Las olas del amor (+Fotos)

Fotos: Rafael Martínez Arias.

Fotos: Rafael Martínez Arias.

Por Yasel Toledo Garnache

Esta es una crónica de amor, nostalgias y anhelos, de madrugadas y soles, aunque la escribo en una tarde nublada y con leves gotas hacia abajo.

Casi es 14 de febrero, y hay algo distinto en el aire, en las palabras, en los rostros… Varias personas preparan regalos y escriben versos. Aparecen corazones y frases “extrañas” en centros de trabajo, escuelas y otros lugares. Algunos envían confesiones o confirman su sentimiento, flechas imaginarias surcan el viento con formas de rosas sin espinas. Sonrisas, pétalos y suspiros gravitan como nubes de lo posible.

Me recuesto del espaldar de la silla, y presiono, de forma lenta, el teclado. Los recuerdos rebotan en mi interior como en cámara lenta, a veces se entremezclan y todo se vuelve caótico.
amor, 14 de febrero 2En ocasiones, el amor adquiere la forma de un manto, símbolo de tranquilidad, pasión y calor, en otras, es espejismo capaz de provocar tempestades, por eso me gusta imaginarlo como un océano insólito, con jardines, un aroma seductor y con otros adornos, en dependencia de las circunstancias y los gustos de cada pareja.

Las olas no suelen mantenerse con ritmo estable. El aire puede adquirir más fuerza y dañar lo construido durante meses y hasta años.

Prefiero pensar en el cariño entre mis abuelos, después de cinco décadas de matrimonio. La veo a ella, con su esmero por atenderlo y que vista impecable; a él, con sus chistes, que suelen ponerla un poco seria hasta la llegada de la inevitable sonrisa.

Visualizo a Argelia, pendiente del bienestar de toda la familia, a Jose y a Mariela, siempre atentos. Él, en voz baja, me dice: “Compadre, estoy tan enamorado como hace 10 años. Es la mujer de mi vida”. Luego, sonríe y sus ojos brillan de esa manera indescriptible.

Miro también el beso sincero de aquella mujer a su hijo, y al padre con la pequeña en brazos, a una compañera de trabajo que envuelve un obsequio. Me deleito con dos ancianos amorosos o con Elda, quien, según expresa, encontró el amor en una Casa de abuelos cuando ni pensaba en eso, porque algo de lo mejor es esa posibilidad de que surja en un momento inesperado.

Estos son días para soñar y halagar, para cultivar la belleza y la bondad, la ternura y la pasión, para anhelar que el 14 de febrero se multiplique durante todo el año.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 13 de febrero de 2016 en Crónicas, Vivencias y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Carlos A. Toledo Ferral

    Hola Yasel, como siempre muy atinado, feliz día del amor y la amistad desde Venezuela.

  2. Una felicitación por el día del amor y la amistad para usted… sin dudas nuevamente coincido, “El amor es la fuerza que mueve cada uno de nuestros actos”… Muy bien ejemplificado por usted, un día lindo el 14 de febrero, ciertamente ese día, se respira amor!!!!

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