La novela contra Cuba y su alma rebelde (+ Fotos, videos, tuits y memes)

Cuba es blanco constante de artimañas en espacios físicos y virtuales.

Por Yasel Toledo Garnache

Los años 2020 y 2021 han tenido matices singulares para toda la humanidad y particularmente para Cuba. La Covid-19 apaga corazones en gran parte del planeta, pone en crisis economías y borra o retrasa sueños. Muchas personas sienten pánico ante las muertes cercanas y la posibilidad de perder sus vidas. Quienes hemos sufrido esta etapa de nasobucos, cloro y gel antibacterial en las manos, de temores y caretas protectoras,… jamás lo olvidaremos. Al menos los jóvenes de hoy nunca habíamos visto una pandemia de tal magnitud. Y asusta, claro que asusta, sobre todo al principio.

En este contexto tan difícil, cuando el Estado cubano realiza grandes esfuerzos a favor de la supervivencia, cuando ha mantenido al ser humano en el centro de sus esfuerzos, se incrementan las provocaciones, campañas mediáticas y acciones en contra de la nación y sus esencias. Cada decisión de nuestro Gobierno parece mirada con una lupa que tergiversa y pretende crear desconfianza y malestar colectivo. La novela de acciones de EE.UU. crece. A estas alturas, su guion es largo y predecible, siempre detestable.

Simulaciones de huelgas de hambre, aumento de la agresividad en redes sociales y estrategias a nivel internacional, hechos en espacios físicos, canciones e intentos de fortalecimiento de una supuesta oposición dentro del país, se conjugan como parte de una obra enorme escrita desde afuera.

Es fácil percibir la aspiración de dividir, de impulsar conflictos, de separar incluso a personas nacidas en fechas similares, con los mismos códigos y sueños. Hay shows, supuestos movimientos por el “cambio”, intentos de revisión crítica de la historia reciente. Algunos están con los ojos bien abiertos cazando cualquier oportunidad para lanzar sus espinas.

A veces, hasta molesta que se crean con el derecho de representar a toda una generación, de hablar como si la suya fuera una verdad única. Es obvio que se quiere lograr una fractura total entre los artistas, el sistema institucional y la obra revolucionaria, como parte de una estrategia que pretende socavar el corazón mismo de la nación.

Varios han dicho que la “Revolución terminó demasiado pronto”. Algunos ubican ese fin en la década de los años setenta, unos en el Período Especial, y otros lo hicieron en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos en 2017. Tal vez haya quien pensó en otra teoría del fin relacionada con la Covid-19, cuando aseguraban que el país no sobreviviría a esa situación.

Ciertamente, no parece lógico aceptar ninguna de estas variantes. Tal vez el Período Especial fue una de las etapas en la que más se demostró la fuerza y capacidad de resistencia de la Revolución y sus hijos, que tuvieron que afrontar cambios tremendos y encontrar alternativas casi de leyenda. El restablecimiento de las relaciones diplomáticas con EE.UU. confirmó la voluntad de diálogo, incluso con el enemigo más grande de Cuba y su pueblo. Y en esta etapa de pandemia, otra vez ha resaltado la capacidad para seguir adelante, sin olvidar las esencias. Desde muchas partes del mundo millones de ojos miran con asombro a este pequeño archipiélago, con una fuerza e inteligencia sin dimensiones, que le permite, por ejemplo, tener cinco candidatos vacunales contra la Covid-19.

PALABRAS A LOS INTELECTUALES, 60 AÑOS DESPUÉS

Lo mejor es leer completamente la intervención de Fidel aquel 30 de junio de 1960.

En este contexto, se ha tratado de enarbolar una supuesta falta de comunicación entre los artistas, las instituciones y sus dirigentes. Algunos intentan oscurecer los encuentros realizados entre el líder histórico de la Revolución, Fidel Castro, y creadores, en junio de 1961, en la Biblioteca Nacional, cuando el diálogo, la conciencia crítica y la profundidad reflexiva fueron bases para seguir soñando un proyecto enorme, eminentemente cultural, que sigue vivo, gracias, en gran medida, a la vanguardia intelectual cubana y su compromiso social.

A los más jóvenes nos llegan escenas aisladas de aquellos intercambios, pero indiscutiblemente lo mejor es sumergirnos en el documento, en todas sus ideas, sin repeticiones ni aprehensiones simples de oraciones.

El 16, 23 y 30 de aquel junio, referentes de la cultura cubana, como Nicolás Guillén, Alfredo Guevara, Lisandro Otero, Roberto Fernández Retamar, Lezama Lima, Alejo Carpentier, Virgilio Piñera, Graziella Pogolotti y Miguel Barnet, quien apenas tenía veintiún años de edad, dialogaron con el hombre vestido de uniforme verde olivo, el barbudo llegado de la Sierra Maestra, el mismo que lideró a los rebeldes hacia el triunfo sobre un ejército muy superior, pero que también era un ser humano de pensamiento elevado y sensibilidad artístico-literaria. Estuvieron presentes también otros, incluidos Osvaldo Dorticós, Raúl Roa, Carlos Rafael Rodríguez y Armando Hart.

