Francisco Vicente Aguilera, el amor a Cuba y la certeza de vivir (+ tuit)

Por Yasel Toledo Garnache

En los momentos actuales pienso en grandes de la historia cubana. Me siento frente a la computadora, y recuerdo pasajes de la vida de uno de los patriotas que más admiro: Francisco Vicente Aguilera, noble bayamés, a quien José Martí llamó “el caballero intachable, el millonario heroico”.

Era considerado uno de los hombres más ricos del Oriente del país, pero abandonó sus comodidades para ser fiel a sus ideales, e iniciar la primera guerra por la independencia de Cuba. Este 22 de febrero se cumplieron 144 años de su muerte, sin embargo aquel hombre inteligente con barba y corazón de mambí debe seguir palpitando hasta la eternidad.

Prefirió la manigua y los disparos, la posibilidad de la muerte, porque para él la luz estaba en el decoro y el afán de ser útil. Sabía que indudablemente “morir por la Patria es vivir”, certeza que deberá acompañarnos siempre.

Las imágenes lo revelan delgado, con la tristeza reflejada en su rostro y una larga barba de mambí, como lucía en su última etapa, pero aquella persona, golpeada por los años y el dolor, fue en verdad un soñador, un patriota excepcional.

Poco hablamos de Francisco Vicente Aguilera y Tamayo, el niño nacido en cuna de oro en Bayamo, el adolescente huérfano de padre, el joven gallardo que despertaba elogios en las mujeres, el poderoso hacendado que pudo recibir el título de Conde y dejó las comodidades para irse a la guerra con negros y otros humildes en busca del anhelo de un mejor país.

Hijo de Antonio María Aguilera y Juana Tamayo Infante, ambos provenientes de familias con muchísimas riquezas, sorprende el sentimiento patriótico y deseo de impulsar una revolución social de aquel hombre, que vio la luz primera el 23 de junio de 1821.

El historiador Aldo Daniel Naranjo, un ferviente estudioso de su vida, cuenta que solamente el padre tenía tres ingenios azucareros con altas producciones de azúcar y aguardiente, 17 haciendas ganaderas con más de 12 mil cabezas de ganado vacuno, nueve grandes corrales de puercos y más de 300 caballerías de árboles maderables.

A eso se suma que el progenitor fue Coronel de las Milicias Blancas, de las zonas de Bayamo y Santiago de Cuba, alguien con altas posiciones políticas y económicas, y actitudes de apego a España.

Francisco, quien siempre deseó ser abogado, el muchacho de Bayamo, tierra de otros grandes como Carlos Manuel de Céspedes y donde el corazón noble del país parecía latir más fuerte, estudió en diferentes colegios, incluido uno dirigido por el pedagogo y filósofo José de la Luz y Caballero en La Habana, donde se enamoró de la idea de una República gobernada por el pueblo.

Su progenitor murió en 1834, cuando el futuro patriota apenas tenía 13 años, ya su hermano mayor también había fallecido, y Francisco, primer heredero, tuvo que regresar a la actual capital de Granma para cuidar e incrementar los bienes, acompañado de su madre.

Según Daniel Naranjo, la señora Juana Tamayo, mujer bellísima y elegante, con piel blanca y ojos azules, jamás se casó otra vez y poseía un carácter muy fuerte, por el cual era llamada La Coronela, pero la relación entre ella y su hijo fue siempre amorosa.

Los dos, junto a otros “pudientes”, impulsaron obras de beneficio social como puentes, una carretera entre Bayamo y Manzanillo, la creación de un teatro en 1849 e intentos para llevar el ferrocarril hasta esa zona.

Francisco, dueño también de tres panaderías, 20 casas de alquiler y una confitería, contrajo matrimonio con Ana de Quindelán, hija de un brigadier español, lo cual favoreció el aumento de su riqueza, que abarcaba propiedades en las actuales provincias de Santiago de Cuba y Guantánamo.

Daniel Naranjo refiere con entusiasmo que su familia hasta realizó gestiones para conseguir el título de Conde, el cual podía ser comprado sin dificultad, pero el digno bayamés lo rechazó.

Aquel hombre tremendo, que sufrió la muerte de su mamá a principios de la década de 1860, prefirió vivir la aventura hermosa, difícil y osada de hacer una revolución profundamente popular, en una época donde el paradigma de las “naciones civilizadas” era la construcción del capitalismo, y eso lo hace más grande, lo eleva hasta la infinidad.

Muchas veces coincidió con Céspedes, considerado actualmente el Padre de la Patria, quien apenas lo superaba en dos años de edad, y juntos convirtieron en realidad algunos proyectos para desarrollar el territorio.

La mayor obra de los dos fue organizar la gesta de 1868. Aguilera reconoció al otro patriota como jefe supremo del movimiento y se opuso a quienes pretendieron discutir su liderazgo. Especialistas aseguran que la incorporación de Aguilera influyó en los alzamientos masivos posteriores, y con una frase frenó los ánimos de quienes llamaban a la desunión: “Acatemos a Céspedes si queremos que la Revolución no fracase”.

Después de comenzar la contienda, fue nombrado Mayor General, Secretario de la Guerra, General en Jefe del Ejército de Oriente, y vicepresidente de la República de Cuba en Armas. En 1871, cuando ocupaba esa última responsabilidad, se trasladó a Estados Unidos con el encargo de unir a los emigrados y aumentar el envío de recursos, pero no lo logró, debido a la traición de algunos y la acción del gobierno norteamericano, empeñado en mantener a Cuba bajo el yugo español, mientras creaba condiciones para apoderarse de la nación.

Aguilera, quien tuvo más de 10 hijos, soportó chantajes y falsas promesas, persecuciones, hambre y enfermedades; sacrificó la fortuna, la familia y la vida en busca de un anhelo noble: el de un mejor país para todos, su mejor enseñanza.

El 22 de febrero de 1877, aquel señor extremadamente rico años antes, el dueño de numerosas riquezas, murió en Nueva York, acompañado por la absoluta miseria material. Ni siquiera podía hablar, víctima de un cáncer de laringe. Triste final para quien debe vivir siempre entre los cubanos.

Acerca de Yasel Toledo Garnache

Vicepresidente nacional de la Asociación Hermanos Saíz. Fue subdirector editorial de la Agencia Cubana de Noticias. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, y Mejor Graduado Integral de la Universidad de Holguín (2014). Periodista, ensayista y narrador. En twitter: @yaseltoledo10. En Instagram: YaselToledoGarnache. En Youtube: Mira Joven (Cuba). E-mail:yasegarnache@gmail.com

Publicado el 22 de febrero de 2021 en Historia, Personajes y leyendas, Personalidades. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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