Resistencia y creación: La cultura de nuestro tiempo (Transcripción del espacio Dialogar, dialogar +Fotos)

De izquierda a derecha: Giselle Armas Pedraza, Jaime Gómez Triana, Abel Prieto y Yasel Toledo Garnache.

Compartimos la transcripción completa del espacio Dialogar, dialogar sobre el tema Resistencia y creación: La cultura de nuestro tiempo, que tuvo como panelistas a la joven Gisell Armas Pedraza, miembro de la Asociación Hermanos Saíz; al investigador Jaime Gómez Triana, y Abel Prieto, ex Ministro de Cultura y actual presidente de Casa de las Américas.

Yasel Toledo Garnache:  Muy buenas tardes a todos.  Agradecemos al trovador Yunier Pérez, miembro de la Asociación Hermanos Saíz, por brindarnos su arte.

Les agradecemos también a ustedes por acompañarnos en el Dialogar Dialogar. Hoy, 27 de noviembre, es inevitable pensar en los ocho estudiantes de medicina fusilados hace exactamente este miércoles 148 años. Un suceso que casi siglo y medio después todavía duele por la magnitud de la injusticia, por la juventud de aquellos muchachos, arrancados de la vida por el capricho de algunos, por la inmoralidad de las autoridades colonialistas en el país y también por la locura cruel del Cuerpo de Voluntarios de La Habana.

Sin dudas hechos como ese forman parte del alma nacional, que tiene muchísimas páginas de triunfo, pero también de tristezas como esa, la cual forman parte del cuerpo histórico y cultural de Cuba.

Precisamente el tema que nos convoca hoy es Resistencia y Creación;  la cultura de nuestro tiempo, entendida mucho más allá del arte.

Vivimos momentos complejos, no solo en Cuba, sino a nivel global, especialmente en América Latina, y queremos hablar sobre todo eso, para lo cual nos acompañan en el panel la joven Gisell Armas Pedraza, investigadora miembro de la AHS; Jaime Gómez Triana, director del programa de estudios sobre culturas originarias en Casa de las Américas, y Abel Prieto, en ese momento Presidente de la Sociedad Cultural José Martí, y ex Ministro de Cultura.

Nosotros les proponemos comenzar por Gisell.  Ella nos pedía hablar un poco sobre los conceptos de resistencia y creación, qué significa eso especialmente para Cuba, que no es para nada estar a la defensiva, y cuánto aporta el ideario de Fidel, que nos debe acompañar siempre.

Gisell Armas Pedraza:  Yo les traigo, como dice Yasel, algunas propuestas del proceso histórico revolucionario cubano después del triunfo de la Revolución que han resignificado el concepto de resistencia, y le han dado nuevas determinaciones.

El análisis del momento histórico de nuestra América muestra la lucha de clases entre la burguesa y la popular (los desposeídos, los ninguneados…). Se expresa entonces, por un lado,

  • La ofensiva capitalista neoliberal y colonial sobre los pueblos latinoamericanos que posee un marcado carácter fascista basado en el fundamentalismo religioso y político.
  • Resistencia popular y creación de modos alternativos y anticapitalistas de vivir.

Cuba no está ajena a esta lucha, expresada en las disputas de sentidos y prácticas socialistas y capitalistas que se dan en la reproducción de la vida cotidiana y en los diversos campos de la actividad humana. Las lógicas y sentidos capitalistas se están insertando no solo en la vida cotidiana, sino en las instituciones, en el pensamiento, las ilusiones y peor aun en los deseos. Es en estos espacios donde debemos librar la batalla entre la dominación y la emancipación.

A diferencia del contexto latinoamericano nuestra batalla no está caracterizada por la violencia, pero no por ello quiere decir que sea menos mortal, puede serlo si no la consideramos como estratégica, la principal contienda que libramos en la esfera cultural entre el socialismo y el capitalismo en Cuba. Emergen, se consolidan y conviven relaciones sociales, valores, representaciones simbólicas e ideologías socialistas y capitalistas

En este terreno cultural la contradicción fundamental se expresa entre los logros culturales para un mundo sin dominación y la cultura capitalista que se reproduce estableciendo las condiciones de la dominación.

Una vez más se demuestra que en el plano cultural no basta con cambios radicales y la toma del poder, pues los sentidos e imaginarios del sistema capitalista busca los modos de reproducirse subjetivamente.

Es por lo tanto imperioso que la cultura y su dimensión fundamental la humana se vuelva centro de nuestra praxis para seguir apostando a la vida. La cultura está llamada a ser entonces el espacio de resistencia fundamental para mantener el proyecto revolucionario cubano.

Me gustaría adentrarme en hechos que desde la resistencia popular han fortalecido la cultura como fuente de liberación individual y colectiva. Y de estos sacaremos algunos aprendizajes que el pueblo cubano aporta a la cultura de resistencia que pueden ser efectivos en esta batalla cultural.

Primero, si buscamos en la etimología de la palabra resistencia vamos a encontrar que está compuesta por el prefijo re-(intensificación de la acción, reiteración) y el verbo sistere (establecer, tomar posiciones asegurar un sitio). La raíz de la palabra, entonces, tiene dentro de sus determinaciones: mantenerse firme, persistir, oponerse reiteradamente sin perder el puesto.

  • La Primera Declaración de La Habana es la síntesis de nuestra Rebeldía contra las oligarquías y los dogmas y la consolidación de nuestra identidad. Es la expresión de lo que tienen y de lo que buscan.

Más de un millón de cubanas y cubanos, reunidos en Asamblea General Nacional efectuada en la Plaza de la Revolución comenzaron a identificar, desde los acumulados del proceso de liberación nacional, el Proyecto Revolucionario en oposición al otro (imperialismo norteamericano, mecanismos internacionales OEA, gobiernos títeres latinoamericanos).

Las limitaciones objetivas que el imperialismo norteamericano puede hacerle a sus derechos y a los intereses de la gran mayoría se traduce en los imaginarios y sentidos como el enemigo a enfrentar o como meses antes gritaban NO DEJAR PASAR. Recordemos que estas mismas mayorías fueron los protagonistas de las nacionalizaciones, eran campesinos dueños de sus tierras…

Este hecho logró conectar las necesidades del pueblo cubano con el latinoamericano; esta identidad cultural permitió conocer no solo contra quién sino con quienes se lucha. “El deber de cada pueblo, a la solidaridad con todos los pueblos oprimidos, colonizados, explotados o agredidos, sea cual fuere el lugar del mundo en que éstos se encuentren y Ia distancia geográfica que los separe”. Todos los pueblos del mundo son hermanos.

Este acontecimiento rebeló la utilización de la cultura política (el antimperialismo, el internacionalismo el patriotismo popular) como herramientas fundamentales para la cultura de la liberación.

Por lo tanto, la cultura de la liberación le exige otra característica a esa resistencia. No solo es mantenerse firme y persistir, sino desde la cultura expresar lo que se es (ahora) y lo que se busca (proyecto).

Para eso debemos:

Utilizar la identidad para la acumulación de fuerza propia que permita avanzar en el proyecto emancipatorio frente a la dominación.

Debemos identificar bien las deficiencias, los logros, las diversidades la fuerza con la que contamos.

Debemos definir qué proyecto queremos y sus contenidos. “La Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba condena, en fin, la explotación del hombre por el hombre, y la explotación de los países subdesarrollados por el capital financiero imperialista”.

RESISTENCIA Y CULTURA PARA PROFUNDIZAR:

En el sepelio de las víctimas del cobarde bombardeo a los aeropuertos de Santiago de Cuba, preludio de la invasión mercenaria por Playa Girón, Fidel Castro declara para el asombro de muchos enemigos y aliados el carácter socialista de la Revolución Cubana; la defensa ahora no era solo de la Patria sino de las conquistas obtenidas y del proyecto democrático que ella era representaba: el socialismo.

“Compañeros obreros y campesinos, esta es la Revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes. Y por esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes estamos dispuestos a dar la vida”.

