Leonardo Padura: Periodismo y literatura desde el corazón

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

Leonardo Padura 1Muchas veces, caminé barrios de La Habana junto a su Mario Conde. Con el emblemático personaje, me di tragos de ron o de algo parecido, investigué sobre aquel cadáver en finca Vigía, deambulé durante las noches, descubrí a culpables de asesinatos….

Intenté comprar la novela El hombre que amaba a los perros en dos ocasiones. Y me fui cabizbajo, como tantos otros.

Aquel día, Leonardo Padura, Premio Nacional de Literatura (2012) y con otros múltiples galardones a nivel de país y en el extranjero, no estaba en la carátula de un libro entre mis manos o delante del primero en la cola, sino al frente. Nos impartía una conferencia a jóvenes autores en el Centro Onelio Jorge Cardoso. Él diálogo fue inevitable.

Él le concede esencial importancia a la relación con el lector.

“Si no se logra la comunicación, el trabajo literario no estaría completo. Mientras uno más alto ponga el listón, es mejor, pero con simplicidad. Cuando redactaba La novela de mi vida, tenía en mente a dos personas: Ambrosio Fornet y Enrique Padilla. Yo decía: si soy capaz de convencerlos, lo haré con todos. Hablando de José María Heredia, de Espejo de paciencia, de Domingo del Monte, esos eran posiblemente los más exigentes.

“Al principio de mi carrera, Ambrosio siempre era el lector final de mis novelas. Lo había dejado descansar un poco. Pero esa vez, le dije ‘no te vas a escapar’. Sus opiniones me transmitieron mucha confianza.

“Uno de los asuntos más importantes y polémicos de la literatura cubana es la capacidad de contar historias propias y a la vez universales. Desde los años ’90 del siglo precedente, algunos escritores se deslumbran por la singularidad del contexto y olvidan a públicos de otras naciones y hasta del futuro. A pesar de contar algo muy particular, se deben tender puentes hacia lo amplio para encontrar lectores más heterogéneos.

“Una vez, cierto autor me dijo que había terminado un cuento que solo entendían los cubanos. Eso le parecía bien. Y es lo contrario. Por ejemplo, casi toda la obra de Juan Rulfo se relaciona con el ambiente y sucesos en México. Su mayor grandeza es lograr una comunicación más allá de fronteras físicas y de tiempo.

“Te puedes encontrar con aparentes minorías, como Carpentier en El siglo de las. Sin embargo, cuando uno entra al mundo ‘carpenteriano’ todo es entendible y diáfano”.

-¿Considera que las editoriales y el público en el extranjero esperan un tipo de literatura de los escritores cubanos o es un pretexto de algunos?

-Tenemos peculiaridades como cubanos, como cultura, y una es la desproporción. Vivimos en un país con una historia más grande que su extensión. Por eso, si alguien en Dinamarca nos menciona, pensamos que nos ataca o nos apoya. Y no. Quizá solo exprese una opinión, sin intenciones marcadas.

“No considero que el mundo editorial, primero de lengua española y luego en otros circuitos, tenga un interés específico en un tipo de literatura de aquí. Lo que interesa es la calidad.

“¿A cuántas personas, en Dinamarca o en París, puede interesar la vida cotidiana de aquí? Tal vez, se vendan unos 100 libros con eso, pero no mucho más. Sin embargo, cuando se refleja una realidad compleja, diversa y con riqueza creativa los resultados son mejores.

“Mis editores en España nunca me hablan de factores políticos, sino de otros relacionados puramente con la concepción de las obras. Me pasó con la línea de Heredia en La novela de mi vida. Intenté escribir como un romántico cubano del siglo XIX, y caí en retoricismos. Me sugirieron que el espíritu de la narración era lo que debía ser decimonónico, porque las figuras retóricas podían convertirse en obstáculos para el público más contemporáneo.

“Si uno parte de prejuicios políticos o editoriales para penetrar en el mercado, pierde lo más importante. Uno debe llegar a través de la mejor historia, contada del mejor modo. Esa es la clave. Y lo más digno con la propia creación”.

Leonardo Padura y Yasel Toledo Garnache-¿Le debe la literatura cubana más acercamiento a la historia?

-En los años finales del decenio negro (más conocido como Quinquenio gris), muchos escritores trataron temas históricos, ante el peligro de abordar conflictos del presente. Esa fue una de sus soluciones ante la compleja situación.

