El agradecimiento eterno a las madres (+Fotos y video)

con mi madrePor Yasel Toledo Garnache

A veces, lamentamos no poder obsequiarles la luna  y las estrellas; sin embargo le decimos “te quiero”, y sonríen con la satisfacción de quien recibe el mejor premio.

Ellas significan fragilidad y fortaleza, entrega y desinterés, cariño y comprensión. De cada juguete, o crayola hacen un cuento, y con el cuento nos enseñan un bien, en esa edad en que bueno y malo, bonito y feo, distante y cercano… son los únicos calificativos reconocibles.

Algunas mañanas, lidian con el llanto de infantes adormecidos que aún se orinan sobre la cama. Son las primeras maestras, forjan valores y nos despejan las dudas, los sacos de dudas que casi siempre comienzan con un “por qué”.

Siempre felices a la puerta del primer asombro, nunca pierden la dulzura de su voz, el tono preciso para leer castillos y princesas, aventuras y héroes.

Pasan los años y sus hijos crecemos, pero para ellas continuamos siendo aquellos retoños de amor que cargaron sobre sus pechos y vieron corretear en la casa.

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Junto a mi abuela y mi abuelo

Tienen algo de psicólogas y de adivinas para entender las complejidades de la adolescencia. No se rinden y enseñan que lo importante  es la resistencia, no la fuerza. Inculcan principios de trabajo, constancia y alegría, que ennoblecen la existencia, porque “de nada sirve andar bien vestido, con el estómago vacío y el alma seca”.

No escatiman esfuerzos para eliminar el dolor ajeno y ver rostros sonrientes. Sufren los problemas familiares en la privacidad colectiva de la cocina o en rincones, donde creen que no serán vistas, y siempre encuentran soluciones.

Nos enseñan a confiar en nuestras propias fuerzas, porque “un hijo suyo lo puede todo”.  Cuando las llamamos, a media noche, desde una ciudad lejana con el corazón triste y la mente afligida, nos aconsejan y demuestran que la tempestad no es tan grande.

Tienen el poder de convertir un huevo en auténtico manjar y noches frías en gratificantes sueños.  No se derrumban ante tormentas de dificultades y poseen la innata vocación de ser faro y salvación de la familia.

Cultivemos su felicidad y hagamos de cada día el más feliz de sus vidas. Regalémosles besos, poemas y mucha ternura, pues son luces que nos iluminan la vida. A ti madre, que te levantas cada día muy temprano, que siempre tienes una sonrisa o un regaño, que aconsejas con el corazón en los labios, que tanto nos enseñas y llenas la vida de colores…, muchas gracias.

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Junto a mi hermana y mi mamá

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Subdirector editorial de la Agencia Cubana de Noticias. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, y Mejor Graduado Integral de la Universidad de Holguín (2014). Periodista, ensayista y narrador. E-mail:yasegarnache@gmail.com

Publicado el 12 de mayo de 2019 en Crónicas y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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