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Cambalache y el choteo

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

carretera de CubaNi siquiera sé su nombre. Todos lo llamamos Cambalache. Él, lisiado desde su nacimiento, camina con dificultad. Cada cierto tiempo o apenas unos pasos, se detiene para descansar. Balbucea algo o lo dice en voz alta, y sigue. A veces, se sube la pata izquierda del pantalón, y acaricia la hinchazón y el sobrehueso en el tobillo, como para aliviar el dolor. Lee el resto de esta entrada

Del archivo: A ti mujer sin nombre

Munjer sin ropaVarias noches al mes escucho en medio de la madrugada el silbido de tu pecho, o lo imagino. No es molesto oírlo. Al contrario, yo no duermo. El insomnio es mi rutina, y agradezco, pues así puedo dedicarme a observarte cada noche mientras duermes.

Divido tu cuerpo en partes, como si te observara por casillas segmentadas. Detallo cada fragmento; primero tus pies desnudos, blancos y suaves. Luego tus piernas, las diviso en líneas oblicuas y admito que me encanta descubrirlas. Voy subiendo. Una prenda interior, toco e imagino la gema escondida que dibuja la silueta entre tus piernas. Me detengo, recreo mi estancia, quizás hasta inexplicablemente logre quedarme dormido y sueñe o lo haga despierto -como es usual, siempre lo mismo: Tú y yo de manos por un parque, sentados luego bajo un árbol enorme y ramificado, te abrazo y señalo el lago que se esparce ante nosotros, digo algo a tu oído y sonríes. Lee el resto de esta entrada

Errores y cadenas: Otro Chala en Cuba o un muchacho sin nombre

Niño con problemas de conductaA mí antes no me importaba nada. Lo mío era acabar… El mundo se me quedaba chiquitico. Estoy aquí por iniciación en el proxenetismo y porque le llevé un celular a un ruso. Eso siempre me ha gustado. Yo he tenido celulares uhhhh… de to tipo. Pero esa vez metí la pata. Ya el tipo me conocía porque llevábamos tiempo hablando. Le pedí el teléfono pa verlo, me cuadró un mundo y salí corriendo. Por la tarde me fueron buscando a la casa, pero no me cogieron. Ya yo me le había escapado a la policía una vez.

En Guardalavaca, estaba en un cuadre con unos extranjeros, porque eso sí, yo siempre he tenido chamaquitas que son unos manguitos. Pero un viejo ahí se puso de imperfecto, y apareció la poli. Me tuve que meter por unos cuantos pasillos y en un cajón ahí estuve como uno hora hasta que me libré de eso. Lee el resto de esta entrada

Sinvergüenza no es mi nombre, nunca lo será

Por Lisandra Cardoso Montaner, amiga de la Universidad

Después de tanto lío para subir, el chofer me cuestiona.

Después de tanto lío para subir, el chofer me cuestiona.

Día a día las personas nos enfrentamos a muchos obstáculos, algunos no son importantes para ciertos ciudadanos, a quienes no les importa lo que piensen de ellos los demás. Para otros el simple hecho de tropezar con una personalidad diferente a la nuestra es, a veces, un problema. Como lo fue para mí el que alguien me hiciera pasar la pena más grande de mi vida, de mi digna vida de 21 años. ¿Cómo me iba a imaginar que al cumplir con uno de mis derechos de ciudadana podría ser enjuiciada como lo fui? Lee el resto de esta entrada

Un nombre pobre (II)

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

nombre pobreEl preuniversitario fue tu otro castillo. Allí todos te conocían. El primer día todos te vieron, aunque, según comentan, la vocacional de Holguín es tan grande que uno nunca conoce a la totalidad de sus compañeros. Pero tú eras asombrosa. Parecías salida de una revista. ¿Quién no te iba a conocer? Lee el resto de esta entrada

Un nombre pobre

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

Hombre pobreMaría Cristina es tu nombre. María, como María de los Ángeles Santana, María Estuardo o María Félix. Cristina, como Cristina Hoyos, Cristina Aguilera o la Fernández de Argentina. Tus familiares y amigos te llaman Mary. Los extraños, María Cristina García Barnet. ¡Qué importante son los nombres!

La lluvia bañaba las calles holguineras. El portal de la biblioteca era mi refugio. Tú llegaste de repente. Estabas húmeda. La blusa blanca, ceñida al cuerpo, dejaba ver la perfección de tus senos. Aquellas cejas negras, nariz fina como de francesa y rayitos en el pelo me desordenaban el pensamiento. Me miraste, pero de forma fugaz. Te paraste muy cerca de mí. Sentí tu perfume y un frío caliente se apoderó de mi cuerpo.  Lee el resto de esta entrada