La apuesta por el socialismo no fue una decisión arbitraria sino que se basó en las herencias de muchos hombres y mujeres que comprendieron que Cuba solo podría ser independiente política y económicamente si era anticapitalista y la única vía efectiva para hacerlo era el socialismo. Este camino ha sido complejo, no ha sido color de rosa pero su base rasgo fundamental es la creación propia; como dijera Mariategui sin calco ni copia CREACIÓN HERÓICA. El socialismo cubano logró poner a la altura la teoría y el pensamiento de acuerdo a las transformaciones profundas de la realidad.

Cuando Sartre viaja a Cuba se da cuenta de este proceso de creación permanente, y 1 año  antes de declararse el carácter socialista de la revolución, enunciaba: La ideología cubana no se puede definir a largo plazo porque es de reacción. (…) el enemigo por su torpeza había sido  la radicalización del pueblo por medio de sus jefes y de los jefes por medio del pueblo. Si la revolución se denominara socialista se acudirá a ella para resistir el bloqueo y al título de economía de guerra, pero si aparece va a tener dos características: será una reacción, un contragolpe, y si resultara preciso mantenerla, será la expresión del sentido auténtico de la Revolución Cubana y el término de su autoradicalización[1].

Si bien Sartre desconocía los acumulados socialistas de las luchas del pueblo cubano por su independencia y soberanía, intuyó como a los factores externos ayudaban a la radicalización de las grandes mayorías en la defensa del proyecto revolucionario. Y cómo esta ideología iba estar marcada por lo más autóctono del pensamiento y la práctica revolucionaria.

De ahí que este hecho muestre otro de los matices que tiene el proceso de resistencia popular cubano. La resistencia no solo puede quedarse en mantener posiciones y contratacar, sino tenemos que ocupar otras posiciones y estas otras tienen que ser radicales. Radicales en el sentido que buscan la raíz del problema y las soluciones.  En este proceso los sujetos que llevan a cabo este proceso se transforman así mismo

Otras de las afirmaciones de este hecho es que solo podemos resistir si creamos una nueva cultura anticapitalista que profundice la Revolución, pues revolución que no se radicaliza se revierte.

Algunos de los desafíos que tenemos en la actualidad en este proceso de radicalización son:

  • Esta expansión de la cultura tiene que estar anclada en las necesidades espirituales de la clase popular.
  • El pensamiento y la cultura debe alimentarse de las prácticas revolucionarias que hoy libran batallas contra el patriarcado, el colonialismo, el capitalismo en todas las esferas de la actividad humana. Tenemos que conocer las formas de la dominación y de las rebeldías presentes en nuestra cultura y sus rasgos
  • La cultura de la liberación debe socializar a las grandes mayorías las claves fundamentales del capitalismo y los mecanismos fundamentales para su reproducción. Al mismo tiempo conocer qué es socialismo para nosotros, distinguir entre el deber ser y las prácticas concretas.

 

MÍSTICA REVOLUCIONARIA:

Como mencionamos anteriormente, en el momento histórico que estamos viviendo el factor subjetivo está obligado a ser determinante.

No sé si es por mi edad o por los significados simbólicos que tuvo este acontecimiento para mí que cuando pienso en la mística revolucionaria vienen los recuerdos de la despedida física de Fidel Castro. Los días que duró su sepelio nos recordó que la grandeza de Fidel no solo está en las transformaciones sociales que realizó junto al pueblo cubano sino que nos hizo sentir, y apropiarnos de la revolución en el proceso y hacer retumbar con nuestras voces la plaza diciendo “Yo soy Fidel”.

La mística que acompañó este hecho fue una construcción colectiva de miles de personas, la cual simultáneamente se convirtió en un espacio de reflexión de la experiencia pasada, interpretar el presente y apuntar a un futuro que queremos. Ese momento fue la síntesis entre el proyecto popular representado en Fidel y el despertar de que esa utopía que en él se concretaba está en cada uno de nosotras/os.  La mística revolucionaria es el alimento que nos permite seguir caminando y deseando el proyecto. Es lo que nos hace ser tan realistas y hacer lo imposible.

Por lo tanto, la cultura y la resistencia tienen que tener como principal herramienta subjetiva la mística revolucionaria, pues desde otros lenguajes nos dice por qué luchamos, resistimos y creamos.

Como Ademar Bogo, militante e investigador brasileño, refiere no debemos esperar que la mística venga hasta nosotros, somos nosotros que debemos irnos hasta ella.

ALGUNOS DE LOS DESAFÍOS EN ESTE SENTIDO:

  • Debemos lograr que a través de ella se adquieran un conjunto de ideales y convicciones que lleven a la actuación. Existe una inmensa cultura acumulada de rebeldía en Cuba constituida por comportamientos, ideas, sentimientos y expresiones resultantes de una prolongada historia de resistencia y luchas sociales y políticas.
  • Crear espacios capaces de reunir la diversidad de las subjetividades, habilidades, en donde se busque la belleza la creatividad, el goce, la expansión de la influencia y control de la gente de a pie sobre todos los ámbitos de la vida pública. (aprovechar, estimular o modificar las motivaciones y actuaciones del individuo)
  • No debemos reducir la mística a las actividades políticas-culturales. Es mucho más que eso, podemos ver la mística presente en las personas cuando en su cotidiano reproducen los valores de la solidaridad, de la ternura, del respecto y la dignidad.

 

CONVERTIR EL REVÉS EN VICTORIA

En este caso no me atendré a un hecho, sino a una figura: Fidel Castro que en más de una ocasión demostró su capacidad para convertir los reveses en victoria. El asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes fue una derrota militar, pero significó un éxito en el proceso organizativo y programático de la lucha. La historia me absolverá explicaba por qué, quiénes y cómo se lanzaban a la lucha por la liberación nacional. Al mismo tiempo que lograba la identidad de los sectores excluidos en base al programa estratégico.

  • Fidel nos enseña a actuar sobre nuestros problemas con probabilidades de éxito. Debemos tener fe en la victoria, cuando resistamos y creemos debemos hacerlo pensando siempre que es para ganar.

Para esto es un desafío:

-Rescatar la memoria, fortalecer la identidad nacional y los valores patrios desde la carga anticolonial, antimperialista, anticapitalista.

-Medir el pulso de los acontecimientos

-Acumular fuerza desde nuestro lado

En resumen, la disputa de sentidos, simbologías, ideologías capitalista y socialista, que existe en el país, necesita de una resistencia que no solo defienda lo logrado, sino que cree y profundice una cultura liberadora.

La creación y la cultura como espacio de producción ideal debe servir a la formación de nuevas relaciones sociales, debe prefigurar ese mundo deseado de libertades y emancipación. Esa creación debe integrar los conflictos reales existentes (ideológicos, sociales y políticos) y las necesidades reales de las mayorías.

Al mismo tiempo que crea los mecanismos para ampliar los conocimientos y crear las capacidades de la población para producir nuevos cambios sociales y acumular fuerzas desde nuestras prácticas.

La creación que se produce dentro de la resistencia debe ser lúcida como diijo Alfredo Guevara. Esa creación debe tener como materia prima el inconformismo que luego se transforma de forma consciente en Revolución profunda.

Me gustaría finalizar con una frase de Fernando Martínez Heredia, aunque todo lo que dije aquí tiene su impronta. “La Resistencia creativa y la Rebeldía le abre paso a la adultez de la cultura”

 

Yasel Toledo Garnache:  Resistencia y rebeldía, creo que ahí está parte de la clave.

Hoy en América Latina existe una feroz batalla política, económica, pero siempre cultural, siempre simbólica. Después de una etapa en la que los movimientos de izquierda lograron gran fuerza, otra vez la derecha se apoderó de muchos espacios en diversos países, asumiendo presidencias mediante elecciones y también golpes de estado, como en Bolivia.

Aunque nos duela admitirlo, yo creo que los movimientos de izquierda también han cometido algunos errores. Se ha demostrado que no basta con la moral, no basta incluso con lograr progresos  en cada una de las naciones, como el propio Bolivia, el país de América Latina que más  creció en lo económico durante los últimos años, con todos los resultados que tuvo allí Evo Morales, con todo el respeto también a culturas originarias registrado por ejemplo en la Constitución del 2008, pero eso no ha asegurado continuidad.