En su artículo Cuando se abrieron las ventanas de la imaginación, Otero expresa que Dorticós pronunció las palabras introductorias al debate, cuando manifestó que la cultura, con todos sus cauces y matices, debía servir al pueblo, una idea reiterada después por Fidel.

Todo sucedía en situaciones muy complejas. Ya había ocurrido la invasión de mercenarios por Playa Girón, bandas armadas operaban en montañas del país asesinando a campesinos y maestros de la Campaña de Alfabetización. Reinaba una hostilidad muy clara de EE.UU. hacia Cuba, y también inconformidades internas de quienes en el pasado poseían la mayor cantidad de los recursos, abusaban del pueblo y no compartían la declaración del carácter socialista de la Revolución.

La razón aparente del encuentro fue la prohibición del documental P.M. (Pasado Meridiano) por la dirección del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, pero verdaderamente la disyuntiva solo reafirmó la necesidad de un intercambio de opiniones y visiones acerca de la creación y la función de la cultura en el nuevo panorama.

Si vemos hoy aquel audiovisual, de Alberto Cabrera Infante, Sabá, —hermano del escritor Guillermo Cabrera Infante— y Orlando Jiménez Leal, con duración de apenas catorce minutos, que reflejaba la vida nocturna de bares habaneros, nos parecería casi increíble su efecto en aquel momento.

El propio Otero, aseguró: “Si este documental se hubiese rodado en otro instante de la historia habría sido olvidado a la semana siguiente, pero nació en una hora de enfrentamiento de camarillas. La película pasó por televisión, pero fue vista con objeciones en el Instituto del Cine. La acusaban de escamotear la presencia de milicianos, de obreros, de maestros alfabetizadores en la imagen que se ofrecía del pueblo; quienes aparecían en las diversiones nocturnas eran marginales, lumpens. Mostrar una parte de la verdad, decían, era una forma de mentir sobre la realidad cubana”.

De Palabras a los intelectuales, muchos suelen mencionar solo la frase “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”. ¿Qué significa esa expresión? ¿Acaso es recomendable mencionarla de manera individual? ¿Cuánto más dijo Fidel en aquella ocasión?

Recordemos el párrafo anterior y el que la contiene:

“…La Revolución tiene que comprender esa realidad, y por lo tanto debe actuar de manera que todo ese sector de los artistas y de los intelectuales que no sean genuinamente revolucionarios, encuentren que dentro de la Revolución tienen un campo para trabajar y para crear; y que su espíritu creador, aun cuando no sean escritores o artistas revolucionarios, tiene oportunidad y tiene libertad para expresarse. Es decir, dentro de la Revolución. 

“Esto significa que, dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada. Contra la Revolución nada, porque la Revolución tiene también sus derechos; y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir. Y frente al derecho de la Revolución de ser y de existir, nadie —por cuanto la Revolución comprende los intereses del pueblo, por cuanto la Revolución significa los intereses de la nación entera—, nadie puede alegar con razón un derecho contra ella. Creo que esto es bien claro”. 

El líder aclaró que incluso quienes no fueran genuinamente revolucionarios podían trabajar, crear y expresarse dentro de la Revolución, pero a la vez ningún interés personal podía ser superior al de toda una nación y un proyecto que ya había fundado importantes instituciones para el desarrollo cultural.

Más adelante reforzó la idea de la inclusión:

“La Revolución no puede renunciar a que todos los hombres y mujeres honestos, sean o no escritores o artistas, marchen junto a ella; la Revolución debe aspirar a que todo el que tenga dudas se convierta en revolucionario. (…) La Revolución solo debe renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios, que sean incorregiblemente contrarrevolucionarios”.

Precisamos que varias de esas ideas recibieron el aplauso de los asistentes, un mensaje de apoyo y confianza, construido en las diferentes partes del diálogo.

Fidel enfatizó en la libertad no solo artística, sino general:

“Permítanme decirles en primer lugar que la Revolución defiende la libertad, que la Revolución ha traído al país una suma muy grande de libertades, que la Revolución no puede ser por esencia enemiga de las libertades; que si la preocupación de alguno es que la Revolución vaya a asfixiar su espíritu creador, que esa preocupación es innecesaria, que esa preocupación no tiene razón de ser.

“La Revolución no puede pretender asfixiar el arte o la cultura cuando una de las metas y uno de los propósitos fundamentales de la Revolución es desarrollar el arte y la cultura, precisamente para que el arte y la cultura lleguen a ser un patrimonio real del pueblo”.