“Todo era muy demostrativo. Recuerdo, sobre todo, una novela de Julio Travieso, relacionada con el alzamiento en La Demajagua, también las de Cintio Vitier. Por ahí estaba más o menos el estilo.

“Los sucesos y las personalidades son territorios favorables para revisitarlos desde la ficción. Mucha gente prefiere leer una novela antes que un libro académico sobre un mismo tema. Hay toda una promoción favorable.

“Respecto a Cuba, algunos son demasiado sensibles con la historia, incluidos los propios lectores. En la película El ojo del canario, el mayor atrevimiento de su director, Fernando Pérez, es poner al adolescente José Martí masturbándose.

“En La novela de mi vida, cuando puse que Heredia se iba con prostitutas a los 18 años de edad, profesores universitarios y otras personas, me dijeron que lo estaba desmontando del pedestal de la Patria.

“La forma de iniciación sexual para un joven blanco en 1820, era esa: irse para un burdel y acostarse con una prostituta, casi siempre negra. Creo que mi Heredia está más vivo que el del pedestal.

“Nosotros nos debemos una novela sobre lo ocurrido alrededor de la muerte de Céspedes, en San Lorenzo. Conflictivizar el pasado pudiera ser muy complicado, por el carácter simbólico que se le da a casi todo. Existe una deuda, no solo con las grandes figuras, también con las pequeñas, en especial desde el siglo XIX hasta 1950″.

-¿Cuánto le aportó el ejercicio como periodista a su actual literatura, en especial la etapa en Juventud Rebelde durante los años `80?

-Sin el paso por ese periódico, mi formación como escritor hubiese sido diferente. Terminé la Universidad, y comencé a trabajar en el Caimán Barbudo, quizás la revista cultural más importante del país en aquel momento.

“A partir de 1980, se vendía en los estanquillos y volaba. Luego, se desintegró el equipo, y yo pasé al Juventud. Fue un período en el que experimenté con el uso del lenguaje, con estructuras, con la creación de personajes desde un punto de vista literario.

“Lo primero que escribí cuando salí del rotativo fue El cazador -cuento- y la primera novela de Mario Conde, Pasado perfecto. Había una diferencia grande entre esos textos y mi primer libro, gracias, sobre todo, al ejercicio periodístico. Conocí mejor la realidad del país y desarrollé técnicas de investigación’’.

-¿Qué piensa de la literatura cubana de la actualidad?

-En los últimos 15 años, he tenido proyectos que me exigen bastante documentación histórica. Por eso casi no conozco la obra de los escritores más contemporáneos de aquí. Por cuestión de tiempo, sobre todo, le he prestado más atención a la novela policial nórdica para descubrir qué hay detrás del fenómeno. Le dedico muchas horas a la redacción, y eso también me impide leer más.

-¿Cómo maneja la relación entre ficción y realidad?

-Todo depende de la obra que escribo y cómo lo hago. Por ejemplo, con la línea de Mercader en El hombre que amaba los perros, tuve libertad. Era un personaje real, casi sin historia, llené muchas lagunas con mi imaginación, aunque basado en lo que sabía de él, incluso de su psicología: él haría esto, hubiese actuado de aquella forma.

“Uno crea sensaciones de verdad. Es fundamental investigar a fondo sobre la personalidad, el contexto…Cada libro tiene su propia dinámica, te exige el empleo de determinadas técnicas, no al revés.

“La existencia, tal y como ocurre, es dramática en términos reales, pero no siempre en literatura. Le debes añadir una dramaturgia distinta.

-A veces, hay cierta controversia alrededor de su nombre. ¿Cuánto de culpa tiene el propio Padura?

-No sabría decirte. He leído criterios sobre mí y mi obra que, creo, no merezco, porque trato, con mi trabajo como periodista y escritor, ser lo mejor que puedo y con la mayor integridad posible.

“Por supuesto, que pueden existir opiniones contrarias. Pero algunos trasgreden los límites y hasta hieren. Eso es doloroso en un país como Cuba, donde vivo y lo haré siempre, donde seguiré haciendo periodismo y literatura desde el corazón.

Acerca de Yasel Toledo Garnache

Subdirector editorial de la Agencia Cubana de Noticias. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, y Mejor Graduado Integral de la Universidad de Holguín (2014). Periodista, ensayista y narrador. E-mail:yasegarnache@gmail.com

Publicado el 2 de marzo de 2015 en Entrevistas, Personalidades y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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