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Del archivo: El reencuentro

ReencuentroPor YASEL TOLEDO GARNACHE

A veces, el reencuentro implica reflexión, comparaciones indeseadas, dañinas, fuentes de duda. A veces, uno odia al reencuentro, lo culpa, lo oscurece, intenta apuñalearlo, borrar sus imágenes, pero no puede, no muere, quizá porque las gotas de sangre se adhieren con sutileza para recordar que somos mortales, débiles, incapaces de olvidar lo más dañino, lo que retumba en la cabeza hasta impedir el sueño, la tranquilidad. Lee el resto de esta entrada

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Debilidad de mortales

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

Reflejo, de Darwin AlbertiA veces, el reencuentro implica reflexión, comparaciones indeseadas, dañinas, fuentes de duda. A veces, uno odia al reencuentro, lo culpa, lo oscurece, intenta apuñalearlo, borrar sus imágenes, pero no puede, no muere, quizá porque las gotas de sangre se adhieren con sutileza para recordar que somos mortales, débiles, incapaces de olvidar lo más dañino, lo que retumba en la cabeza hasta impedir el sueño, la tranquilidad. Lee el resto de esta entrada

El reencuentro: Entre paradojas y realidades

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

Oh, reencuentro, no sé si alegrarme o llorar.

Oh, reencuentro, creo que me harás llorar.

A veces, el reencuentro implica reflexión, comparaciones indeseadas, dañinas,  fuentes  de  duda.  A veces, uno odia al reencuentro, lo culpa, lo oscurece, intenta apuñalearlo, borrar sus imágenes, pero no puede, no muere, quizá porque las gotas de sangre se adhieren con sutileza para recordar que somos mortales, débiles, incapaces de olvidar lo más dañino, lo que retumba en la cabeza hasta impedir el sueño, la tranquilidad.

El  reencuentro  no  tiene  sitio  fijo,  predilecto,  tampoco  indeseado, aborrecible.  No siempre  es  carnal,  ni  siquiera  elocutivo.  Aceras,  paradas de guagua, viajes cortos, parques, playas, suelen acompañarlo de sorpresa, de alegría, un amigo me dice que también de arrepentimiento. Lee el resto de esta entrada

El personaje de Hemingway

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

Cualquiera podría ser el personaje en historias sin ficción

Cualquiera podría ser el personaje en historias sin ficción

Ernest Hemingway lo colocó en la parte inferior del iceberg, porque no significaba mucho para la historia. El personaje deseaba subir, por eso escaló línea tras línea, palabra tras palabra, letra a letra. Veía sangre, elefantes y grandes cazadores, toros, bombas y gente horrorizada, al viejo con el pez gigante. Lee el resto de esta entrada

Villa Clara vs Matanzas: El bate y la sangre

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

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A estas alturas, usted lo sabe casi todo. Matanzas le ganó a Villa Clara. Fredy Asiel Álvarez le propinó dos bolazos a Santoya, primera base de Los Cocodrilos, – el último en la cabeza- y uno a Víctor Víctor, detonador de la violencia. Hubo guante tirado, un bate sobre pleno rostro y hasta sangre. Ramón Lunar se mantiene hospitalizado, aunque sin peligro para la vida. Lee el resto de esta entrada

Chicharrones (I)

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

chicharrones de puercoMatar puercos me parece trágico. Apuñalearles el corazón y ver cómo la sangre sale de sus entrañas me deprime. Sé que es necesario, porque de lo contrario no podría comer los chicharrones que tanto me gustan. Pero no soy bueno para eso. No tengo valor para encajarles los cuchillos, rajarles la piel y picarlos en postas.

A Lachy sí le encanta. Adora partirles el corazón en dos. Nunca falla. Se embarra las manos de sangre, y dice que esa es la mejor sensación del mundo. A veces, yo quisiera ser como él, porque qué pensarán de un hombre que no puede darle una puñalá ni a un puerco. Lee el resto de esta entrada

Reencuentro

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

 

Los reencuentros pueden ser tormenta de sensaciones

Los reencuentros pueden ser tormenta de sensaciones

A veces, el reencuentro implica reflexión, comparaciones indeseadas, dañinas, fuentes de duda. A veces, uno odia al reencuentro, lo culpa, lo oscurece, intenta apuñalearlo, borrar sus imágenes, pero no puede, no muere, quizá porque las gotas de sangre se adhieren con sutileza para recordar que somos mortales, débiles, incapaces de olvidar lo más dañino, lo que retumba en la cabeza hasta impedir el sueño, la tranquilidad.

El reencuentro no tiene sitio fijo, predilecto, tampoco malvado, aborrecible. No siempre es carnal, ni siquiera elocutivo. Aceras, paradas de guagua, viajes cortos, parques, playas, suelen acompañarlo de sorpresa, de alegría, un amigo me dice que también de arrepentimiento. Lee el resto de esta entrada