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La belleza de compartir

Niños alegres

Por Yasel Toledo Garnache

Maritza le dice a su hijo que coma el dulce lo más rápido posible, antes de la llegada de sus amiguitos; lo mira de forma persistente con la expresión en sus ojos de “¡acábalo ya!”, y él la obedece sentado en una silla pequeña en la cocina.

Leodanis y Angie María, padres de dos mellizos, les dan merienda cuando están ellos solos, porque “la cosa está demasiado mala como para compartir los alimentos que tanto gustan a los pequeños”. Lee el resto de esta entrada

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Crónica de una damisela nocturna

Por Ania Mulet Fernández, amiga de la Universidad

Mujer desnudaA la belleza no se le puede decir que llegue pronto. El que sea afortunado y la tenga, debe guardarla todo el tiempo que pueda pues para muchos constituye su única riqueza.

“El amor es terrible. He visto a mis amigas sufrir y no quise que esto me sucediera. Antes reían de mi inocencia y ahora me preguntan cómo consigo dominar a los hombres tan bien. Callo porque sé que el remedio es peor que el propio dolor: no me enamoro. Cada día me percato de lo frágiles que son los hombres, inconstantes, inseguros. Pero sí, sufrí por el amor y aunque aún sufra por su causa, veo que aquellos que tocaron mi alma no consiguieron despertar mi cuerpo y quienes tocaron mi cuerpo no consiguieron llegar a mi alma”.1 Lee el resto de esta entrada

De vuelta

Estuve hundido en mi Media Luna, especie de Macondo cubano, durante algo más de un mes. Desde allí me resultó imposible acceder a este blog o a cualquier otro espacio de Internet. Ya estoy de regreso y con muchos deseos de seguir compartiendo ideas, emociones… Ojalá los lectores asiduos de MiraJoven no se hayan marchado. Ojalá esta sea una bitácora para amigos, soñadores, buscadores eternos de la belleza… Un abrazo

La Criollita (I)

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

piroposEl vestido blanco me deja ver su ombligo, los senos, las nalgas, el blúmer de encajes. ¡Qué belleza! Estoy loco por arrancarle la tela, besarle todo el cuerpo y hacerla gemir. La desnudez la vestiría mejor.

Venía a la hora menos aconsejable para el negocio. Simulaba ser del campo, pero no lograba esconder su aspecto citadino. El Pola intentó meterle mano enseguida, pero a la hora de la verdad se acobardó. No lo creíamos, porque estaba buenísima. Era una criollita que cualquiera se la comería sin sal ni na’: caderúa, con un culo gigantesco, una geta de película y unos rayitos en el pelo que le quedaban escapa’ o. Lee el resto de esta entrada

Amor

El amor o la soledad invitan al desahogo. Aquí van algunos
versos.

Una palabra

En tus ojos veo la felicidad
claro, tu belleza ayuda,
pero no sólo esa belleza física
que me quita el aliento y me tiende boca arriba,
sino la magnitud de tu interior, de tus sonrisas.
Felicidad de milenios la que siento.
¿Quién vive así,
y Lee el resto de esta entrada