Primero en Cuba

El uso de las calumnias y las campañas difamatorias contra Cuba cumple el propósito de justificar la pronunciada hostilidad del Gobierno de EE. UU. contra nuestro país. Foto: Rafael Martínez

Por Yasel Toledo Garnache

Poesía y disparos. Un himno y machetes. Belleza y amor sin límites a Cuba y los sueños. Hombres ricos que abandonaron el oro y las comodidades para irse a la manigua, señores que liberaron a sus esclavos y pelearon junto a ellos como hermanos… Ejemplos tremendos de que ya en aquella etapa, en el siglo XIX, para un grupo de hombres, lo más importante era este archipiélago y su gente, por encima de individualidades. Esos son indudablemente versos puros, decisiones y hechos dignos del recuerdo eterno.

En nuestras mentes resaltan nombres como Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria; Fran- cisco Vicente Aguilera, llamado por el Apóstol «el Millonario Heroico, el Caballero Intachable»; la joven Cambula (Candelaria Acosta), quien confeccionó la bandera que ondeó el 10 de octubre de 1868 en La Demajagua; Rosa Castellanos, enfermera y capitana mambisa; Mariana Graja- les, madre de los Maceo, fuente de valor y estirpe sin límites; José Martí, Héroe Nacional; las heroínas de la Sierra y el llano Celia Sánchez y Vilma Espín; Ernesto Che Guevara, Fidel y Raúl…, todos poetas desde sus acciones para bien del país y los sueños colectivos.

«Pensemos primero en Cuba», nos pide actualmente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, y es inevitable reflexionar sobre esa conexión simbólica, en varias páginas de la historia nacional, y la suerte tremenda de ser hijos de tanta luz y hasta de los momentos de manchas, que también enseñan, a veces con demasiado dolor. A nuestra mente viene, además, aquella frase del Apóstol: «Con todos y para el bien de todos», la cual nos debe guiar por siempre.

En el más reciente acto por el aniversario 66 de los asaltos a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, tierra de iniciadores, Díaz-Canel recalcó: «No me cansaré de insistir en el deber de pensar como país, de espantar el egoísmo, la vanidad, la desidia, la chapucería, el “no se puede”. Dejemos de creer y afirmar que la culpa es del otro sin mirar antes qué estamos haciendo, creando, aportando cada uno de nosotros».

También puede leer Discurso de Miguel M. Díaz-Canel Bermúdez en el Acto por el aniversario 66 del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en la Plaza de la Patria, Bayamo, 26 de julio de 2019.

Pero, ¿cómo demostramos en todo momento que verdaderamente somos útiles al objetivo mayor?, ¿cómo somos consecuentes con ese propósito noble y necesario en tiempos de transformaciones no solo en lo económico? Eso no depende de palabras, manuales, disquisiciones teóricas ni afanes de convertirnos en superhéroes. Lo más importan- te, como primer paso, es el deseo de ayudar desde cualquier lugar o responsabilidad, con plena conciencia de que la inteligencia y el trabajo en conjunto son fundamentales para avanzar con solidez.

La segunda década del siglo XXI cubano seguramente será centro de numerosos análisis en el futuro. En este periodo la Revolución en el poder arribó a sus 60 años de vida en medio de numerosos retos y la necesidad permanente de revitalizarse; varios inmortales de la política, la cultura y otros sectores han partido físicamente y se produce un inevitable cambio generacional, que mantiene una línea de continuidad en cuanto a las ideas y proyecciones a favor de las mayorías.

Después de un proceso de acerca- miento entre los gobiernos de Cuba y EE. UU., el presidente estadounidense Donald Trump incrementa la agresividad contra la tierra de Fidel y la izquierda en América Latina, recrudece el bloqueo económico, activa el Título III de la Ley Helms-Burton…, sin embargo, el archipiélago rebelde se las arregla para seguir con la actualización de su modelo económico, aprobar una nueva Constitución por amplia mayoría popular, dar pasos importantes en la informatización y el gobierno electrónico, sobreponerse a fenómenos ambientales, mantener su fidelidad a las esencias y prestigio internacional, aumentar los salarios…, y lograr una sensación de seguridad y esperanza en el futuro que parecen resultados de la ciencia ficción, pero que son muy reales.

Todo eso puede alcanzar dimensiones mayores si cada uno de nosotros se esfuerza verdaderamente por ayudar y aportar siempre al máximo desde el amor a la nación y a sus principios, y el afán de más progresos. Es preciso comenzar por el afecto a los hijos, a la familia, al barrio, al centro laboral…, a lo más cercano y entrañable, sin reducciones a circunstancias o espacios de tiempo determinados.

Cada uno debe ser mejor donde le corresponda, en los campos, aulas, fábricas, hospitales, teatros, escenarios…, empeñado en cumplir con excelencia su función individual e influir también en la de los colectivos. Debemos pensar en la Cuba de hoy, pero sobre todo en la que debemos seguir construyendo desde los hechos concretos y el esfuerzo de nuestro equipo enorme de más de 11 millones de personas.

Resulta vital eliminar los casos de burocracia excesiva, insensibilidades y corrupción, como ha expresado en varias ocasiones Díaz-Canel.

Quienes roban o desvían materiales en una empresa no tienen conciencia social, no comprenden que le quitan al pueblo, a sus propias familias, los recursos que no pertenecen a un ciudadano en particular, sino a todos. Las diferentes organizaciones de base han de constituir vanguardias reales y poderosas a favor de los colectivos. Esos que critican y señalan con el dedo, con el único afán de dañar, serían más útiles aportando con palabras, pero especialmente con acciones, para mantener siempre la luz a su alrededor.

Cada consejo de dirección y persona encargada de conducir grupos tiene que ser consecuente con las esencias de la Revolución, la sociedad y las enseñanzas de hombres enormes, como José Martí y Fidel Castro.

El aumento salarial, tan aplaudido, debe ir acompañado también por un incremento de las producciones, exitosas inversiones, eficiencia y aprovechamiento máximo de cada material, mucho sentido de pertenencia y avances en cada lugar, control y exigencia, para lograr la perdurabilidad de sus efectos positivos.

Pensar y hacer por el progreso general del país y el bienestar del pueblo es hacerlo también por nosotros mismos, un propósito noble y necesario con visión de presente y futuro.

Publicado originalmente en Granma

 

Acerca de Yasel Toledo Garnache

Subdirector editorial de la Agencia Cubana de Noticias. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, y Mejor Graduado Integral de la Universidad de Holguín (2014). Periodista, ensayista y narrador. E-mail:yasegarnache@gmail.com

Publicado el 19 de agosto de 2019 en Comentarios y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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