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Del archivo: La muchacha de la memoria flash

Por Yasel Toledo Garnache

Percibí que ella me miraba con insistencia y hasta respondí con los ojos y leves gestos. La muchacha, de cuerpo bien formado y pelo largo, puso su silla cerca de la mía, y me hizo varias interrogantes. Respondí y hasta riposté, dispuesto a convertirme en cazador.

La gente a nuestro alrededor seguía en lo suyo. Ella dijo que debía salir a buscar algo en una memoria flash. Y la seguí. Lee el resto de esta entrada

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La terminal y la muchacha de la licra

Por Yasel Toledo Garnache

transporte, Cuba Los personajes se conocieron en el parque. Caminaron uno al encuentro del otro, atravesando a la multitud como dos cuchillos a la mantequilla.

Ella venía esquivando los asientos. Vestía una licra de flores y una blusa amarilla bastante ajustada, que le resaltaba los senos.

Se sentaron en un banco para hablar hasta que las palabras comenzaron a sobrar. Lee el resto de esta entrada

La muchacha de la memoria flash

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

Besos, hombre y mujerPercibí que ella me miraba con insistencia y hasta respondí con los ojos y leves gestos. La muchacha, de cuerpo bien formado y pelo largo, puso su silla cerca de la mía, y me hizo varias interrogantes. Respondí y hasta riposté, dispuesto a convertirme en cazador.

La gente a nuestro alrededor seguía en lo suyo. Ella dijo que debía salir a buscar algo en una memoria flash. Y la seguí. Le hice la pregunta prohibida, al menos cuando uno anda en planes de conquistas, tal vez por mi falta de experiencia en estas escaramuzas. Y ella me respondió que no, no tenía novio, sin embargo “tampoco estoy sola”, y sonrío de una manera que entendí muy bien Lee el resto de esta entrada

La muchacha de Ricardo

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

Ricardo la mira con cierto asombro, no está acostumbrado a
tanta belleza, a cuerpos tan monumentales. Ella tiene una
sonrisa hechizante. Camina por todo el pasillo. Sabe que
es el centro de atención, blanco de miradas y piropos.
¡Qué sensualidad! Los hombres a su alrededor parecen
embobecidos, no pestañean, no hablan de algo más, sólo de
sus caderas, de sus labios, de los rayitos en el pelo, de
su elegancia.
Va hacia Ricar, quien no sabe qué hacer. Piensa en huir,
en entrar al aula o refugiarse en el grupo de estudiantes,
que conversan un poco más atrás, pero Lee el resto de esta entrada