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Del archivo: El reencuentro

ReencuentroPor YASEL TOLEDO GARNACHE

A veces, el reencuentro implica reflexión, comparaciones indeseadas, dañinas, fuentes de duda. A veces, uno odia al reencuentro, lo culpa, lo oscurece, intenta apuñalearlo, borrar sus imágenes, pero no puede, no muere, quizá porque las gotas de sangre se adhieren con sutileza para recordar que somos mortales, débiles, incapaces de olvidar lo más dañino, lo que retumba en la cabeza hasta impedir el sueño, la tranquilidad. Lee el resto de esta entrada

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El reencuentro con Lisandra

Mujer con bolsoPor YASEL TOLEDO GARNACHE

— Hola, ¡cuánto tiempo! Hacía mucho que no te veía.

— Es que casi no salgo de la casa. Me casé, o mejor, estoy con un hombre ahí que me mantiene. Él está casado, pero eso no me interesa, a mí lo que me importa es que me dé los piticlinis (dinero) y me busque la comida. Por cierto hace una semana que no me viene a ver. Seguro que por culpa de su esposa. Él no sabe lo que se está buscando. Le voy a armar una que no se le va Lee el resto de esta entrada

El reencuentro

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

A veces, el reencuentro implica reflexión, comparaciones indeseadas, dañinas, fuentes de duda. A veces, uno odia al reencuentro, lo culpa, lo oscurece, intenta apuñalearlo, borrar sus imágenes, pero no puede, no muere, quizá porque las gotas de sangre se adhieren con sutileza para recordar que somos mortales, débiles, incapaces de olvidar lo más dañino, lo que retumba en la cabeza hasta impedir el sueño, la tranquilidad. Lee el resto de esta entrada

Reencuentro

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

 

Los reencuentros pueden ser tormenta de sensaciones

Los reencuentros pueden ser tormenta de sensaciones

A veces, el reencuentro implica reflexión, comparaciones indeseadas, dañinas, fuentes de duda. A veces, uno odia al reencuentro, lo culpa, lo oscurece, intenta apuñalearlo, borrar sus imágenes, pero no puede, no muere, quizá porque las gotas de sangre se adhieren con sutileza para recordar que somos mortales, débiles, incapaces de olvidar lo más dañino, lo que retumba en la cabeza hasta impedir el sueño, la tranquilidad.

El reencuentro no tiene sitio fijo, predilecto, tampoco malvado, aborrecible. No siempre es carnal, ni siquiera elocutivo. Aceras, paradas de guagua, viajes cortos, parques, playas, suelen acompañarlo de sorpresa, de alegría, un amigo me dice que también de arrepentimiento. Lee el resto de esta entrada