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Del archivo: A ti mujer sin nombre

Munjer sin ropaVarias noches al mes escucho en medio de la madrugada el silbido de tu pecho, o lo imagino. No es molesto oírlo. Al contrario, yo no duermo. El insomnio es mi rutina, y agradezco, pues así puedo dedicarme a observarte cada noche mientras duermes.

Divido tu cuerpo en partes, como si te observara por casillas segmentadas. Detallo cada fragmento; primero tus pies desnudos, blancos y suaves. Luego tus piernas, las diviso en líneas oblicuas y admito que me encanta descubrirlas. Voy subiendo. Una prenda interior, toco e imagino la gema escondida que dibuja la silueta entre tus piernas. Me detengo, recreo mi estancia, quizás hasta inexplicablemente logre quedarme dormido y sueñe o lo haga despierto -como es usual, siempre lo mismo: Tú y yo de manos por un parque, sentados luego bajo un árbol enorme y ramificado, te abrazo y señalo el lago que se esparce ante nosotros, digo algo a tu oído y sonríes. Lee el resto de esta entrada

A ti, mujer sin nombre

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

Mujer sobre la camaVarias noches al mes escucho en medio de la madrugada el silbido de tu pecho, o lo imagino. No es molesto oírlo. Al contrario, yo no duermo. El insomnio es mi rutina, y agradezco, pues así puedo dedicarme a observarte cada noche mientras duermes.

Divido tu cuerpo en partes, como si te observara por casillas segmentadas. Detallo cada fragmento; primero tus pies desnudos, blancos y suaves. Luego tus piernas, las diviso en líneas oblicuas y admito que me encanta descubrirlas. Voy subiendo. Una prenda interior, toco e imagino la gema escondida que dibuja la silueta entre tus piernas. Me detengo, recreo mi estancia, quizás hasta inexplicablemente logre quedarme dormido y sueñe o lo haga despierto -como es usual, siempre lo mismo: Tú y yo de manos por un parque, sentados luego bajo un árbol enorme y ramificado, te abrazo y señalo el lago que se esparce ante nosotros, digo algo a tu oído y sonríes. Lee el resto de esta entrada

Sexualidad y relaciones de pareja en la Universidad de Holguín (I)

Por Enrique Betancourt, Naidy Verdecia, Ania Mulet y Claudia Arias

Dormitorio de la Universidad de Holguín.

Dormitorio de la Universidad de Holguín.

“¿La solución más común? Irse para los marabuzales, las aulas, las cátedras, sobre todo cuando las muchachitas estaban con los profesores. Cuentan que una noche, cerca de las doce, venían dos parejas de un montecito; escucharon un ruido y un guajiro que decía: ¡Coño, a esa maldita yo la mato! Uno de los muchachos soltó la mano de su novia y salió corriendo. Y resulta que aquel hombre andaba con una yegua que no quería caminar”, rememora sus tiempos del pre Enrique Betancourt, estudiante de periodismo, mientras se burla de la cobardía del antiguo compañero. Lee el resto de esta entrada

La película Conducta y la otra parte de Cuba

Por Rodolfo Romero Reyes

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Son las 12 de la noche. Hace poco más de tres horas que salí del cine y ahora tengo que escribir. Sé de antemano que con este título y sin ser yo experto en crítica cinematográfica, estas líneas se perderán en un mar de artículos que se publicarán en la web a partir del estreno en Cuba de la película Conducta. Aun así, no importa, yo debo escribir.

Debo hacerlo porque desde hace 4 años, desde que me gradué de periodismo, he tenido el placer de conocer bastante bien a 6, 12, 17… 9… ¡44 en total! adolescentes que son como Chala. Quizás por eso algunos amigos me escribieron al móvil, al email, y me insistieron en que fuera de una vez y por todas al cine. Fui hoy, con mi novia que también es del proyecto Escaramujo. El cine Acapulco se me hizo un lugar incómodo y a la vez acogedor. Lee el resto de esta entrada

Desnudez

Entonces mi hijo me grita y me lanza uno de los cuadros de la sala. Lo esquivo y el cuadro se rompe contra la pared, junto a la mesita de noche. Él dice que me marche, que ya no soy su padre y no debo hacer nada en esta casa, manchando de manera tan baja la memoria de su madre, y yo no le respondo, siquiera le miro al rostro. No puedo y muero de vergüenza cuando pienso en la manera en que nos sorprendió. Lee el resto de esta entrada

Noche de grabación

     


Por Erian Peña Pupo, colega de la Universidad de Holguín

Un señor subió a regañarnos. Y no jugábamos con el carro fúnebre, ni con las rosas del camposanto. Mucho menos rayábamos la tumba del mártir de aquel lugar. Aquí no hay rosas, ni esto es un cementerio. Aunque la mirada del fundador nos observe desde una reproducción de mal gusto en la pared. De saco y corbata, con el micrófono en la mano. Micrófonos de los años 50. Y el cuadro observa. Pero no habla. Quizá antes habló, pero la ausencia de los años terminó por callarlo. Lee el resto de esta entrada