En medio de muchas dificultades, Fidel reafirmaba la importancia que le concedía a lo artístico y espiritual, por eso el afán de limar asperezas. Él también manifestó:

“Es cierto que aquí se está discutiendo un problema que no es un problema sencillo. Es cierto que todos nosotros tenemos el deber de analizarlo cuidadosamente. Esto es una obligación tanto de ustedes como de nosotros. No es un problema sencillo, puesto que es un problema que se ha planteado muchas veces y se ha planteado en todas las revoluciones”.

Habló también de sueños que se concretaron luego, como la creación de academias y la formación de instructores de teatro, música, baile que enseñaran en ciudades y zonas rurales, en escuelas y cooperativas.

Y añadió: “…Mas la Revolución no pide sacrificios de genios creadores. Al contrario, la Revolución dice: pongan ese espíritu creador al servicio de esta obra…”.

Cincuentaiocho años después, exactamente el 30 de junio de 2019, en la clausura del IX Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, Miguel Díaz-Canel, actual Presidente de la República, habló también desde la profundidad y el compromiso creativo. Nos atrevemos a resaltar que su discurso lo confirmó como hombre de pensamiento y arte, como político con una claridad meridiana y sensibilidad de luz.

Al escucharlo, resultaba casi imposible no recordar las consideraciones de Fidel. Ese domingo de 2019, en la sala 3 del Palacio de Convenciones de La Habana, se escucharon varios aplausos, frases de apoyo y una expresión muy particular: “¡Segunda parte!”, “¡Segunda parte!”…

Escritores y artistas presentes lo comentaron luego también en los pasillos: “Esta fue la continuidad de aquella intervención de Fidel, plataforma de la política cultural del país”. Verdaderamente Díaz-Canel denunció y analizó, con mucho valor y precisión, problemas y retos fundamentales relacionados con la cultura en la actualidad, pero sobre todo destacó la necesidad del trabajo y la construcción en conjunto para enfrentar los nuevos desafíos.

La lectura de ambos documentos, el de 1961 y el de 2019, revela puntos de contacto en el enfoque de las ideas, concepción socialista e interés en impulsar el desarrollo cultural de la nación, a favor de los autores y el pueblo, situando al ser humano en el centro de los sueños.

Y el análisis más reciente es, efectivamente, continuidad, porque incluye valoraciones sobre el funcionamiento del sistema de instituciones, impulsado precisamente luego de aquel discurso de Fidel, y porque en esencia mantiene los mismos objetivos, pero en contextos diferentes. Algunos de los intelectuales presentes hace cincuentaiocho años, también estaban en la ocasión más reciente, incluido Miguel Barnet, quien entregó la presidencia de la UNEAC al joven Luis Morlote, realizador radial y televisivo, Premio Nacional de Periodismo Cultural, con una trayectoria admirable a favor de la cultura en el país, que recibió la inmensa mayoría de los votos.

Palabras a los intelectuales es, indiscutiblemente, un texto con vida. Pero la Cuba de hoy necesita actualizar permanentemente su política cultural, con apego a su alma más pura, en un entorno diferente con influencias del mundo digital, a veces convertido en selva, y nuevos actores sociales, algunos de los cuales privilegian la comercialización por encima de cualquier elemento de calidad artística o cuando la batalla, en lo simbólico, adquiere dimensiones muy superiores a las de hace seis décadas.

El propio Díaz-Canel lo dijo: “En el Congreso se ha hablado varias veces de las Palabras a los intelectuales. No concibo a un artista, a un intelectual, a un creador cubano, que no conozca aquellas palabras, a un dirigente que prescinda de sus principios. Siempre me ha preocupado que de aquellas palabras extraigan un par de frases y se enarbolen como consignas. Exigen una interpretación contextualizada. Fidel planteó un punto de partida, la relación entre vanguardia artística y pueblo. Hoy tenemos que traer sus conceptos a nuestros días”.

Cuando uno lee o escucha los planteamientos realizados a lo largo del amplio proceso de reflexiones y debates en todas las provincias como parte de ese cónclave, percibe la hondura de los análisis y el propósito de aportar a la sociedad y al país, más allá de una organización, algo que deberá distinguir siempre a las vanguardias artísticas e intelectuales de cualquier generación.

El discurso de clausura, pronunciado por Díaz-Canel, debe ser guía permanente para los dirigentes de todos los sectores y para los trabajadores de las instituciones culturales, para creadores y cualquier ciudadano relacionado con la vida artística, literaria e intelectual.

Los aplausos fueron más numerosos por la capacidad del mandatario para hablar de las diferentes problemáticas, con mezcla de belleza formal y verbo directo, adjetivos exactos y análisis profundos.