Quiero que Jaime nos hable un poco sobre la situación en América Latina, algunas de las posibles causas y otros elementos que considere pertinentes.

Jaime Gómez Triana:  Yo escribí un texto, no sé si cumple todas las expectativas de lo que tú acabas de decir, pero creo que sí, que está conectado necesariamente con eso.

Agradezco a los organizadores la invitación. Es un lujo que la Asociación Hermanos Saíz mantenga un espacio como este que nos permite pensarnos y que también, de muchas maneras, nos confronta. “Dialogar, dialogar” nació para rendir tributo a Alfredo Guevara y quiero recordarlo a él hoy de manera especial, en este lugar que fue también su casa y la casa del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano porque él así lo quiso.

El tema que la AHS nos invita a debatir esta vez propone entre otros el análisis de los vínculos entre resistencia cultural y creación artística. Intentaré aquí un acercamiento preliminar a partir de mi experiencia profesional en la cual confluyen mi trabajo con teatrólogo y mi desempeño como director del Programa de Estudios sobre Culturas Originarias en la Casa de las Américas.

No obstante, necesariamente, debo mencionar antes la resistencia popular que emerge en la región –en Ecuador y Chile– como respuesta a la desfachatez del neoliberalismo y también la resistencia indígena que se levanta frente a ese terrorífico Golpe al Estado Plurinacional de Bolivia que ha remontado el proyecto colonial, excluyente, racista y fundamentalista de la conquista. Lo que ocurre hoy en Ecuador, Chile, Bolivia y ahora también en Colombia no solo nos obliga a expresar nuestra condena a las fuerzas coloniales represoras y nuestra solidaridad con los pueblos que luchan, sino que nos exige estar atentos y pensar-obrar-sentir sin ingenuidad.

Al abordar el tema de la resistencia cultural lo primero que salta a la vista es la necesidad de comprender a fondo la diversidad de actores y contextos que hacen parte de los disímiles procesos en los que esta aparece como una imperiosa necesidad de subsistencia. Ello nos permite evaluar la complejidad que entraña usar una noción que, como explicara Néstor García Canclini, en un texto publicado hace ya casi una década, “es una de las más gastadas y menos analizadas en la retórica crítica” (2010).

Hoy, si bien sigue siendo una noción poco estudiada es, además, uno de los términos apropiados por la derecha ultraconservadora e imperial para sustentar amañados procedimientos de subversión. Lo anterior obliga a poner apellidos a los procesos de resistencia siendo aquellos que enfrentan la hegemonía colonial-neoliberal los que en particular me interesan.

En estos tiempos las prácticas revolucionarias y descolonizadoras operan en un mundo en el cual, mediante la fuerza, pero también con la puesta en marcha de estrategias muy sofisticadas de “colonización del deseo” (Rolnik, 2019), se prefiguran escenarios –parques temáticos– para canalización sectorializada de la necesidad humana de expresar disenso.

Estos compartimentos estancos, que nos obligan a enfocarnos en temas específicos al tiempo que invisibilizan otros, buscan estandarizar los comportamientos, controlar las reacciones y conducir la atención de los individuos –individuos cada vez más individualistas–, hacia zonas alejadas de los fundamentales conflictos del mundo.

En estos sitios está permitido ejercer, dinero en mano, la única libertad posible: comprar, consumir. Lo ignoran algunos, pero, en verdad, formamos parte del ciclo que no solo nos hace devenir consumidores, sino que acaba transformándonos en mercancía, de modo que nuestra vida, como la del antiguo Sísifo, es reducida a una puesta en escena en la que permanentemente nos vendemos a nosotros mismos. Siguiendo esa lógica, podemos decir con claridad que la cultura de nuestro tiempo, que es la de un capitalismo neoliberal despiadado, se caracteriza por la manipulación a gran escala de las subjetividades –individuales y colectivas–, a través de muy sutiles e infinitamente diversificadas tácticas de dominación que operan mediante la exaltación de un egoísmo autofágico y sadomasoquista. Vivimos sumergidos y ahogados en un mundo que, al decir de Homi Bhabha, da “a la cotidianidad alienante un aura de individualidad, una promesa de placer” (2007).

No es raro entonces que cualquier vía que socave, aunque sea en muy pequeña escala, los fundamentos de esa cultura global que estandariza, unifica y quiebra todo vínculo con las esencias humanistas, sea asediada de la manera más acerba por el imperialismo y sus élites locales y trasnacionales o glocales, como algunos prefieren decir.

La justicia social, la solidaridad, la reciprocidad, la complementariedad ponen en crisis el sistema totalitario y homogeneizante y escapan de la lógica del carpe diem. La reemergencia de paradigmas alternativos al neoliberalismo, basados en las propias estrategias de resistencia de los pueblos, y el despliegue con éxito de procesos sociales de matriz descolonizadora, han puesto a funcionar la vieja maquinaria del exterminio, siempre engrasada. El golpe de estado en Bolivia viene a ratificar esa práctica en un subcontinente donde el descontento popular y su expresión ciudadana colectiva crecen y se fortalecen considerablemente.

La creación de un nuevo ejército de evangélicos fundamentalistas trae a escena al mismo protagonista con idéntico objetivo: divide y vencerás. Pero nada de esto es nuevo, esa es la lógica tras las sucesivas conquistas de Abya Yala, y, claro está, la que sostiene por casi 60 años un despiadado bloqueo contra nuestro país.

Entiendo la resistencia cultural como la acción-reflexión descolonizadora y despatriarcalizadora, que visibiliza, de manera dialéctica, las tramas subterráneas de la homogenización neoliberal y busca quebrar desde las macropolíticas, pero también desde las micropolíticas, las estructuras y las narrativas de la dominación imperialista.

No hay dudas de que es esta una batalla que se da fundamentalmente a nivel de subjetividades porque una de las tareas cardinales de esa maquinaria es ocultar los conflictos de clase, género y también los que resultan de los procesos coloniales de racialización. Por ello algunos investigadores hablan en la actualidad de la “invención de los pobres de derecha” como uno de los productos más exitosos del capitalismo de estos tiempos, consumidores sin conciencia de clase y sin voluntad transformadora.

Desde luego que si la estrategia es individualizar hasta la máxima expresión posible el mejor antídoto sería constituirse y fortificarse en comunidad, robustecer los lazos y redes que nos hacen uno con el otro y proteger, a lo interno, las dinámicas naturales de la diversidad, de modo que no sean utilizadas para desmontar las bases de una alianza que no ha de tener más aglutinante que la necesidad de defender la vida, de todos y todas, y el territorio donde esa vida se reproduce. Pienso, por ejemplo, en la resistencia de los pueblos indígenas del continente, avasallados permanentemente en la más absoluta invisibilidad y masacrados con las armas, la biblia, los virus, el dinero, el alcohol…

Son, sin duda, los pueblos originarios los que más genocidios y espistemecidios han resistido y de quienes más debemos aprender. Su unidad como pueblos radica quizás en un  hecho que no debemos olvidar. Para los indígenas la tierra es un ente vivo con la que estamos íntimamente relacionados, de modo que comunidad y territorio son una misma entidad no ya desde el punto de vista simbólico, sino también de manera muy concreta.

Si pensamos en la creación artística desde esta perspectiva coincidiríamos, tal vez, en que aquellas obras que contribuyen a la cohesión de la comunidad y a la afirmación de su identidad en un territorio determinado hacen parte de una cultura de resistencia frente al tsunami homogeneizador que individualiza y divide. Sin embargo, hay que ser conscientes de que no basta con sostener y enarbolar ese propósito.

