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Desde la Casa Natal del Padre de la Patria: la Revolución será eterna

museo de céspedes

Jóvvenes en el museo Casa Natal de Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo.

Por Yasel Toledo Garnache

Luego de escuchar el reciente discurso de Donald Trump, presidente de Estados Unidos (EE.UU.), trabajadores del museo Casa Natal de Carlos Manuel de Céspedes, iniciador de las luchas independentistas y Padre de la Patria, resaltaron en Bayamo que la Revolución será eterna, a pesar de agresiones políticas y económicas, impulsadas desde ese país u otros lugares. Lee el resto de esta entrada

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Canción al Padre en Bayamo, amor desde el arte (+Fotos)

Jpeg

En la tumba de Sindo Garay.

Por Yasel Toledo Garnache

Otra vez trovadores cubanos y, en esta ocasión, un chileno, confluyeron en Bayamo para cantar y demostrar su cariño y admiración a Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria y uno de los mejores hijos de esta Ciudad Monumento Nacional y de todo el país.

Llegaron con sus guitarras, sonrisas y el entusiasmo por participar en un evento con 13 años de vida y dedicado a quien fue también el iniciador de las guerras independentistas en Cuba y primer Presidente de la República en Armas, amante de la literatura, los bailes, la música de piano y la cultura en general. Lee el resto de esta entrada

Asamblea de Guáimaro: Aquellos días entre héroes

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

Asamblea de Guáimaro, CubaTal vez, fue por las fotos en la pared o por los recortes de periódicos y el libro que me susurra parte de sus vidas, con el encanto de una prosa capaz de llevarme a momentos del pasado, tiros y heroicidades.

Aquel día amanecí en un poblado de grandes portales y calles rectas, el bosque en el rededor y detrás, como un coro, las colinas vigilantes. La gente caminaba de un lugar a otro. Los caballos andaban trenzados y las carretas enramadas. De los estribos se saltaba a los brazos. Familiares se reencontraban con los hombres de machetes y sombreros. Las mujeres todas lucían como novias felices. El pueblo señorial como en una fiesta.

Yo miraba a uno y otro lado. Poco apoco, mi nerviosismo inicial desapareció. La alegría contagiaba. Había algo distinto en el aire. Era Guáimaro. ¡Guáimaro! Y patriotas de Oriente, Camaguey y Las Villas venían al abrazo de la Patria. Él, el Padre, estaba con los ojos claros y firmes, blanca la chamarreta, el sable de puño de oro, las polainas pulcras. A su lado, Don Francisco Vicente Aguilera, alto y con la barba por el pecho, también José María Izaguirre y otros gigantes. En silencio pasaban unas veces, y otras se oía ¡Viva…! Lee el resto de esta entrada