Refirió la pertinencia de una labor conjunta para perfeccionar el proyecto cultural del país, de manera que irradie más en todas las direcciones. Mencionó anhelos generales y aspectos específicos sobre los artistas, y también las funciones y el compromiso de las empresas y las instituciones con ellos.

Alertó que debemos estar “atentos a los que ponen por delante el mercado y no la cultura, el egoísmo sin compromiso social…”. Y aseguró que “los límites comienzan donde se irrespetan los símbolos y los valores sagrados de la Patria”.

“Construir y defender un proyecto socialista como el cubano significa defender el humanismo revolucionario. Como en los tiempos de Palabras a los intelectuales, la Revolución defiende el derecho a su existencia, que es la existencia de sus creadores y de su pueblo”, dijo el Presidente, quien criticó con fuerza el incumplimiento de algunas empresas de la cultura en su función social.

En momentos en que la administración de EE.UU. destina más fondos a la subversión, “no vamos a limitar la creación, pero la Revolución que ha resistido sesenta años, no va a dejar sus espacios institucionales a quienes sirven a sus enemigos”, dijo.

Lo mejor sería que este Congreso no termine nunca y su espíritu renovador se mantenga siempre como elemento indispensable para superar disímiles retos. Las dificultades enunciadas por Díaz-Canel necesitan soluciones más rápidas y abarcadoras.

Quienes deseen tener una visión integradora de la cultura cubana en la Revolución, sus desafíos y proyecciones, necesariamente deben analizar los dos discursos, hijos de contextos diferentes dentro de un proyecto social eminentemente humanista, inclusivo, artístico y revolucionario.

GUERRA DE SÍMBOLOS

Precisamente en el plano de lo simbólico se han incrementado las maniobras contra la tierra de Martí y Fidel, rebasando límites esenciales. No solo se disparan balas enmascaradas, alejadas de ruidos y grandes explosiones, con la pretensión de socavar cimientos ideológicos, penetrar en las sensibilidades y circular como veneno en las mareas de la gente. También se potencian el escándalo, la bulla, los personajes de supuestas víctimas… Algunos hasta han solicitado intervenciones extranjeras. Todo mezclado con acciones en espacios físicos, especialmente en días con gran “carga” en el imaginario de la nación, como el 27 de noviembre —fecha del fusilamientos de los ocho estudiantes de Medicina en 1871— y el 27 de enero —aniversario de la marcha de las antorchas, y a unas horas de cumplirse otro aniversario del natalicio del Apóstol de la Independencia.

Las “iniciativas” de ese tipo suelen ser acompañadas por transmisiones en vivo u otras maneras, que aspiran a conformar shows, en los cuales son frecuentes las referencias a héroes como el propio Martí, de quien se extraen frases según convenga. Mencionan su nombre, hasta se atreven a decir cómo actuaría hoy ante determinados hechos, pero la verdad es que nuestro Apóstol jamás traicionaría su amor verdadero a Cuba, su dignidad y antimperialismo, nunca solicitaría, por ejemplo, que una potencia extranjera se apodere de los destinos de la nación, ni tampoco le serviría de instrumento.

Es, indudablemente, un símbolo en disputa. Están quienes lo aman profundamente, conscientes de que ser martianos significa mucho más que palabras, y hay también quienes “enarbolan sus ideas y poesía”, al ritmo del dinero recibido del mismo imperio que él tanto combatió, o se unen a quienes reciben esos billetes provenientes del país que ha matado a lo largo de la historia e impulsado decenas de medidas para ahogar de hambre y miseria a este pueblo. Sentirse martianos jamás podría ser compatible con eso.

Está claro que del niño y el adolescente Pepe, del revolucionario, hermano, hijo y héroe José Julián, deberíamos conocer lo más posible, de la A hasta la Z. Su ejemplo e ideas deberían navegar siempre en las venas de cada cubano y hombre digno del planeta, como parte de las esencias de sensibilidad, justeza y valor. Debemos mantenerlo muy vivo junto a nosotros, palpitante, como parte esencial de nuestro corazón más grande, como un guerrero muy actual.

Detrás de los sucesos recientes, suele haber dólares, tergiversación o exageración mediática, y mucha “mala leche”. Con frecuencia, ciertos personajes se autoproclaman protagonistas de obras, en las cuales se suele incluir bastante drama. Conjugan reclamos reales con otros de un trasfondo más que lamentable en cuanto a falta de dignidad.

Proyectos gestionados y sustentados económicamente desde el exterior, incluidos diferentes sitios webs con sus correspondientes extensiones en redes, mantienen una activa labor alejados de la ética que debe acompañar siempre el ejercicio periodístico y comunicacional en general. Muestran una realidad totalmente oscura en su afán de cumplir una agenda impuesta desde Washington.

