Archivo de la categoría: Cuentos

Novato en La Habana

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

EscritorOrlando no sabe qué hacer. Se sienta en un banco. Mira los edificios a su alrededor. Siente el trino de pájaros en los árboles del parque. Escucha la conversación de dos jóvenes sobre las pésimas condiciones del lugar donde viven, y lo caro del alquiler. Sonríe.

El lugar estaba oscuro. Parecía una cueva sin rocas. Sólo había dos sillas, una mesa y cierta cama personal, con un colchón casi inexistente. El polvo dificultaba la respiración. Aquel cuarto parecía un palomar. Estaba en un segundo piso y no había espacio ni para sueños.

Orlando no imaginaba eso. Él venía del campo, con cientos de anhelos. Lo único que le agradaba de la habitación era esa vieja máquina de garabatear. Quería ser escritor.  Dejaba atrás la vida de huertas, ríos, lomas. Su mente era de intelectual. Lee el resto de esta entrada

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Los zapatos de Marta

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

ZAPATOSEl olor a sexo rebota en las paredes, por eso Rodolfo no puede más. El recuerdo de aquel cuerpo campanario gravita en el ambiente. Allí están la misma cama, las mismas sábanas, el mismo aroma a cuerpos sudorosos que no puede olvidar.

Rodolfo trabajaba como mulo para darle comodidades a su esposa Marta. Llenaba morral tras morral, y los demás cafeteros comentaban que él recogía más granos que todos ellos juntos. Eso sí tenía él, era un animal para el trabajo. Nunca paraba al mediodía para alimentarse. Algunos ya decían que se tomaba su propio sudor y se comía  las hojas más grandes de las plantaciones, jamás el café porque entonces sería menos para recoger.

Sentado sobre un taburete en la sala de su bohío tiene los ojos llorosos. Sólo Osmar, amigo desde la infancia y confidente en momentos difíciles, sabe lo que le pasa.

— ¡Vamos a hablar!  ¡No seas bruto carajo! Lee el resto de esta entrada

El Viaje

Por Lilian Ferias Pérez, colega de la Universidad de Holguín

Otra vez lo mismo, llegar a la terminal, lidiar con la multitud y con los ruidos. Si no fuera porque necesito ir a mi casa, que va, ni remotamente viniera.  A ver que carro irá para Banes,  me acerco a ese señor que vocifera Mayarí, Banes, Sagua, Moa, para saber cuál es el que camión que me sacará rápido de aquí.  Lee el resto de esta entrada

En los 60

Yo debí haber vivido en los 60, le dije a Claudia quitándome la camisa, mientras escuchaba el primer tema de Janis Joplin en el pequeño reproductor de pilas que había traído.

Ella me besó y sentí un suave sabor a ron, un deseo incontrolable de seguir quitándole la blusa tan despacio como lo estaba haciendo. Y de que ella acabara de bajarme el pantalón, que se resistía en la hebilla del cinto. Lee el resto de esta entrada

Un nombre pobre (III)

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

TristezaMuchos imaginábamos cómo sería tu boda, pensábamos que resultaría un suceso gigantesco, todo importado; menos la iglesia, claro.

Algún día te casarías. Pretendientes no te faltaban. Ojalá yo fuera el elegido. Sabía que te caía bien, pero ese maldito nombre con apellidos tan ordinarios: Eliakim Pérez Rodríguez, era un obstáculo demasiado visible, mi vida tampoco era demasiado glamourosa, no podía invitarte a sitios elegantes, era un tipo común, sin ninguna comodidad. Lee el resto de esta entrada

Un nombre pobre (II)

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

nombre pobreEl preuniversitario fue tu otro castillo. Allí todos te conocían. El primer día todos te vieron, aunque, según comentan, la vocacional de Holguín es tan grande que uno nunca conoce a la totalidad de sus compañeros. Pero tú eras asombrosa. Parecías salida de una revista. ¿Quién no te iba a conocer? Lee el resto de esta entrada

Un nombre pobre

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

Hombre pobreMaría Cristina es tu nombre. María, como María de los Ángeles Santana, María Estuardo o María Félix. Cristina, como Cristina Hoyos, Cristina Aguilera o la Fernández de Argentina. Tus familiares y amigos te llaman Mary. Los extraños, María Cristina García Barnet. ¡Qué importante son los nombres!

La lluvia bañaba las calles holguineras. El portal de la biblioteca era mi refugio. Tú llegaste de repente. Estabas húmeda. La blusa blanca, ceñida al cuerpo, dejaba ver la perfección de tus senos. Aquellas cejas negras, nariz fina como de francesa y rayitos en el pelo me desordenaban el pensamiento. Me miraste, pero de forma fugaz. Te paraste muy cerca de mí. Sentí tu perfume y un frío caliente se apoderó de mi cuerpo.  Lee el resto de esta entrada

Charles Bukowski: Se busca una mujer

Bukowski fue el más sucio de realistas. Aquí va otro de sus cuentos.

SE BUSCA UNA MUJER

Edna bajaba por la calle con su bolsa de la compra, cuando pasó a la altura del automóvil. Había algo escrito en la ventanilla lateral: SE BUSCA UNA MUJER. Se paró. Era un cartón pegado a la ventanilla, con alguna especie de anuncio. En su mayor parte estaba escrito a móquina. Edna no podóa leerlo desde el lugar de la acera en que se encontraba. Sólo podía ver las letras grandes: SE BUSCA UNA MUJER. Lee el resto de esta entrada

El barco ebrio: DEJE DE MIRARME LAS TETAS,SEÑOR

Barco de poesía y creación.

Barco de poesía y creación.

El barco ebrio vuelve a CHARLES BUKOWSKI. Lo invita a que “Deje de mirarme las tetas”.
Me surge una duda: ¿Ustedes imaginan que todos, hombres y mujeres, tuviéramos tetas? Sería demasiado raro el mundo. ¿Quién le daría de mamar a los hijos? ¿Imaginan que algún hombre fuera más tetudo que la novia? No sigo con esto. Mejor lean a BUKOWSKI.

Big Bart era el tío más salvaje del Oeste. Tenía la pistola más veloz del Oeste, y se había follado la mayor variedad de mujeres que cualquier otro tío en el Oeste. No era aficionado a bañarse, ni a la mierda de toro, ni a discutir, ni a ser un segundón. También era guía de una caravana de emigrantes, y no había otro hombre de su edad que hubiese matado más indios, o follado más mujeres, o matado más hombres blancos. Lee el resto de esta entrada