otra vez sobre el mármol. Pero no el mármol blanco con manchas grises de la escalera. Ulrica fue mía una noche de viernes. En el banco de un pequeño parque al costado de la iglesia. Un banco de mármol. Lee el resto de esta entrada

Los zapatos de Marta

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

ZAPATOSEl olor a sexo rebota en las paredes, por eso Rodolfo no puede más. El recuerdo de aquel cuerpo campanario gravita en el ambiente. Allí están la misma cama, las mismas sábanas, el mismo aroma a cuerpos sudorosos que no puede olvidar.

Rodolfo trabajaba como mulo para darle comodidades a su esposa Marta. Llenaba morral tras morral, y los demás cafeteros comentaban que él recogía más granos que todos ellos juntos. Eso sí tenía él, era un animal para el trabajo. Nunca paraba al mediodía para alimentarse. Algunos ya decían que se tomaba su propio sudor y se comía  las hojas más grandes de las plantaciones, jamás el café porque entonces sería menos para recoger.

Sentado sobre un taburete en la sala de su bohío tiene los ojos llorosos. Sólo Osmar, amigo desde la infancia y confidente en momentos difíciles, sabe lo que le pasa.

— ¡Vamos a hablar!  ¡No seas bruto carajo! Lee el resto de esta entrada