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Gibara: andando y desandando un Festival

Por: Erian Peña Pupo

Costa de GíbaraGibara olía a mar, a salitre que se pegaba en el cuerpo. Habíamos arribado temprano en la mañana para no perdernos el suceso cultural del que tanto se hablaba. El viaje no fue cómodo, pero llegamos rápido a la villa. Se habla muy poco o no se habla en un camión. Ya lo había advertido el chofer al llevar escasos pasajeros: Gibara está tan pobre como el cine.

Fuimos recibidos por las mismas curvas, el mar tragándose la carretera y los pescadores asaltando con sus botes y redes la bahía. Todos en esos días queríamos probar los productos del mar, por eso los pescadores seguían, optimistas, metidos hasta el pecho en el agua, quemándose su ya curtido cuerpo por causa del mar y el sol. Ni el Malecón había cambiado nada. Continuaba tranquilo, perfecto para confesiones románticas y hasta parecía estar más deteriorado que nunca. Lee el resto de esta entrada