Una obra de arte no es solo resultado de la voluntad del artista sino también de un conjunto de dinámicas institucionales diversas –el propio creador también lo es– y podría reproducir las estructuras e incluso los mensajes de dominación, o en peor de los casos contribuir a la afirmación de estos por un efecto de rebote. Es lo que suele pasar con el panfleto, con las obras que “denuncian” generalizando y con mucha creación-propaganda que acaba repitiendo las mismas fórmulas del melodrama, por ejemplo, y arrastrando, más bien empujando, a los lectores-espectadores con entusiasmo militante al campo enemigo.

No existe la cultura de resistencia sin el arte crítico, capaz de proponer al lector-espectador una estrategia activa de análisis de su realidad, una actividad que en lugar de adormecerlo lo desperece e involucre. Pienso en Bertolt Brecht y en su concepción del teatro épico que no descarta la diversión, pero aspira a una productividad, la cual no puede realizarse sin un creador con sentido crítico y con una intención definida. Al respecto dice Brecht:

Sin criterios y sin intenciones es imposible realizar verdaderas representaciones. Sin saber, es imposible mostrar. ¿Y cómo saber lo que vale la pena saberse? Si el actor no quiere ser ni un papagayo ni un mico debe hacer suyo el saber de su tiempo sobre la convivencia humana, participando en la lucha de clases. Es posible que a alguno le parezca esto rebajarse, ya que -una vez que ha quedado establecido lo que va a cobrar como actor-, coloca al arte en las más sublimes esferas.

Pero las decisiones supremas del género humano se conquistan en la tierra, no en el éter; en el “exterior” y no en los cerebros. Nadie puede estar por encima de la lucha de clases, ya que nadie puede situarse por encima de los hombres. La sociedad no posee ningún altavoz común mientras siga dividida en clases que se combaten. En arte, “permanecer imparcial” significa ponerse del lado del partido “dominante” (1998).

La pregunta “¿Y cómo saber lo que vale la pena saberse?” de Brecht me lleva a pensar en la necesidad de pedagogías decoloniales, las cuales al decir de   Catherine Walsh, son entendidas como:

(…) las metodologías producidas en los contextos de lucha, marginalización, resistencia (…) lo que Adolfo Albán ha llamado “re-existencia”; pedagogías como prácticas insurgentes que agrietan la modernidad/colonialidad y hacen posible maneras muy otras de ser, estar, pensar, saber, sentir, existir y vivir-con (2013).

Solo la voluntad de descolonización y de emancipación que implica la puesta en práctica del pensamiento crítico y de una acción transformadora que vaya más allá de la resistencia misma para “producir modos de subjetivación originales y singulares” (2015), puede activar una creación desregularizada capaz de transparentar los mecanismos de control, problematizar la existencia y poner a funcionar el tejido social en función de ese equilibrio del mundo del que hablaba Martí, o del “buen vivir” andino. Parecerá raro, quizás, que yo hable de buen vivir aquí, ahora que los dos países que han constitucionalizado ese principio indígena en el continente enfrentan una profunda crisis de paradigmas producto de la embestida neoliberal y la traición, porque sobre todo traidores hay en esta historia.

En realidad lo hago por la diferencia esencial entre la idea comunal de vivir bien, en equilibrio y armonía con el otro y con el ambiente, la madre tierra o la Pachamama si lo decimos en quechua o en aymara, y el vivir mejor que implica que algunos vivan mejor que otros, o sea que unos tengan más, acumulen más.

Pienso en el ayllu, la comunidad originaria andina, y pienso en la dinámica creadora del teatro de grupo latinoamericano que, afincado en el deseo de construir una comunidad utópica para la comprensión y expresión de nuestras realidades, ha propuesto, fundamentalmente a partir de la segunda mitad de siglo xx, un sinnúmero de experiencias de convivio que radicalizan la necesidad del ser humano de confrontarse en vida con el otro, interrogar nuestras realidades e interrogarnos.

Ese teatro vivo, inquietante, crítico, incómodo, distinto del drama culinario o antiespasmódico, que junta, en el caso de nuestra América, la práctica de Brecht con la del loco Antonin Artaud, ese amigo íntimo de Alejo Carpentier, que viajó a México para encontrar en los rarámuris o tarahumaras una conexión con la vida, humana y cósmica, que no existía en el París de la primera mitad de siglo. Ese quehacer efímero, pero orgánico, constituye un extraordinario reservorio de  escenarios y experiencias de resistencia.

Habría que mencionar sin duda el quehacer de figuras como Atahualpa del Cioppo, Enrique Buenaventura, Santiago García, Antunes Filho, Vicente Revuelta, Miguel Rubio y Flora Lauten, el trabajo de los grupos que ellos fundaron. Más acá en el tiempo y centrándome en Cuba podríamos mencionar a Nelda Castillo, Carlos Díaz, Carlos Celdrán, Rubén Darío Salazar, Fátima Paterson, como hacedores de una práctica siempre cuestionadora y revulsiva de esa realidad compleja que muchas veces se muestra en blanco y negro, perfecta o imperfecta, y que las obras de estos creadores discuten, porque nos obligan a abandonar nuestra zona de confort y a dirigir nuestra mirada hacia lugares incómodos de los que solemos apartar los ojos y la mente.

Obviamente, no toda creación teatral participa per se de esa cultural de resistencia, sin embargo, creo que en el teatro como manifestación se dan las bases para que esa cultura se exprese. Jorge Dubatti, un notable crítico y teórico argentino, nos recuerda:

(…) que el punto de partida del teatro es la institución ancestral del convivio: la reunión, el encuentro de un grupo de hombres en un centro territorial, en un punto del espacio y del tiempo. (…)  En tanto convivio, el teatro no acepta ser televisado ni transmitido por satélite o redes ópticas ni incluido en Internet o chateado. Exige la proximidad del encuentro de los cuerpos en una encrucijada geográfico-temporal, emisor y receptor frente a frente (…) (2007).

En la reunión de esa comunidad reflexiva que el mejor teatro activa me gusta ver un conjunto de claves que necesitamos comprender. La primera, no estamos solos. La segunda, no somos el centro del universo. La tercera, estamos realmente vivos, no somos zombis, podemos impedir ser convertidos en zombis, quizás, si el mal ha avanzado demasiado, podemos incluso dejar de serlo. “Que nos vean la vida”, decía Martí a sus colaboradores del Partido Revolucionario Cubano, y es recomendación totalmente vigente y lo será aún en este mundo atestado de muertos vivientes, gente hastiada, malgeniosa, amargada que se cruza en nuestro camino diariamente y que a veces se convierte en el camino mismo.

La cultura del mundo occidental actual impone el miedo al otro y propone la soledad del corredor de fondo como salida o refugio. El teatro que prefiero rompe ese aislamiento, busca complicidades y, aunque presente las cosas más terribles, esclarece y conjura, dos cosas que arte en resistencia está obligado a hacer.

Meyerhold y Vajtangov, ambos discípulos de Stanislavki, solían decir, a contrapelo de los postulados de su maestro, que en el teatro el único estado posible era la alegría (Ver Meyerhold, 1988 y  Gorchakov, 1962). Sé que hay mucha gente enojada que ha hecho grandes obras que nos enseñan mucho sobre los fracasos del ser humano, pero creo que la mejor de las batallas es la que se combate usando, lo que refiriéndose a Martí, Fina García Marruz denominó, “el amor como energía revolucionaria” (2004).

No sé si el amor de Martí es exactamente el mismo de los Beatles – por aquello de “all you need is love”–– pero sí estoy seguro de que es el mismo estado que Meyerhold y Vajtangov llama alegría, un estado que congrega en la disposición a actuar, que conmina a hacer lo que hay que hacer. El amor y la alegría, no solo son las armas de la resistencia, son las herramientas de la resiliencia, los motores de la acción transformadora que se necesita, sea cual sea la escala de esa metamorfosis.

Porque podemos asumir que hemos perdido la guerra cultural o seguir pelando, sin odios como también decía Martí – en frase que, por cierto, ha sido recordada recientemente por un autoproclamado maestro de democracias—, sin odio, sí, “pero –y vuelvo a Martí— ni una línea atrás de nuestro absoluto derecho” (en García Marruz, 2004). Qué es digo yo el derecho fundamental, obvio, a la vida.

