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Dudas y el futuro profesional (Caricaturas)

que estudiar

Tomado de Psicología. La guía.

Por Yasel Toledo Garnache

Lía está en duodécimo grado, a unos pasos de los exámenes para decidir su futuro profesional, y todavía no sabe cuáles son sus carreras preferidas. Un día menciona algunas ingenierías, y el próximo otras opciones completamente contrarias. Los familiares en casa ya muestran cierto nerviosismo y tampoco poseen suficientes elementos para aconsejarla.

Viviana cursa el primer año en la universidad, entre letras y redacciones, pero ha descubierto que eso no es lo suyo, porque “esto no es lo que yo pensaba, nunca me explicaron bien.” Lee el resto de esta entrada

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Del archivo: Aquel día de nerviosismo y hospital (Fotos)

Por Yasel Toledo Garnache

Iba con el temor a llegar tarde. No estuve en su primera operación, hace cinco años. Debía acompañarla ahora, de lo contrario yo mismo no me lo perdonaría. La imaginaba llorosa ante la puerta del salón. Nuestra madre estaría a su lado -Ella siempre está.

El camión se demoraba. El nerviosismo corría por mis venas para sembrar miedo. No podía hacer nada, sólo esperar que los kilómetros pasaran y el tiempo se detuviera, que existiera un retraso en el hospital para poder estar unos minutos con mi hermana, para que pudiera abrazarla antes de ese momento. Lee el resto de esta entrada

Los diez pesos de la discordia

Camión“¡Dame los 10 pesos!”, vociferaba el machacante, un hombre alto y flaco con una gorra negra y pulóver ajustado. “Ya te pagué”, repetía el señor en la esquina, quien pasaba de los 50 años de edad y se tocaba, una y otra vez, ambas patas del espejuelo, como muestra de nerviosismo.

Poco a poco, subían los tonos de voces. Los demás pasajeros permanecían en silencio. “¡Los 10, o te bajas!, porque aquí mando yo”, dijo el de la gorra, y abrió la puerta. Los gestos se volvían más amenazantes. Lee el resto de esta entrada

Aquel día de nerviosismo y hospital

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

Yasel Toledo GarnacheIba con el temor a llegar tarde. No estuve en su primera operación, hace cinco años. Debía acompañarla ahora, de lo contrario yo mismo no me lo perdonaría. La imaginaba llorosa ante la puerta del salón. Nuestra madre estaría a su lado -Ella siempre está.

El camión se demoraba. El nerviosismo corría por mis venas para sembrar miedo. No podía hacer nada, sólo esperar que los kilómetros pasaran y el tiempo se detuviera, que existiera un retraso en el hospital para poder estar unos minutos con mi hermana, para que pudiera abrazarla antes de ese momento.

Aquel infierno rodante me desesperaba. Miraba hacia fuera, luego a compañeros de viaje. Me detenía en rostros serios, con aparente tristeza. Deseaba que todos se callaran, que el silencio fuera ley. Por fin llegué a Manzanillo, en Granma. Lee el resto de esta entrada