Personas que prefieran fingir, que sirvan de instrumentos a quienes mueven hilos desde afuera, o que olvidan la ética a favor de oportunismos de cualquier tipo, jamás podrían desarrollar, o ser consecuentes, con una Revolución verdadera, no podrían mantenerla, actualizarla, hacerla crecer…, como necesita la cubana. Ninguna obra revolucionaria es totalmente acabada, y a la nuestra le falta mucho.

CAMPAÑAS MEDIÁTICAS Y FAKE NEWS

Las fake news y campañas mediáticas contra Cuba no comenzaron hace poco, ni siquiera con el surgimiento de internet y los autollamados sitios digitales independientes. A lo largo de la historia, existen diversos ejemplos de tergiversaciones y mentiras contra los revolucionarios y las causas más nobles de este pueblo.

Hay algunos incluso del siglo xix, cuando se trataba de descalificar los ideales de los iniciadores de la primera guerra por la independencia en el país, liderados por hombres tremendos, como Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria, cultivador de la poesía y amante de las artes. Muchas veces se trataron de justificar los propósitos de EE.UU. hacia este archipiélago.

En ese siglo, exactamente en marzo de 1889, Martí publicó “Vindicación de Cuba”, en respuesta a burlas incluidas en un artículo del periódico The Manufacturer, de Filadelfia, y reproducido en The Evening Post, de Nueva York, en el cual se alegaba que los cubanos “no se sabían valer, eran ociosos, de moral deficiente, incapaces por naturaleza”, y también aparecían apelativos como “afeminados, perezosos, inútiles verbosos, enemigos del trabajo recio, falta de fuerza viril y de respeto propio”.

El Apóstol refutó tal infamia mediática, en una carta que apareció en el periódico The Evening Post. Aseguró el Apóstol que era “poco probable que algún cubano con decoro deseara ver a su país unido a otro”. Resaltó las virtudes del pueblo de la Mayor de las Antillas y su ideal de independencia, con “seres humanos que habían peleado como gigantes para ser libres, capaces de dormir en el fango, comer raíces, pelear diez años sin paga, vencer al enemigo con una rama de árbol, morir”. Argumentó, también, que “los cubanos vivían por todas partes, trabajando como campesinos, como ingenieros, como agrimensores, como artesanos, como maestros, como periodistas…”.

Tuvo siempre plena conciencia de las complejidades de su época, y jamás traicionó su moral, su dignidad, la fidelidad al proyecto revolucionario ni al pueblo que amaba. Nunca coqueteó con poses ni sirvió de instrumento a quienes tenían intereses muy particulares contra su país. Ahí tenemos su ejemplo como escritor, periodista e intelectual, como profundo humanista, revolucionario, antimperialista y cubano.

En el siglo xx se mantuvieron las mentiras mediáticas. Por ejemplo, a nivel internacional se tergiversó la causa del Ejército Rebelde, que con el liderazgo de Fidel luchaba por la libertad en la Sierra Maestra.

Después del triunfo del 1 de enero de 1959, todo eso se incrementó. Agencias de prensa internacionales mostraban una Cuba gris, sin ningún tipo de luz. En especial el aparato propagandístico de EE.UU., principalmente a través de sus agencias cablegráficas AP y UPI, revistas como Life, Newsweek, U.S. News y World Report y sus principales periódicos, arrojaban calumnias contra Fidel y otros líderes. Mucho se habló, por ejemplo, sobre los juicios públicos contra criminales de guerra, y se intentaron desacreditar los cambios impulsados aquí para beneficio de las mayorías.

El propio Fidel denunció aquella campaña como “la más infame, más criminal y más injusta que se había lanzado contra ningún pueblo”.

Ante la magnitud de la desinformación internacional sobre lo que realmente pasaba, se organizó lo que se conoció como Operación Verdad. Fueron enviadas invitaciones a reporteros de EE.UU, América Latina y Europa para que se reunieran en La Habana y viesen la realidad, para que se dieran cuenta de las falsedades publicadas en los grandes medios de comunicación a nivel mundial.

También para contrarrestar todas esas mentiras se impulsó la creación, el 16 de junio de 1959, de la agencia Prensa Latina, para que fuera referente de la verdad y la objetividad. Hoy se mantiene con decenas de corresponsalías en diferentes partes del mundo.

Como ejemplos de mentiras y proyectos mediáticos contra este pueblo, tenemos que mencionar también a Radio Martí, parida en 1985, y Televisión Martí, en 1990, con presupuesto de EE.UU. y una agenda muy marcada para la subversión en nuestro país, aunque nunca han logrado llegar a mayorías aquí.