Vivir una cultura de resistencia nos exige no dar nada por sentado, preguntarnos una y otra vez con qué espejuelos miramos el mundo, desmontar el colonialismo internalizado en nosotros mismos y a interactuar conscientemente con los demás, lectores, espectadores, y también con el resto de las instituciones no para afincar nuestro ego, sino para disolverlo en esa acción que transforma y construye. No será fácil claro, habrá traiciones, distorsiones, derrotas, y aprenderemos de ellas si estamos en vida y no nos dejamos matar.

En su último ensayo, Roberto Fernández Retamar, a quien no puedo dejar de recordar si se habla de creación y resistencia porque a él debemos ese Caliban nuestro americano, que sigue siendo una extraordinaria metáfora de la potencia emancipadora y descolonizadora que hay que preservar, proponía una interrogante que hoy, si miramos a Bolivia o a Haití es aún más pertinente. Se preguntaba el poeta:

¿Qué destino es dable esperar, para un mundo sumido de modo creciente en la barbarie, de quienes, mientras consideran inferiores a etnias que no son la suya y como tales las tratan (así habían actuado los nazis), niegan cosas tan obvias y tan peligrosas para todos, incluso desde luego para los Estados Unidos, como el calentamiento global?

“A pesar de la respuesta que al parecer se impone –proponía el autor más adelante— volvamos a confiar en la esperanza” (2019).

El amor de Martí, la alegría de los directores de teatro rusos y la esperanza que siempre invocaba Retamar soy hoy mis calves para entender la resistencia. Confiemos en los pueblos y asegurémonos que estamos del lado de los que aman y construyen esa sociedad más justa que traerá, en palabras del paradigma indígena andino, el tiempo del Buen Vivir.

Yasel Toledo Garnache:  Abel, ¿cuál sería la cultura de nuestro tiempo, a cuál nosotros debemos aspirar?  ¿Es posible lograrla? ¿Cuál debe seguir siendo el papel de Cuba en el panorama internacional?

Algunos analistas dicen que toda esta ofensiva despiadada en América Latina de la derecha, del imperialismo, se debe en parte al temor de Estados Unidos a que potencias como China y Rusia sigan avanzando y lo superen económicamente y se conviertan en un frente alternativo. Aseguran que por eso desean tener más asegurado que nunca el patio trasero, desean tener muy bien asegurada América Latina.  Cuba es fundamental en todo ese proceso de descolonización que nos decía Jaime, y yo no quiero dejar pasar por alto tampoco que, por ejemplo, la quema de la wiphala, en Bolivia, tiene una carga simbólica enorme. Quemar esa bandera era quemar también parte de la cultura, de las esencias del alma y el corazón boliviano, un corazón que debe seguir latiendo con mucha fuerza.

En eso Cuba es muy importante, pero debemos estar conscientes también de cuánto podemos aportar cada uno de nosotros en ese sentido, y de eso se trata también, de esforzarnos por hacer todo lo mejor posible y estar conscientes de cada uno de los procesos.

-Abel Prieto Jiménez:  A mí me parece que Cuba hoy, como decía Jaime, sin ahora creernos que somos el ombligo del mundo, significa mucho para nuestra región e incluso para el mundo.  Yo tuve el privilegio hace unos meses, en una delegación que organizó el Partido, de estar en tres festivales de Partidos Comunistas europeos.  Uno en el que nunca había estado es el del periódico Avante, del Partido Comunista de Portugal; otro que ya conocíamos: el festival de L’Humanité en Francia, París, y el Mar y Fiesta, que es un festival del Partido del Trabajo de Bélgica, y una de las cosas que me llamó la atención, y la comenté mucho con la compañera del área internacional del Partido que me acompañó, es que Cuba está presente en todo momento, todas las delegaciones, toda la gente, de cualquier parte, tiene referentes como el Che, Fidel, banderas cubanas…

Es decir, nosotros a veces ni nos damos cuenta de cómo se han universalizado los símbolos de la resistencia cubana. Nosotros somos un símbolo de la resistencia, entendiéndola como la explicaban Gisell y Jaime y también como pudiera explicarlo cualquiera que traduzca eso en mantenerse a toda costa, mantener tus principios a toda costa.  Eso no se puede considerar retardatario Hay gente que rechaza la idea de la cultura de la resistencia porque piensa que hay que pasar a la ofensiva, que no podemos conformarnos con resistir, sino que hay que, digamos, avanzar hacia el futuro luminoso que nos aguarda, como el viejo chiste de Radio Armenia.  ¿Ustedes no han oído hablar de Radio Armenia? (Le dicen que no).  Son demasiado jóvenes.  Olguita, tú que eres del Partido me tienes que ayudar… Tú estás más orgánicamente instalada en nuestro Partido, pero, bueno, nuestro Partido no tiene nada que ver con el estalinismo.

Yo siempre recomiendo que se lean el libro Raúl Castro, un hombre en revolución, porque  es una biografía de Raúl, pero es al mismo tiempo una historia de los  vínculos entre la Cuba revolucionaria y la Unión Soviética, las distintas coyunturas, y es un libro muy crítico con lo sucedido allí, y hay cosas que tú entiendes del derrumbe de aquel socialismo a través de ese texto.

Entre las cosas que nos dejó aquella etapa están los chistes.  Yo soy un apasionado de los chistes, yo tengo Alzheimer, a mí se me olvida todo menos los chistes; alguna zona de mi cerebro almacena los chistes, lo que tengo que hacerlo rápido.

Yo hice un librito que se llama El humor de Micha, la crisis del socialismo real a través del chiste político que se publicó en Argentina, en Portugal, en Italia, y yo lo quería meter dentro de un libro aquí en Cuba, no lo quería publicar solo, pero, bueno, uno de esos chistes tiene que ver con Radio Armenia. Radio Armenia era una emisora de radio que contestaba preguntas de los oyentes, entonces decía: Aquí Radio Armenia contesta a un oyente que nos pregunta qué cosa es el comunismo.  Buscamos en nuestro diccionario y dice: “Comunismo, horizonte luminoso que nos aguarda”.  Si no sabemos la palabra horizonte, buscamos en el diccionario y dice: “Línea imaginaria que se aleja a medida que tú te acercas”.  Esas eran las cosas de Radio Armenia.

Otro que decía: Otro oyente nos pregunta si es posible construir el socialismo en Suiza, le decimos que sí, pero que sería una lástima.  Es decir que era muy subversiva Radio Armenia.

Y a mí, la primera vez que salí de Cuba fue en el año 1978, ustedes ni habían nacido. La antigua Unión Soviética me impresionó mucho; pero una de las cosas que me impresionó fue que todo lo que me mostraban en los recorridos era optimista, había una especie de triunfalismo en aquellos años, finales de los ’70, principios de los ’80.

Ya el Che había visto la fisura de aquel modelo, ya Fidel empezaba a ver esa fisura.  De hecho, la Revolución cubana había sido una herejía con respecto a los esquemas que predominaban en esos países.  A nosotros nos dieron un curso en el Doscomitat de la URSS, que era como el Instituto del Libro, y un profesor nos habló del Che como un aventurero, imagínense decirle eso a los cubanos.  Al hablarnos del Che como un aventurero todos levantamos la mano, y el hombre se arrepintió, se hizo una autocrítica rápidamente y ya no habló nunca más del Che, ni allí ni en ninguna otra clase.  Pero, bueno, fíjense qué locura reducir el Che a esa imagen tan supuestamente romántica y al mismo tiempo inútil.

Pero qué pasaba después que terminaba el día de recorridos, exposiciones, gente que te llevaba a lugares para que tú vieras la productividad, cómo el país avanzaba a toda velocidad.  En aquella época se hablaba de que el comunismo estaba a la vuelta de la esquina. Tu escuchabas “comunismo” y decías: eso es algo que está al cantío de un gallo, como solían expresar antes los campesinos cubanos.

