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Mestizaje: Mi debilidad por las mulatas

Mujer mulataSalía de la oficina cuando tropecé con ella. Una mulata,  con un cuerpo escultural, ¡qué digo yo escultural, divino!, senos pequeños y sólidos, una mulata maciza y con hermosos ojos pardos, bueno, una MULATA: el consabido piropo, la reacción coqueta de ella, una invitación a merendar en la cafetería de enfrente; ACEPTADA, ¡QUÉ BÁRBARO!, nos sentamos, pedimos y nos sirven y viene la conversación entre bocado y bocado.

-Cuando saques ese cuerpo a la calle – le digo – tienes que pedir permiso a la policía porque puedes provocar un accidente – ella sonríe -, te he visto varias veces pero jamás habíamos coincidido en un receso. Hoy es mi día de suerte –me penetra con la mirada, como buscando segundas y hasta terceras intenciones, incrédula. Lee el resto de esta entrada

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La última escena

Por Yasel Toledo Garnache

La ficción pura no existe.

La ficción pura no existe.

Nos encontramos debajo de la mata de mamoncillo. El pasado regresó de golpe sobre bicicleta, con peinado extravagante y un rostro más pintado de lo común.

Este fue el lugar de nuestro primer beso, un beso de niños que no sabían lo que era eso. Me buscó varías veces a la casa. También la busqué. Nunca nos volvimos a ver. Su nueva residencia en Matanzas significaba demasiada lejanía, que intentamos vencer con cartas y fotos durante algunos años.

La recibí con un piropo, ensayado hasta el cansancio. No te imaginaba así, me dijo con evidente decepción, después de recorrer mi cuerpo con la vista. Lee el resto de esta entrada

Esencias

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

Cualquier día puede ser 14 de febrero. No importa si es verano o invierno, otoño o primavera. Lo significativo es disfrutar el momento, y entregarse sin miedo.

Las relaciones amorosas deben ser carreras de resistencia, y no de impulsos, aunque a veces las locuras brindan matices especiales. Atrevimientos, versos propios o prestados, guiños de ojos, besos inesperados… pueden cautivar en playas, piscinas, campismos, noches de fiesta o en parques. Esos edenes, con bancos y árboles, son escenarios ideales para improvisar piropos y arriesgarse con ternura, lugares públicamente privados que esconden caricias adolescentes y juramentos de pasión. Lee el resto de esta entrada