Con el nacimiento de internet, sitios web y múltiples plataformas digitales, todo eso aumentó hasta límites impensables en etapas anteriores, con una diferencia: impactar más en el público cubano y especialmente en los jóvenes, por el propio funcionamiento de esas redes.

Algunos de esos proyectos no expresaban una postura política clara, trataban de mostrarse atractivos en cuanto a lo creativo, y autores cubanos se sumaron desde el principio, incluidos estudiantes y profesores universitarios. Varios de aquellos primeros, surgidos a finales de los años noventa y principios de los dos mil, fueron desapareciendo. Poco a poco emergió también aquí el boom de los blogs personales, que solían tener una voz crítica o al menos diferente, trasladada luego a las redes sociales.

Actualmente existe un entramado mucho más amplio de esos sitios digitales, mal llamados independientes, los cuales tienen una agenda común, más allá de diferencias de estilos y formas entre ellos. Un grupo más agresivo, sin pizca de ética, y otros que tratan de presentarse como más cuidadosos y con estilos más estéticos, por decirlo de algún modo, pero todos con el objetivo de mostrar una Cuba carente de esperanzas. Han logrado una articulación con individuos que tratan de erigirse como oposición dentro del país, algunos de los cuales también reciben dinero por sus actuaciones.

Estos sitios y sus extensiones amplifican cualquier experiencia individual o de otro tipo, como si constituyeran la generalidad. Suelen mentir para cumplir con la misión por la cual reciben financiamiento por parte de fondos federales estadounidenses. Desde que Donald Trump llegó a la Casa Blanca el 20 de enero de 2017 hasta el 2020, la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID) invirtió unos cincuenta millones de dólares contra Cuba, mientras la National Endowment for Democracy (NED) destinó, para similares propósitos, veintitrés millones doscientos ocho mil seiscientos doce dólares, según varias fuentes.

A esos más de setenta millones de dólares para la subversión de manera pública se deben sumar los noventa millones recibidos por la Oficina de Transmisiones para Cuba. Ese dinero suele llegar a sus destinatarios por vías diversas en un intento por enmascarar el origen.

Obviamente, recibir esos dólares exige un compromiso con los fines de quienes los otorgan. Sería interesante que alguno de esos proyectos, supuestamente libres, se proponga cambiar su agenda, para resaltar entonces las luces de Cuba y su Revolución, o la capacidad que ha tenido de resistir durante más de sesenta años a los vientos huracanados soplados desde Washington para apagarla. ¿Acaso seguirían recibiendo financiamiento? Seguramente no.

Resulta lamentable la falta de ética y la campaña que realizan muchos de ellos, desde hace varios años, contra líderes políticos, artistas, periodistas y otros profesionales cubanos, que apoyan de manera pública el proyecto revolucionario, con lo cual pretenden afectar su prestigio y fracturar las relaciones entre los creadores, la institucionalidad y la propia Revolución.

Todo esto impone retos, desde lo comunicacional, para periodistas, medios de prensa y otros entes de la sociedad con la responsabilidad de llevar las verdades al pueblo cada vez con más inmediatez y profundidad de análisis desde aristas diversas, aprovechando las maneras tradicionales y las más contemporáneas, incluyendo las plataformas digitales.

Algunos artistas ya se toman los memes en su contra en forma de broma. (Imagen tomada del perfil en Facebook de Ray Fernández)

Para el presente y el futuro Cuba tendrá, entre sus grandes desafíos, el avance económico, el desarrollo comunicacional y el perfeccionamiento institucional de forma general, incluido el relacionado con el arte. Mucho podemos ayudar en ese sentido.

Las pugnas en el ámbito de la cultura se mantendrán y hasta crecerán. Ese no es un fenómeno nuevo. A través del tiempo han ocurrido disímiles batallas por conquistar territorios, imponer modos de vida y lograr hegemonías. Durante siglos prevalecieron las luchas armadas, las explosiones, los disparos, las muertes… Esas guerras solían reconfigurar el orden político y económico global. Tal vez los dos mayores ejemplos son la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y la Segunda (1939-1945), con millones de víctimas, y transformaciones de gran alcance en todo el planeta. Mucho antes de estos dos grandes y lamentables acontecimientos, latía ya una lucha cultural.

Cuando un grupo de personas sometía a otro, o cuando una nación conquistaba a otra, existía también el propósito de imponer su religión, sus costumbres… El surgimiento de la imprenta, los libros, los periódicos y agencias de noticias, como EFE y Reuters, permitieron llegar a mayor cantidad de personas, con las ideas, visiones e informaciones de interés para sus dueños. Con la creación de la radio, la televisión y el cine aumentaron las posibilidades de influencias en millones de individuos.

