Cambalache y el choteo

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

carretera de CubaNi siquiera sé su nombre. Todos lo llamamos Cambalache. Él, lisiado desde su nacimiento, camina con dificultad. Cada cierto tiempo o apenas unos pasos, se detiene para descansar. Balbucea algo o lo dice en voz alta, y sigue. A veces, se sube la pata izquierda del pantalón, y acaricia la hinchazón y el sobrehueso en el tobillo, como para aliviar el dolor.

Los carros pasan indiferentes por su lado, y levantan un poco de polvo. Él no se pone nervioso, ni parece molestarse demasiado por eso, sino por las palabras de quienes, como en un juego, le vocean algunas “gracias”. Entonces ofende y hasta amenaza con tirar piedras.

Los “chistosos” se ríen. Esa ha sido la tónica desde antes de mi infancia en el barrio donde viven mis abuelos. Aquello no me llamaba la atención tanto porque “Camba” no es un “ángel”, y esas “bromas”, a simple vista, tampoco son como para alarmarse, cosa de muchachos y de otros que, en verdad, lo aprecian.

Hace varios días lo vi otra vez detenerse, secarse el sudor… y responder con “mal genio”. ¿Cuánto agradecería él que esos “jueguitos” desaparecieran?

Hay muchos “Cambalaches” por ahí, aunque con otros nombres y epítetos, no todos tienen limitaciones físicas. Por suerte, él y más, reciben asistencia social cuando es necesario y otras maneras de ayuda estatal, muestras de la grandeza de nuestro sistema social.

Algunos, por su carácter, llegan a convertirse en personajes pintorescos. Y uno hasta lo agradece, porque confieren más matices a la cotidianidad.

¿Acaso debiéramos molestarlos? ¿Motivar sus “palabrotas” o amenazas? ¿No sería mejor brindarles la mano y saludarlos con amabilidad siempre?

No piense que soy demasiado aburrido. Tampoco deseo la eliminación de las bromas, tan arraigadas a la mismísima cultura de los cubanos y forma de divertimento en becas, barrios y hasta en centros de trabajo y casas. Hablo de la mesura para hacerlo, de que no deben convertirse en choteo permanente, en falta de respeto, menos en forma intencionada y sistemática de perturbar a otros hasta ciertos extremos.

Para el filósofo francés Henri Bergson, constituye un “gesto social” de lucha contra la rutina, pero solo es favorable con ligereza.

Jorge Mañach escribió que quienes vivimos en este archipiélago somos impresionables y jocundos por naturaleza, con una gracia nativa que nos hace ágiles de mente y chistosos, pero “eso jamás será suficiente razón para varias de sus manifestaciones”.

El jovial ingenio es sal para la vida, revela juventud más allá de edades y a todos nos agrada. Por eso no renuncie a los chistes, ni a la risa que nace de la espontaneidad y de anécdotas reales o ficticias, pero evite el “choteo fuerte”, las ofensas que pudieran provocar hasta trastornos, en situaciones límites. “Camba” y otros lo agradecerían.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 2 de febrero de 2015 en Crónicas, Vivencias y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Recuerdo a Concha, a quién la “gracia” y el choteo cotidiano llamaban “la loca”. La anciana era un personaje cotidiano en el centro de la ciudad de Holguin, pero era más conocida por su lenguaje con cuanta palabrota conocida o inventada pasara por su atribulada mente.
    Acudía cada día con una vasija a comprar café en la “piloto” y, invariablemente, un grupito de “graciosos” hacía el pan del día con la pobre mujer, solo para reírse con las palabrotas de la anciana. La vi desafiar a jovenazos que solo provocaban la ira, y hasta lágrimas en la señora, policías que, en uso de atribuciones de agentes del orden, llamaban la atención a la “malapalabrosa”, pero no decían ni hostia a los sangandones provocadores. Vi personas honestas defendiendo a la anciana y mandando al carajo a los chistosos. Vi, en fin, una caricatura que le dedicó, a modo de homenaje, el periódico local luego del fallecimiento.
    Hoy son otros los atribulados y enajenados que pasean su locura por parques y calles holguineras y son otros, y también los mismos, pero más viejos, los graciosos y chistosos empeñados en divertirse a costa de la desgracia ajena.
    ¿Choteo cubano? No, porque una cosa es vacilar y vacilarse uno después de un papelazo, y otra, muy diferente, hacerle la vida imposible a seres cuyas mentes enajenadas extraviaron sus rumbos, o aquél que quiso la vida que naciera cojo, rengo o jorobado. Eso, sencillamente, es ofensa y abuso.

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