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Debilidad de mortales

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

Reflejo, de Darwin AlbertiA veces, el reencuentro implica reflexión, comparaciones indeseadas, dañinas, fuentes de duda. A veces, uno odia al reencuentro, lo culpa, lo oscurece, intenta apuñalearlo, borrar sus imágenes, pero no puede, no muere, quizá porque las gotas de sangre se adhieren con sutileza para recordar que somos mortales, débiles, incapaces de olvidar lo más dañino, lo que retumba en la cabeza hasta impedir el sueño, la tranquilidad. Lee el resto de esta entrada

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Cabeza de elefante

ancianoPor Erian Peña, colega de la Universidad
Observé al anciano sentado a mi lado. Rozaba los ochenta años, aunque quizá tuviera menos. La calvicie (en contraste con una amplia barba, que entre blanco y amarillo cobrizo cubría casi todo su rostro) y la faz gorda y enferma que exaltaba los pómulos, podían atribuirle más edad. Tampoco me importaba conocer los años del primer viejo que se siente a mi lado en un ómnibus urbano, pero apostaría que se acercaba a los ochenta. O estaba realmente demacrado, que era, por su aspecto mendigo y harapiento, lo más probable en este caso. Lee el resto de esta entrada

Mi soledad

Por Yasel Toledo Garnache

quijoteCamino sin pensamientos en la mente, voy hacia cualquier dirección, a cualquier esquina, parque, a cualquier rincón de la ciudad. Nada me importa. La tristeza me golpea las entrañas, derrumba monumentos, paradigmas. Quizá deba contarles por qué estoy tan mal, pero no sé si sienta la suficiente confianza. Veremos qué sucede.

Decenas de rostros me pasan por el lado, escucho voces, palabras que no distingo con claridad. Oigo el sonido de carros, el de una moto que me atormenta, me retumba en la cabeza y me molesta más. Ni miro hacia dónde se origina ese maldito ruido. Camino por inercia, mis pies se mueven, y ni sé si eso es lo que quiero. Aquí voy. Maldigo todo: al bullicio, a la gente, a los carros, la moto, la acera, a mí mismo, a todo. Lee el resto de esta entrada

Venganza

Por YASEL TOLEDO GARNACHE
Machete asesinoMe mataron a machetazos. El primero me rajó el pecho en dos, el segundo me arrancó la cabeza y el tercero me picó por la cintura, ahora recibo otros en los brazos, en la barriga, en las piernas, en las costillas, en la espalda, en todas partes. Mi cuerpo se tambaleó con los primeros tajazos, pero en estos momentos, no se mueve, no sangra, ya expulsó todo su líquido interno, no parecen importarle los golpes. El asesino parece molesto, inconforme, quizá porque no gemí, no grité. Sólo se sintió un sonido leve, un chillido casi inexistente, y el crujir de mi carne atravesada.

No le basta. Me cae a piñazos, a patadas, me escupe la cara. Con una piedra, me machaca la nariz, los dedos y hasta los cojones. Ni siquiera puedo verle el rostro, porque ya no tengo ojos, uno de los machetazos me los sacó. Lee el resto de esta entrada

Reencuentro

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

 

Los reencuentros pueden ser tormenta de sensaciones

Los reencuentros pueden ser tormenta de sensaciones

A veces, el reencuentro implica reflexión, comparaciones indeseadas, dañinas, fuentes de duda. A veces, uno odia al reencuentro, lo culpa, lo oscurece, intenta apuñalearlo, borrar sus imágenes, pero no puede, no muere, quizá porque las gotas de sangre se adhieren con sutileza para recordar que somos mortales, débiles, incapaces de olvidar lo más dañino, lo que retumba en la cabeza hasta impedir el sueño, la tranquilidad.

El reencuentro no tiene sitio fijo, predilecto, tampoco malvado, aborrecible. No siempre es carnal, ni siquiera elocutivo. Aceras, paradas de guagua, viajes cortos, parques, playas, suelen acompañarlo de sorpresa, de alegría, un amigo me dice que también de arrepentimiento. Lee el resto de esta entrada