Poco a poco se fueron creando grandes consorcios y monopolios de la comunicación, especialmente en los países con mayor poder económico, que además pretendían lograr una hegemonía en el terreno de la cultura. Pensemos, por ejemplo, en los héroes de las películas estadounidenses. ¿Qué características tienen? ¿Quiénes suelen ser los vencedores? ¿Cuál país suele salvar a la humanidad en estas obras de ficción? Pues, por supuesto, EE.UU.

Con el desarrollo de Internet y las nuevas tecnologías, esa situación creció hasta límites impensables. Los conquistadores del siglo xxi saben que quienes hieren o matan la identidad, las bases culturales de un pueblo —elementos poderosos de orgullo y resistencia— también asesinan su alma, parte esencial de su fuerza e independencia.

Un considerable por ciento de los servidores informáticos radican en Estados Unidos: nuestros datos pasan por ahí. Dejamos huellas de nuestra personalidad, nuestras relaciones, gustos, sueños… Y quienes dominan ese aparato tecnológico o cuentan con el dinero para pagar pueden direccionar contenidos hacia públicos específicos, ciudades y países. Sin duda, poseen una ventaja indiscutible.

Más del setentaicinco por ciento de los miles de millones de usuarios de internet se conectan a diario. Me gusta imaginar este fenómeno como una especie de cancha deportiva, en la que existe una competencia constante por ser visto y posicionar contenidos; una batalla cultural e ideológica que para algunos podría ser inconsciente. Esto también se extiende a lo económico.

Según el libro La dictadura del videoclip, del profesor español Jon Illescas, siete de los diez audiovisuales de ese tipo más reproducidos en Youtube, entre 2005 y 2015, son de Estados Unidos. El 61,5 % de las banderas que aparecen en estos materiales corresponde también a la de ese país, superando seis veces la frecuencia de la segunda: la de Gran Bretaña. El 90 % de ellos son cantados en inglés. A eso sumamos que en casi cuatro de cada diez hay apología a drogas legales (usualmente alcohol), y en más de uno de cada diez, ilegales (marihuana, casi siempre). El modo de vida que más se refleja es el estadounidense.

En el espacio Dialogar, dialogar, de la Asociación Hermanos Saíz, realizado en febrero de 2020, el periodista y catedrático español Ignacio Ramonet, y la cubana Rosa Miriam Elizalde, utilizaron el término “colonialismo 2.0”, un vocablo (colonialismo) que a nosotros nos parece muy actual, para nada exagerado ni desfasado. Cuando uno analiza las particularidades del mundo digital y su funcionamiento, comprende la dimensión de todo eso y las batallas de diversas índoles, en las cuales se pueden definir cuestiones transcendentales.

Recientemente, en un intercambio en la sede de la UNEAC, Ramonet aseguró que “la verdad es cada vez más emocional”, un elemento que suele ser aprovechado con fines comerciales y políticos.

Las redes sociales han sido utilizadas en diferentes países como vehículos para crear descontento popular, incluso para incitar a levantamientos que se trasladen a los espacios físicos, y viceversa, pues se pretende que cualquier hecho también tenga su amplificación en las plataformas hipermediales, muchas veces de forma exagerada. Son dinámicas que difícilmente cesarán. La solución más pertinente a muchas de las dificultades sería lograr la abundancia económica y la perfección en el funcionamiento de todo, sin el más mínimo detalle adverso, pero eso no depende de botones ni actos de magia, menos en las circunstancias que enfrenta permanentemente esta nación, que es blanco de artimañas tremendas contra su desarrollo, la propia vida y su imagen internacional.

LA CULTURA Y EL CORAZÓN DE UN PUEBLO

En Cuba tenemos la suerte enorme de que a partir del triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959, el arte y la cultura en general son consideradas prioridades, sin obviar la crítica y las situaciones complejas en el panorama nacional. En momentos muy complicados, Fidel enarboló frases como “la cultura es lo primero que hay que salvar”, pues siempre tuvo mucha claridad sobre su importancia como alma de un pueblo; esencia que permite resistir, hacer y soñar sin perder la belleza.

Miguel Díaz-Canel, presidente de la República, también es un hombre de la cultura, un amante de la música y las artes, un intelectual de este tiempo. El escritor Abel Prieto, actual presidente de Casa de las Américas, en su libro Apuntes en torno a la guerra cultural nos brinda muchas luces sobre este fenómeno, y explica cómo en el caso particular de Cuba la vanguardia artística y política, la cultura y su pueblo, han formado un nicho de resistencia y belleza que será siempre fundamental para el avance del proyecto revolucionario.

Si importante es estar conscientes de estas realidades, más lo es pensar y articular estrategias supranacionales a favor de la solidaridad entre nuestros pueblos y la soberanía. Debemos tener maneras más pertinentes, atractivas e inteligentes para mostrar nuestras verdades en el ciberespacio, pero también es preciso lograr una mejor formación cultural que permita identificar estos fenómenos y adoptar posiciones críticas ante las constantes tergiversaciones o bombardeos de contenidos por vías diversas, en un entramado de móviles, pantallas, tabletas electrónicas, redes, televisores, libros, medios de prensa y las complicaciones de nuestras vidas cotidianas.

