Archivo del sitio

El teatro y la vida

El teatro y la vidaPor Yasel Toledo Garnache

Hay  personas  que andan por la vida como en una obra de teatro. Sonríen, elogian y siguen con aparente naturalidad.

Otras asumen personajes de críticos, apuntan con el dedo, dicen «no» y mueven la cabeza hacia los costados. En ocasiones el protagonista es el mismo, aunque en diferentes lugares.

A veces, aplauden, dicen que algo les parece bien, pero luego resaltan lo negativo, le añaden un poco de ficción y hasta ofenden. Constituyen personajes de la realidad, de esos que casi nunca son sinceros, hacen daño y en las reuniones suelen «cuchichear» ciertas «gracias» al de al lado, pero jamás alzan la mano. Lee el resto de esta entrada

Anuncios

La terminal y la muchacha de la licra

Por Yasel Toledo Garnache

transporte, Cuba Los personajes se conocieron en el parque. Caminaron uno al encuentro del otro, atravesando a la multitud como dos cuchillos a la mantequilla.

Ella venía esquivando los asientos. Vestía una licra de flores y una blusa amarilla bastante ajustada, que le resaltaba los senos.

Se sentaron en un banco para hablar hasta que las palabras comenzaron a sobrar. Lee el resto de esta entrada

La manada del Onelio en La Habana

Por ANISLEY TORRES, el animal nocturno

Historia con un narrador, pila de personajes y cualquier cantidad de cambios de personas o memorias recientes de una peculiar manada.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

La vida empieza a correr, un manantial como un río: a veces el cauce sube y otras se queda vacío… con estos versos de Guillén comienzo. Ustedes dirán, ¡qué comemierda! Nada, es que después que se fueron, me entró pasión de ánimos. Bueno, ya saben más o menos (aunque no exactamente) cuánto los extraño). Estoy del carajo. Aquí empieza mi historia:

Arianna la de relaciones públicas, me esperó con un cartel de bienvenida y me acompañó al comedor donde nos encontramos con Yunexis que estaba apertrechada con su plato de arroz blanco, tachinos y jamón en salsa. (casi no comí; pero ella no perdió tiempo, ja, ja). Más tarde nos fuimos las tres al malecón y por cierto, nos perdimos. Las olas estaban… ya saben, así que nos sentamos en una especie de cantero circular a contemplar la noche (y el malecón). Yo ya estaba arrepentida de no haber llevado la botella de vodka… Lee el resto de esta entrada