¿Qué pasaba cuando caía la noche?  El traductor, que siempre se hacía amigo tuyo, porque los cubanos tenemos ese don de hacer amistad con la gente, no somos retóricos. El traductor sacaba una botella de  vodka, casero, había un vodka casero que se llamaban Samagón, que según algunos quiere decir hecho para mí mismo, es decir, era como un aguardiente fabricado para consumir ellos mismos.  Entonces sacaba un papel de estraza y unos arenques horribles que te espantaban, pero después que te tomabas tres vodkas de aquello el arenque aquel te sabía maravilloso, y ahí empezaban los chistes.

De pronto el reverso de todo aquello que habías visto tan luminoso, tan sólido, con tanta gente sonriente, mirando hacia el futuro, de pronto venían los chistes que eran terribles,  eran chistes que nunca, ni los peores chistes gusanos de Cuba eran como eso, porque eran chistes viscerales, de un anticomunismo visceral, nunca los chistes nuestros fueron así.  Aquí los chistes eran de la libreta, de cómo la gente se iba del país, los hay todavía; qué había que hacer para conseguir un jabón en los años ’90. Y los chistes soviéticos, los chistes checos, los chistes polacos eran verdaderamente escalofriantes y reflejaban las fisuras culturales del sistema.

Una de las causas esenciales de ese derrumbe fueron los errores en términos culturales, no solo estoy hablando de arte y literatura, sino los errores en términos de no haber logrado construir una nueva visión del mundo, una nueva conciencia, los errores asociados a la quiebra de la subjetividad.  Recuerden que los teóricos soviéticos ni siquiera asimilaban a Gramsci, que nosotros lo leímos aquí en Cuba primero gracias a ediciones que nos llegaban de Argentina, y después se hizo la Cátedra Gramsci en el Centro Marinello, que la dirigía Fernando Martínez Heredia; se hizo una edición digital que está en todas las bibliotecas de Cuba.

Es decir, hicimos lo posible por colocar a Gramsci en circulación en Cuba, porque por ejemplo en mi época en la Universidad apenas se tocaba a Gramsci.  Estaba visto como alguien que no era absolutamente ortodoxo, había como una duda, una suspicacia, porque Gramsci le concedía un enorme papel a la subjetividad.  Y yo repito siempre que eso de “Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”, que lo dijo, como todos sabemos, Martí, lo hubiera firmado Gramsci sin dudarlo.

Muchas de las ideas de Fidel: “Toda revolución es hija de la cultura y las ideas”, “Sin cultura no hay libertad posible”…, todo eso son cosas que tienen mucho que ver con Gramsci.  Gramsci decía que tú puedes tener el poder militar, puedes tener el poder político, puedes tener el poder económico, pero si no tienes la hegemonía cultural lo que tú estás construyendo es frágil, es reversible.

Yo creo que en estos momentos que vive Cuba nosotros tenemos que ser cada vez mejores en el sentido de garantizar la irreversibilidad de la Revolución cubana, es muy importante trabajar en el campo teórico.  Yo creo que haya gente tan joven como Gisell, y también muy joven, aunque no tanto como Gisell, como Jaime pensando en estas cuestiones es muy favorable  Yo recuerdo que le hablé mucho a Luis Morlote -actual presidente de la UNEAC-, a Rubiel García -anterior presidente de la AHS-, a distintos compañeros de la dirección de la Asociación sobre la importancia de la beca de investigación Che Guevara, que entrega la AHS.  Dicen que se mantiene, pero tú me dices a mí ahora quién ganó la última beca Che Guevara y no te sé decir.  Eso hay que convertirlo en un acontecimiento.

Yo escuchaba con un íntimo dolor la canción de trovador al principio y hablaba de “no me ponen en televisión porque no vendo, y es un círculo vicioso”.  Y si no sales por televisión no te conocen mucho. Lamentablemente ser famoso en este país pasa por algunas concesiones escalofriantes, para mí.  Y él está defendiendo en el más puro espíritu de la cultura de la resistencia su creación no comercial.

Cada decisión política tiene que tener detrás un diseño comunicacional. El otro día yo estaba razonando respecto al Premio ALBA de las Letras y las Artes, que se suponía era como el Nobel que daba el ALBA, ¿quiénes ganaron el premio ALBA?  Lo ganó Roberto Fernández Retamar, el cineasta boliviano Jorge Sanjinés, Silvio Rodríguez, Alicia Alonso…  De eso se enteraron muy pocos.  Por supuesto, el gran aparato mediático va a silenciar eso sin piedad, pero, bueno, nosotros hoy tenemos por fortuna TELESUR, tenemos las redes, y pocos se enteran de cuestiones tan importantes.

Es decir, la idea de que mediáticamente se conozcan los valores de la cultura de la resistencia y de la revolución y del progreso, la cultura no de la tontería, de la frivolidad y de la estupidez, eso hay que promoverlo por todos los medios a nuestro alcance.

En Caracas hubo un evento en diciembre del 2004 con la red de intelectuales y artistas en defensa de la humanidad.  Fueron más de 700 intelectuales y artistas, incluidas personas muy sobresalientes en el pensamiento crítico universal, y pocos se enteraron de lo sucedido allí.  Y la gran crítica fue que era una reunión de viejos.

Muchos mecanismos de legitimación están en manos de la derecha. ¿Por qué nació el Premio Rómulo Gallegos en Venezuela?  Para contrarrestar la influencia del Premio Casa de las Américas.  ¿Por qué empezaron a llover premios, becas…?  La Academia norteamericana empezó a contratar a pensadores de América Latina y a fragmentar el pensamiento utópico.  Entonces, ¿qué pasa?  No había jóvenes artistas y escritores que en los ’70 hubieran, digamos, tenido una obra valiosa, nadie los conocía, porque no estaban en ningún circuito, y el esfuerzo del ALBA por crear una especie de circuito alternativo no tuvo efecto. A veces, las propias premiaciones eran como en silencio, entre nosotros ahí, el día el acto y ya después se te olvidaba a los diez minutos.

Por eso la cultura de la resistencia tiene que ver con la memoria.  Tenemos que luchar por la memoria, porque también la batalla sea en torno al presente y al futuro y en torno al pasado.  Están haciendo una relectura en la derecha, de la historia del siglo XX y de la historia del proceso revolucionario, y hoy tenemos en España que la tercera fuerza política es un partido franquista, pero sin ningún pudor, y Camacho es como líder de un movimiento juvenil, la Unión Juvenil Cruceñista en Bolivia, ¿ustedes han visto cómo saludan los de la Unión Juvenil Cruceñista? Es el saludo nazi.  Es verdad que es la espada y la cruz.

Y esa, Jeanine Áñez, presidenta de facto en Bolivia, entró a la casa de gobierno con una biblia que casi la aplastaba, una biblia enorme, ni diez Larousse pesaban tanto como la biblia aquella.  Era una cosa realmente monstruosa.

Ximena, estudiante chilena presente en el público: Mi país también está sufriendo mucho. El gobierno y las fuerzas militares tienen prácticas horribles, matan, dejan ciegos a muchos jóvenes. Lo mejor de la juventud chilena de los años `70 del siglo XX fue asesinada. Aquello más que dictadura fue un exterminio. Eso provocó que ahora no existan tantos intelectuales grandes, con experiencia, madurez y un pensamiento de izquierda

ABEL PRIETO.  Yo creo que el hecho de que la gente en Chile haya despertado, incluidos numerosos jóvenes, te dice que hay reservas de rebeldía popular.

Ximena: Ansias de descolonialismo.  La plaza que se llamaba Plaza Italia hoy fue nombrada por el pueblo la Plaza de la Dignidad. Eso más que interesante es emocionante.

Abel Prieto: Hay fuerza en los pueblos nuestros, y la gente perdió el miedo.  En Chile había un cartel que decía: “Nos quitaron tantas cosas que nos quitaron el miedo”.  Son verdaderamente ejemplos extraordinarios.

