Gracias por todo Carilda (Video, audio, fotos y poemas)

Carilda Oliver Labra

Fotomontaje: Mira Joven (Cuba)

Por Yasel Toledo Garnache

Ha muerto Carilda Oliver Labra, la poetisa, la ganadora del Premio Nacional de Literatura y de cientos de otros reconocimientos, la mujer, la enamorada permanente, la fémina excelsa, la cautivadora, la que fue anhelo de muchos…

Le llaman La Novia de Matanzas, pero ella trasciende más allá de Cuba, como una de las más sobresalientes autoras de Hispanoamérica.

La noticia se expande por Internet, fotos y versos suyos inundan la Red de redes, llegan hasta ordenadores, teléfonos móviles, tabletas electrónicas…, el alma.

Algunos sacan el libro suyo que alguna vez leyeron con frecuencia y tal vez hasta recuerdan aquellas estrofas con las cuales fueron conquistados o lograron convencer a la persona anhelada en la etapa del preuniversitario.

¡Cuántas veces utilizamos sus poemas para “batallas” o “escaramuzas” en el amor! ¡En cuántas ocasiones percibimos el efecto seductor de sus palabras poéticas!¡Oh, Carilda, cuántos versos tuyos memorizamos alguna vez y los repetimos para cautivar a esa joven que nos hacía suspirar!

Definida por Miguel Barnet, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, como una ráfaga de luz en la literatura del país y continental, aquella joven hermosa, de piel blanca y ojos verdes, la señora interesante que jamás perdió la picardía en la mirada, será siempre símbolo de atrevimiento y amor, de fidelidad a su país y a la obra creativa.

Graduada de Bachiller en Letras y Ciencias en el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas en 1940 y de Derecho en la Universidad de La Habana cinco años después, Carilda fue sin dudas una mujer bella. Las fotos de varias etapas de su vida la revelan casi siempre sonriente, aunque a veces de forma leve.

Carilda Oliver Labra /Imagen tomada de Cubarte

Su poesía tiene el encanto de una personalidad muy propia, la sinceridad y el valor para plasmar sus sentimientos, desde aquel primer libro Preludio lírico, cuando apenas tenía 19 años de edad.

Varios de sus poemas son verdaderamente antológicos, como Me desordeno, amor me desordeno o Discurso de Eva, muestras de sensualidad y de la pasión que siempre la acompañó. Otros, como Canto a Matanzas, reflejan también el cariño hacia su ciudad.

Nacida el 6 de julio de 1922, nunca escondió el compromiso con su país, el sufrimiento antes del triunfo de la Revolución o el estremecimiento patriótico en obras como Conversación con Abel Santamaría, Canto a Martí, Canto a la bandera y Canto a Fidel, este último nacido luego de conocer que el líder guerrillero estaba vivo en la Sierra Maestra.

Cuentan que su su casona colonial, con el número 81 en la matancera Calzada de Tirry, fue escenario de deliciosas tertulias y sueños de creadores, a donde solían llegar muchos en busca de consejos.

Nos deja unos 40 libros publicados y traducidos a varios idiomas, incluidos Los huesos alumbrados y Al sur de mi garganta. Se fue físicamente a los 96 años, pero lo mejor será recordarla siempre sonriente, tal vez saboreando un sorbo de café o escribiendo otros de sus versos llenos de vida y energía.

Gracias por todo, Carilda.

Foto: Tomada de Cubarte.

Foto: Tomada de Juventud Rebelde

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POEMAS DE CARILDA OLIVER LABRA

Carilda
Traigo el cabello rubio; de noche se me riza.

Beso la sed del agua, pinto el temblor del loto.

Guardo una cinta inútil y un abanico roto.

Encuentro ángeles sucios saliendo en la ceniza.

 

Cualquier música sube de pronto a mi garganta.

Soy casi una burguesa con un poco de suerte:

mirando para arriba el sol se me convierte

en una luz redonda y celestial que canta…

 

Uso la frente recta, color de leche pura,

y una esperanza grande, y un lápiz que me dura;

y tengo un novio triste, lejano como el mar.

 

En esta casa hay flores, y pájaros, y huevos,

y hasta una enciclopedia y dos vestidos nuevos;

y sin embargo, a veces… ¡qué ganas de llorar!

 

 

 

Me desordeno, amor,

Me desordeno

 

Me desordeno, amor, me desordeno

cuando voy en tu boca, demorada;

y casi sin por qué, casi por nada,

te toco con la punta de mi seno.

 

Te toco con la punta de mi seno

y con mi soledad desamparada;

y acaso sin estar enamorada;

me desordeno, amor, me desordeno.

 

Y mi suerte de fruta respetada

arde en tu mano lúbrica y turbada

como una mal promesa del veneno;

 

y aunque quiero besarte arrodillada,

cuando voy en tu boca, demorada,

me desordeno, amor, me desordeno.

 

 

 

Poesía

 

Por poderosa sangre voy llamada

a un latido constante de temblores.

Me quedo en esta huida de las flores,

con ese fin de soledad tocada.

 

Y cerca de esto, que parece nada,

me transcurre una furia de esplendores

con ganas de vivir, como los dolores

del fondo de la vena a la mirada.

 

Trasiego audaz, mandato de la estrella

(cuando te llevo aquí casi soy bella):

ahógame en tu rabia salvadora,

 

recógeme de mí –que soy lo inerte

y tú eres lo que vive de la muerte-

en la pluma patética y sonora.

 

 

 

Te mando ahora

a que lo olvides todo

 

Te mando ahora a que lo olvides todo:

aquel seno de nata y de ternura,

aquel seno empinándose de un modo

que te pudo servir de tierra dura;

 

aquel muslo obediente pero fiero

que venía de sierpes milenarias,

aquel muslo de carne y de me muero

convocado en las tardes solitarias;

 

aquel gesto al echarme en la locura.

Aquel viaje al amor, de mi cintura;

aquel gusto en la piel a lirio extraño,

 

aquel nombre pequeño bajo el nombre,

aquel pecado de volverte un hombre

en el vicio feliz de hacerme daño.

 

 

 

Adiós

 

Adiós, locura de mis treinta años,

besado en julio bajo la luna llena

al tiempo de la herida y la azucena.

Adiós, mi venda de taparme daños.

 

Adiós, mi excusa, mi desorden bello,

mi alarma tierna, mi ignorante fruta:

estrella transitoria que se enluta,

esperanza de todo por mi cuello.

 

Adiós, muchacho de la cita corta;

adiós, pequeña ayuda de mi aorta,

tristísimo juguete violentado.

 

Adiós, verde placer, falso delito;

adiós, sin una queja, sin un grito.

Adiós, mi sueño nunca abandonado.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Subdirector editorial de la Agencia Cubana de Noticias. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, y Mejor Graduado Integral de la Universidad de Holguín (2014). Periodista, ensayista y narrador. E-mail:yasegarnache@gmail.com

Publicado el 29 de agosto de 2018 en Arte, De todo, Literatura, Personalidades, Poesía, Poesías, Vivencias y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 6 comentarios.

  1. Excelente poeta, ejemplo de escritora y mujer. Fue en verdad muy valiente. Será siempre muy querida por todos los amantes de la literatura y por las mujeres que la tenemos como referente.

  2. Ojalá y pudiera ser como ella, libre y felizmente loca, o tal vez si lo soy un poco, y en gran medida gracias a sus poemas “Me desordeno, amor, me desordeno…”

  3. Ciertamente Carilda, la mujer que todas quisieramos ser. La de una pasión invaluable.De un gran corazón y carácter afable.Todos las seguiremos amando.

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