Mi amigo y yo: Una confusión en la fiesta

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

ferrocarril en CubaMi amigo y yo llegamos a la fiesta de Yadira, una compañera de aula. Vestíamos casi iguales, por pura casualidad. Ni siquiera acordamos que iríamos a la misma hora, pero nos encontramos en el cruce de líneas y seguimos juntos, bajo una sombrilla que él traía.

Siempre nos hemos entendido bien. Eso de la coincidencia en la ropa pudiera ser muestra de cuantos nos parecemos.

Casi todos nos miraban. Algunos hasta dejaron de bailar para observarnos con detenimiento. Yadira nos recibió con abrazos. Nos presentó a sus padres y a una prima que estaba tan buena como las jevas de las películas. Le guiñé un ojo, y ella sonrió.

Mi amigo y yo nos sentamos, cerca de otros invitados, en uno de los tablones, debajo de la mata de mango. Desde allí, se veía como pastaban los caballos en un pequeño campo, a varios metros de la casa.

La prima de Yadira pasó brindando ron y vino. Escogimos ron. Aproveché la oportunidad para decirle algo.

Cada ronda de bebidas o aperitivos comenzaba por nosotros. Venía ella con su sonrisa y coqueterías.

Los demás seguían observándonos, un poco más serios.

-Herma, ¿te has dado cuenta de lo mismo que yo?, me pregunto mi amigo.

-¿De qué?

-Esta gente piensa que somos homosexuales.

Sonreí. Los miré a todos. Por supuesto, que ya me había dado cuenta, pero preferí fingir que no.

La prima de Yadira nos trajo unos chicharrones, y se sentó a mi lado. Le besé su mejilla y le volví a decir algo en el oído. Ella siguió con sus funciones de camarera, de tablón en tablón.

Los otros invitados no dejaban de mirarnos. Aquello comenzaba a molestarme y a mi amigo también, quien dijo: ¿por qué no le damos una lección a estos cavernícolas? Y me hizo un gesto que entendí bien.

La propuesta me sorprendió un poco, sin embargo no me pareció mal. Me molestaba la discriminación hacia los homosexuales, varios de mis amigos lo eran, por eso acepté.

Exagerábamos la risa, acariciábamos las mejillas del otro. Vi como un hombre intentó pararse para venir hacia donde estábamos. Otro empuñaba un machete, todavía en la funda. La cosa pintaba fea. Pero lo que más me dolía era perder la oportunidad con la prima de Yadira, quien ni siquiera se acercaba a nosotros. Por eso, le dije: herma, vamos a dejar esta mierda, que yo no quiero ser homosexual, ni de mentiras, y aquí se puede formar tremendo lío. Él entendió.

Llamé a la prima de Yadira. Y se negó. Insistí. Y vino. Pero ya no sonreía, ni me dejaba tomarle la mano.

Los demás parecían más molestos. El ron casi no me bajaba. Miraba a esos hombres con sus machetes, a mi amigo, al cielo que comenzaba a tornarse negruzco. Casi sin ponernos de acuerdo, nos paramos y salimos lo más rápido posible hacia la carretera.

Ya un poco lejos, conversábamos sobre la escena anterior. Yo todavía me sentía nervioso. En el cruce de líneas, me miró muy fijo durante unos segundos. Intentó abrazarme, pero di unos pasos hacia atrás. Le hice un gesto de despedida, y cada cual siguió su camino.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 14 de enero de 2015 en Vivencias y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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