Y yo creo que en Cuba ya una vez recibimos muchos chilenos acá, muchas familias vinieron, como vinieron del Cono Sur y vinieron de muchos lugares, pero la idea de que nosotros tenemos una responsabilidad también no solo ante nuestro pueblo sino ante el mundo, tenemos deberes que nos trascienden como país en estos términos de resistencia, en estos términos de proyección revolucionaria, es muy importante.

Lo que le están haciendo a Venezuela no tiene piedad.  Ahora mismo con nosotros creo que fue antier otra compañía puesta en la lista negra de la que nos traía petróleo, porque la idea es asfixiarnos.

En septiembre el país funcionó, hasta donde pudimos funcionar, con el 30% del combustible.  Fue el momento de mostrar la capacidad de resistencia de este país en condiciones muy desventajosas, porque persiguen las transacciones financieras.  Ahora nosotros una de las ideas que teníamos con el tema del Alba Cultural era un Amazon del Alba, pero para hacer un Amazon del Alba, es decir, es una tienda digital que tú puedas comprar un libro, puedas comprar un disco, un afiche…

Pero el bloqueo impide que tú uses tarjetas de crédito para hacer transacciones.  Es decir, es una operación de estrangulamiento.  A nosotros nos ha ayudado mucho reírnos de nuestros propios problemas; el sentido del humor nuestro nos ayuda.  Pero hay que mantener a la gente informada, darle mucha información.

Ahora con el tema de la historia y la memoria, hay mucha trampa sobre si la Cuba de los años ’50 era una Cuba llena de luces, llena de glamour, llena de turistas, los artistas de Hollywood venían, se pasaban dos o tres noches, jugaban en los casinos, iban a algún prostíbulo.  Aquí había hasta mafia.

Yo creo, Yasel, que nosotros sí tenemos que buscar las fórmulas de hacer cada día mejor nuestro socialismo, hacerlo cada día menos burocrático, cada día menos formal.  Alguien hablaba, no sé si Jaime o Gisell de la retórica, y yo creo que ese no es el camino en absoluto.

Creo que hacer cosas cada vez que tengan que ver con lo esencial de la Revolución cubana, que fue siempre antirretórica, que fue siempre antiburocrática, que fue siempre antidogmática, que fue siempre antisectaria.  Y para los yanquis que hoy nuestro presidente Miguel Díaz-Canel haya alcanzado gran popularidad tiene que ser una derrota dolorosísima, y para los nietos de batistianos –no deben quedar muchos batistianos de primera generación–, pero para los nietos y bisnietos de los batistianos tiene que ser muy doloroso eso, porque ellos sacaron la cuenta de que después de Fidel y Raúl la Revolución cubana no iba a poderse mantener. Y el hecho de que no solo Díaz-Canel, tú tienes en Santiago a Lazarito Expósito, tienes a Luis Torres Iríbar aquí en La Habana, tienes mucha gente joven, ministros, gente muy joven y muy valiosa, y muy brillante, dirigiendo el país en puestos claves.  Eso tiene que ser muy doloroso para esa gente.

Y hubo un Consejo de la Unión de Escritores y Artistas –yo lo cuento no sé dónde, en algo que escribí— en que Fidel habló de que se había desclasificado una orden presidencial en Estados Unidos que decía que había que impedir, aunque fuera por la fuerza la sucesión de Castro.  Eso lo comentó Fidel con los artistas y los escritores.  Es decir, la idea de que había que aprovechar un momento en que se podía debilitar la autoridad revolucionaria para intervenir.  Y, fíjense, no pudieron hacer eso: Fidel se enfermó y Raúl siguió.  Y Raúl incluso emprendió unas transformaciones verdaderamente de una audacia excepcional.  Ahora está Díaz-Canel con un trabajo también valiosísimo.

Fíjense que es el mismo estilo de Fidel, de Raúl, de contacto con la gente, que fueron cosas que faltaron allá, que fallaron en aquellos países socialistas.  Tú veías llegar las limosinas aquellas oscuras; no les podías ni ver la cara a los dirigentes, pasaban con unas cortinillas.

Hay un chiste genial. Dicen que viene la mamá de Leonid Ilich Brézhnev, Secretario General del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, a verlo, y la mamá es una ancianita que viene con una cesta, con un pato y unas nueces, y entonces dice: “Mi hijito, ¿cómo estás?  Y él le dice: “Ven mamá, vamos a darte una vuelta”.  Y monta a la viejita en el helicóptero.  Le dice: “Mira, mamá, esa es la dasha (significa regalo de Dios) donde yo siempre cuando estoy estresado vengo y descanso, mira qué bonito es ese bosque”; “mira mamá ese es el lugar donde yo cazo perdices en el verano”, “mira mamá este es el lago donde yo pesco truchas” o lo que fuera, truchas soviéticas (RISAS), y de pronto la vieja se echa a llorar, y le dice Brézhnev: ¿pero qué te pasa, mamá?  Y dice la mamá: “Ay, mi hijito, ¡cuando vengan los comunistas te van a quitar todo esto!”

(RISAS)

Esas son joyas que me contaban los traductores.  Increíblemente yo no tenía ningún librito para anotar, y eso fue acumulándose, y yo escribí el ensayito ese El humor de Misha de un tirón en 1995, y Armando Hart le hizo el epílogo a ese librito.  Hart era un hombre brillante, extraordinario, una persona a quien yo admiro y quiero mucho siempre, y lo quise mucho y lo admiré mucho, y era un hombre obsesionado por entender las causas del derrumbe.  Y ese libro le interesó mucho.

Quiero publicarlo en Cuba, pero no solamente con los chistes. Es un libro duro, no me gustaría publicarlo así, sino con algo más. Muchos chistes búlgaros, checos, polacos, presentan la imagen colonial que había en esos países con respecto a la Unión Soviética.  La Unión Soviética era como la colonia, ellos sentían que era una autoridad colonial.

Esto era lo que deseaba compartir con ustedes. Gracias. (APLAUSOS)

-Yasel Toledo: Ahora pueden comentar o preguntar lo que deseen.

-Iramís Rosique, estudiante del Instituto Superior de Relaciones Internacionales: Buenas tardes, quiero felicitar a los tres panelistas, por sus interesantes sus intervenciones.

En Cuba vivimos una guerra cultural. Algunos piensan que este fenómeno de la hegemonía cultural es simplemente un tema de discurso y que las verdades se pueden seguir diciendo como en los años ’80 del siglo XX. Eso no combate, lo que hace es provocar rechazo. En ese sentido tenemos que preguntarnos cómo elaborar mejor nuestros discursos. Tenemos determinadas limitaciones teóricas, no se habla del marxismo, a veces tratamos las cosas de manera muy superficial. Y la profundidad es esencial para el proyecto revolucionario

-Maria Luisa Hidalgo (Profesora jubilada).  Escuché a Yasel introducir la actividad y nos ubicó rápidamente en las características que tiene la circunstancia actual, una circunstancia compleja, y yo me remití mentalmente a esas otras que ustedes también fueron trayendo a colación en las magníficas exposiciones. Efectivamente, para resistir hay que reconocer las formas de dominación que se nos imponen. Es vital mantener la autoestima, el valor que como país tenemos. Eso debe ser una batalla cotidiana.

-Orlando Escobar (Ingeniero Industrial).  En todo esto de resistencia y creación organizaciones como la UNEAC y la AHS serán siempre imprescindibles. No debemos darnos por vencidos para que lo mejor llegue a todos, porque realmente la banalidad gana espacio a un nivel increíble. Debe existir más articulación, pues a veces siento que hay muchos focos de resistencia dispersos.

Debemos preguntarnos también, por ejemplo, por qué las iglesias a veces tienen más poder de convocatoria que algunas instituciones, y ahí van ingenieros, profesores, campesinos, dirigentes…

-Olga, funcionaria del departamento ideológico del Partido Comunista de Cuba:  Me ha encantado todo lo que hemos compartido esta tarde.  Me gustó mucho escuchar eso de que el amor y la alegría son armas de resistencia.  Dialogar, dialogar es un espacio importante de resistencia y creación.  A mí me encanta porque digo: “Bueno, cuántas fortalezas tenemos, cuánto vuelo tenemos, cuánto podemos hacer.”  Debemos lograr que llegue a más personas, socializar estas ideas, los análisis.

