La pasión de Yoel, arriero de corazón (+ fotos)

yoel-gonzalez-pinder-arriero-mulosPor Yasel Toledo Garnache

El arriero Yoel González Pinder,  quien vive desde su nacimiento hace 33 años en La Otilia, intrincado paraje de la Sierra Maestra, asegura que los mulos son parte de su familia, por eso los trata con cariño.

Este carismático guajiro, de figura esbelta y manos ásperas, presume de estar siempre impecable y tener la cuadrilla mejor vestida y equipada del municipio granmense de Buey Arriba, pues “ella también debe lucir bien”, expresa sonriente.

Recuerda, en voz alta, que esa elegancia ha sido premiada en varias ocasiones, como en el último Encuentro Nacional de Arrieros y Fabulaciones Serranas, realizado del 22 al 24 de junio.

Cuando pequeño, Yoel observaba a los arrieros de la región y el sueño de ser uno de ellos crecía en el interior de su pecho.

A los 19 años de edad decidió que dedicaría toda la vida al cuidado y trabajo con mulos. Ya tiene siete y los quiere de manera especial, aunque les exige bastante esfuerzo.

Cuenta que la pasión por esos cuadrúpedos, el lomerío y el trabajo son una herencia de familia compartida con sus cinco hermanos y una de las tres hermanas.

“Mis padres fueron especiales, siempre amorosos y rigurosos en la educación. Trabajaban en los cafetales o preparación de la tierra desde muy temprano. Somos gente humilde, pero con profundos valores“, dice y levanta la mirada como si viera otra vez a sus viejos listos para partir al campo.

González Pinder, de piel oscura y ojos alegres, habla rápido, como si el tiempo no le alcanzara, va de un lado a otro, conversa con amigos o retoca algo en su cuadrilla: “Está bonita, ¿verdad?”, manifiesta y suelta una carcajada.

Agrega que esos animales son de oro e indispensables para transportar mercancías por senderos de las montañas, intransitables para camiones u otros medios.

Según explica, los mulos, nacidos de la unión entre yeguas y burros, cargan 150 libras como promedio cada uno  y, en ocasiones, más, algo que él evita porque los caminos y trillos están en mal estado.

Con paso seguro, suben y bajan elevaciones para llevar los productos de la canasta básica y otros recursos a tiendas de comunidades serranas como Los Lirios y Santana, y regresan con plátano fruta, malanga, ñame y otras viandas, que entregan al mercado del poblado cabecera municipal.

Explica que tienen más trabajo y ganancias durante la cosecha cafetalera, cuando ganan hasta tres mil o cuatro mil pesos en moneda nacional cada mes.

Añade que los cencerros, colocados a cada animal, son  como instrumentos de música y ninguno suena igual. Uno debe conocer a cada mulo por el sonido del suyo y así saber si están todos sin necesidad de verlos.

yoel-gonzalez-pinder-arriero-cubaEste hombre, amante de los retos, aclara que le gusta el riesgo de andar con sus singulares acompañantes en la Sierra y sentirse útil.

“Uno sabe la hora de salida, pero no la de regreso, por eso siempre estoy preparado”, añade un poco serio.

En ocasiones, ha pasado hasta cinco días sin volver a su vivienda, como una vez en la intrincada zona de California cuando el crecimiento del río, consecuencia de fuertes aguaceros, le impedía pasar.

Apunta que por eso lleva a todas partes un bolso con ropa, jabón, pasta dental y un cepillo, lo cual es preparado por su esposa, quien suele despedirlo con un beso y mirarlo hasta que se pierde en la distancia.

Él desea volver lo antes posible para estar junto a ella y a la hijastra, a quien educa desde los tres años y quiere como a una hija, la única hasta el momento.

Yoel  sabe de la importancia de su oficio, surgido desde la antigüedad por la necesidad de transportar cargamentos en terrenos irregulares.

Habla con orgullo de arrieros que prestaron ayuda a las tropas del Ejército Rebelde durante la última guerra por la independencia de Cuba, especialmente en La Otilia, donde radicó uno de los puestos de mando de la columna cuatro, dirigida por Ernesto Che Guevara.

Cuenta que algunos se incorporaron a los barbudos, incluido Edilberto Liens Espinosa, actualmente de 83 años de edad, quien alcanzó el grado de primer teniente, aunque su misión principal era ayudar en el traslado de productos.

Una de las mayores motivaciones de Yoel González es el Encuentro Nacional de Arrieros, efectuado cada año en Buey Arriba, a fin de favorecer la permanencia de tradiciones y el conocimiento de los encantos de la labor con mulos.

Afirma que nunca ha pensado en irse de La Otilia ni abandonar a sus siete fieles forzudos, integrantes de una cuadrilla de lujo por su elegancia y capacidad de trabajo.

Al final de la conversación, expresa que si volviera a nacer sería arriero, y se va con una sonrisa.

CUBA-GRANMA REALIZAN ENCUENTRO DE ARRIEROS Y FABULACIONES SERRANAS

Acerca de Yasel Toledo Garnache

Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 23 de octubre de 2016 en Entrevistas y etiquetado en , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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