En medio de todo eso resultan esenciales la inteligencia y el trabajo en equipo. Desde las organizaciones y movimientos internacionales de izquierda necesitamos mayor articulación. En ocasiones, los movimientos de izquierda no aprovechan al máximo la producción audiovisual, aunque logren estar en el poder un tiempo considerable. A veces no queda una película, una novela o un libro de ficción que aborde los sucesos, con frecuencia muy heroicos e interesantes, pero sucede que hasta vienen otros autores y lo hacen desde una posición completamente contraria y con manipulaciones.

Ojalá logremos que prevalezca un pensamiento descolonizador a nivel global, que se potencie la dignidad de los seres humanos, el bienestar individual y colectivo, el progreso y la soberanía de nuestros pueblos. Una pretensión noble a la cual nunca deberemos renunciar, porque las batallas en lo simbólico, en las ideologías, jamás cesarán. El futuro podría ser más complejo.

Una de las fortalezas de Cuba en este panorama es la mística que gravita alrededor de nuestra Revolución, conformada por una serie de sucesos, personas y factores que enriquecen las esencias del país y su capacidad para resistir y soñar, para encontrar alternativas y seguir adelante, a pesar de las dificultades.

Solo podremos vencer los retos del presente y el porvenir entre todos, como una familia enorme a favor del progreso y la vida, con fidelidad a los principios y la belleza. Debemos ser lo mejor posible, esforzarnos al máximo con voluntad de superación. Esa decisión, esa fuerza y coraje como pueblo, junto a la inteligencia y la unidad, son imprescindibles en el camino del decoro y los éxitos.

Jamás debemos olvidar que la Revolución, desde su inicio, es un fenómeno social, político y también cultural a nivel internacional, con la belleza suficiente para despertar versos y canciones, música y bailes. Eso forma parte de nuestro corazón como nación, de nuestro encanto.

Cuba es también Fidel, el joven y el apasionado, el revolucionario total que nos confirmó la posibilidad de conquistar los anhelos. Su altura debe permanecer con nosotros. Venimos de aquellos que protagonizaron las diferentes guerras por la independencia, desde su pensamiento, sus acciones y la creación. En nuestras mareas están Carlos Manuel de Céspedes, Perucho Figueredo, Martí, el Che…

El espíritu revolucionario será siempre muy necesario. La dignidad jamás deberá confundirse con soberbia. Las ideas de cada uno merecen respeto, pero resulta indispensable un mínimo de ética, responsabilidad, agradecimiento y amor real. Seguir siendo consecuentes con las esencias y hacerlas crecer depende, sobre todo, de nosotros mismos. Ser continuidad verdadera, por ejemplo, del ideario y el ejemplo del Apóstol, implica una ética, un compromiso social, un amor desmedido hacia la nación y su gente, un afán de fundar, de ser útil desde el alma.

Como proyecto, el pueblo cubano, el progreso y su Revolución siempre deberán ser lo más importante. Ojalá sea posible en todo momento el debate y la exposición de ideas desde el respeto verdadero. Sería favorable que todos queramos aportar en realidad, desde nuestras verdades, y seguir construyendo con humildad ese consenso indispensable, desde el alma poética, más allá de las palabras.

La Revolución depende de nosotros mismos, como proceso siempre inacabado, que necesita el talento y la humildad, la sinceridad y el amor, sin actuaciones lamentables ni tremendismos. Nosotros, sus hijos, como mujeres y hombres agradecidos, nunca debemos dejarnos engañar.

Ojalá sea posible un abrazo entre todos los dignos, con la voluntad de seguir haciendo una mejor nación desde el corazón, la cultura y la honestidad. Cada reto deberá ser una oportunidad para salir más fuertes, actualizados y capaces de construir. Cuba lo merece.

Acerca de Yasel Toledo Garnache

Vicepresidente nacional de la Asociación Hermanos Saíz. Fue subdirector editorial de la Agencia Cubana de Noticias. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, y Mejor Graduado Integral de la Universidad de Holguín (2014). Periodista, ensayista y narrador. En twitter: @yaseltoledo10. En Instagram: YaselToledoGarnache. En Youtube: Mira Joven (Cuba). E-mail:yasegarnache@gmail.com

Publicado el 30 de mayo de 2021 en Artículos, Comentarios y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Muy buen trabajo Yasel. Gracias por estas luces. Saludos

  2. Trabajo profundo y necesario. Hacen falta más proyectos y maneras de conectar con los jóvenes, de involucrarlos con la historia. Saludos

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