-Daymé Castañeda:  El tema es también es el momento que estamos viviendo sobre todo a nivel de las redes sociales, que es el espacio donde mucha gente ha ido a parar, sobre todo en las universidades, incluso van mutando de una red social a otra por razones de lógica, por ejemplo, los adolescentes hoy se mueven en Facebook, y se van moviendo para otros lugares y van surgiendo líderes de alguna manera que los atrapan porque manejan sus propias dinámicas … Por ejemplo la educación cubana no acaba de adoptar esos códigos en los procesos de enseñanza, y cuando se instauran no se logran. También los  profesores están en una sintonía diferente porque no son los códigos que manejan.  Pero entonces los muchachos ven la escuela y las instituciones tradicionales como algo pesado con lo que hay que convivir, pero el espacio donde se refugian y donde escapan son las redes.  No se logra articular análisis que después se potabilicen para lograr estrategias concretas

-Abel Prieto.  Creo que Daymé, definió muy bien el reto principal que tenemos. Es traducir lo que quisiéramos defender, lo que quisiéramos promover, a los nuevos códigos sin traicionar lo esencial de ese mensaje.  Por ejemplo, cómo lograr que Martí no sea una pieza de museo, cómo lograr que Martí sea un contemporáneo, cómo lograr que Fidel no se nos aleje, que Fidel sea un contemporáneo.  Y evidentemente hay nuevos lenguajes, nuevos códigos, y  hay esas fisuras que decía Daymé entre las generaciones digamos más viejas, las menos nativas, las más remotas.

Algunos compañeros incluso en los medios caen en la trampa de buscar los códigos de la agenda hegemónica, los códigos de la televisión miamense, los códigos del mundo del reality show para tratar de enganchar a la gente más joven.  Y realmente, a mi juicio– es una valoración mía–, creo que lo que hacen es reforzar entonces ese mundo de la tontería.

Yo creo que nosotros tenemos que tratar de entender mejor estos fenómenos, y tratar de poner todo ese instrumental que tenemos en las instituciones, de sociólogos, psicólogos, y tratar de entender un poquito más este fenómeno, las reacciones.

Respecto a lo de las iglesias y lo religioso. En América Latina, por ejemplo, en Centroamérica, está muy claro qué pasó. Ahí los yanquis pusieron mucho dinero, y supongo que aquí también.

Ahora tú hablabas algo que a mí me dejó pensando, que también era importante la presencia de profesionales asistiendo a esas iglesias. Son cosas para estudiar, yo no tengo una respuesta clara.  Yo recuerdo que cuando estaba en la Escuela de Letras a mí me mandaron al Escambray, y allá había muchos testigos de Jehová, y había muchos campesinos que eran creyentes de todas estas doctrinas.  Ustedes saben que los testigos de Jehová no permiten que los niños canten el himno, no pueden ponerse transfusiones de sangre, vaya, un grupo de limitaciones que van incluso contra la salud de un niño.

¿Pero qué hacían los testigos de Jehová?  Había una familia que tenía un enfermo y al amanecer había un testigo de Jehová con una sopa de pollo de esas, un caldito para el enfermo; si en una familia habían botado del trabajo a un miembro de la familia iban y la visitaban y le daban alguna ayuda económica, cosa que a veces nosotros no hacemos, cosa que tenemos que hacer nosotros.

Yo recuerdo que Fidel decía que el revolucionario tiene que ser como un misionero e ir de puerta en puerta como un misionero llevando la verdad de la Revolución, llevando los argumentos. Yo creo que es un momento en que el trabajo diferenciado es necesario.  Nosotros nos hemos acostumbrado mucho a pensar que hacemos un acto que quedó muy bien, al final la famosa frase: ¡qué linda quedó la actividad!  Ahora, una actividad puede ser un velorio, puede ser un acto.  ¡Pero qué linda quedó la actividad!   Pero hay que ver muchas de estas dudas y de cosas que tienen que ver con el trabajo y con la gente, las dudas que pueda tener la gente.

Y yo creo que el principal tema hoy a mi modo de ver es lograr nosotros, los revolucionarios de todas las generaciones activas en este momento en este país la hegemonía anticapitalista, lograr que haya un sentimiento generalizado de rechazo al capitalismo.

¿Qué desventajas tenemos, Ximena, tú que vienes de Chile? Hay cosas que en otros países de nuestra América son impensables.  La educación gratuita y universal, es una de las batallas que están dando ustedes, aquí desde hace muchos años es un derecho adquirido, se considera algo natural.  Que tú llegues a un hospital y te atiendan.  La salud gratuita y universal.  Parecen cosas simples aquí… Todos estamos habituados a eso, pero en otros países tú hablas de eso y te dicen: Este hombre está viviendo un delirio hablando de educación y salud gratuita y universal  Pero son cosas que tienen que ver con el Socialismo… Ustedes todos nacieron bajo el bloqueo, ustedes no vivieron determinada etapa, cuando con el salario se podía ir a un  hotel en pesos cubanos, recorrer Cuba, la gente iba y daba una vuelta a Cuba.

El turismo internacional empezó aquí con la crisis, nosotros nunca fomentamos el turismo internacional.  Aquí los hoteles se hicieron para los cubanos, esa es la verdad.  Nosotros lo que hemos ido adecuando nuestra utopía a las condiciones a veces tremendamente tensas y difíciles, pero realmente nunca se pensó que fuera para el turismo extranjero.

¿Que hubiera dos monedas?  Yo recuerdo cuando Fidel en Santiago de Cuba habló de la legalización del dólar y de las tiendas para dólares.  Eso fue muy duro para el propio Fidel, porque de pronto un maletero de un hotel ganaba más que un cirujano en el mejor hospital. Era así, la famosa pirámide invertida.  Son cosas que hemos ido tratando de resolver, pero tampoco nos han dado posibilidades.  Nosotros hemos construido utopías que las condiciones nos han permitido con las ideas más nobles.  ¿Pero qué puede pasar? … A mí me alegra mucho que la gente joven viaje y viva su aventura capitalista. El narcotráfico, las bandas armadas son fenómenos en gran parte del mundo, pero aquí no.

Es casi milagroso que en este país no haya entrado la droga estando precisamente en el cruce del tráfico de la droga de sur a norte.  Hay droga, sabemos que hay focos de drogas, que hay pastillas, pero son pequeños focos, aquí la droga no es un problema social.

No tenemos bandas armadas, no tenemos narcotráfico, no tenemos tráfico de gente, aquí no te van a secuestrar nunca.  Son cosas que parecen colaterales, pero no lo son…  Aquí se extirpó la prostitución, compañeras y compañeros, en este país que era el prostíbulo de los yanquis hasta la propia idea de vender tu cuerpo a cambio de algo material fue extirpado.  Mi generación vio con orgullo que eso desapareciera.  Y en el período especial algo de eso volvió.

Las crisis crean retrocesos en las normas morales muy graves.  Y aquí tuvimos esos problemas a una determinada escala.

El capitalismo nunca será lo mejor, constituye una guerra permanente por aplastar al de al lado, por salir adelante, además de estar acabando con el planeta. Eso no creo que sea un sistema triunfador

 

Transcripción del espacio Dialogar, dialogar, realizado el 27 de noviembre de 2019 en el Salón de Mayo, del Pabellón Cuba.

 

Acerca de Yasel Toledo Garnache

Vicepresidente nacional de la Asociación Hermanos Saíz. Fue subdirector editorial de la Agencia Cubana de Noticias. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, y Mejor Graduado Integral de la Universidad de Holguín (2014). Periodista, ensayista y narrador. En twitter: @yaseltoledo10. En Instagram: YaselToledoGarnache. En Youtube: Mira Joven (Cuba). E-mail:yasegarnache@gmail.com

Publicado el 10 de enero de 2020 en Asociación Hermanos Saíz, Espacio Dialogar, dialogar. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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