Gente: Mojito cubano

Por Erian Peña Pupo (Especial para MiraJoven)

Hombre flacoMe dijo que se llamaba… no me acuerdo, pero que le dijera Mojito, como lo hacían sus amigos. No le pregunté el porqué del apodo, pero sin dudas por Mojito sería más fácil recordarlo. Me preguntó si podía llamarme como algún Dj que escuchaba y que tampoco recuerdo, pues ambos nos parecíamos, o eso creía él. Le dije que sí, sin problema podía llamarme así. Si unos amigos me llaman Jünger Klopp, como el DT del equipo de futbol del Borussia Dortmund, Alemania, que más da… Pero no me imagino pinchando discos en una sicodélica fiesta del Bronx neoyorkino. Bueno, lo de la fiesta sicodélica en el Bronx ya es otra cosa…

Mojito ronda los 18 años, quizá más, quizá menos; más bien aparenta menos edad que la que pueda tener. Es pequeño, flaco y habla sin parar. De cabellos ensortijados y negros, y habla sin parar. De apariencia resuelta, ágil y habla sin parar. Sonriente, algo nervioso, casi teatral y continua hablando sin parar. Compartimos unos tragos, que un amigo común (que antes me presentó a Mojito) sacó de su mochila. Me acompañaba un amigo escritor de otra provincia… Moría la tarde en la ciudad. La veíamos caer desde uno de los bancos del parque central. Ese, siempre he pensado, es uno de los instantes más bellos de la ciudad: el ocaso, la llegada de la noche, la muerte…

Pero lo que más me sorprendió de Mojito es “de que habla…” Me cuenta que quiere hacer teatro, más bien teatro callejero, como Morón Teatro, dice. Había visto Troya y quedó fascinado por los castillos, el ejército, la indumentaria griego-espirituana de los muchachos de Morón Teatro, cubiertos todos de barro. Como yo no había visto completa esa obra, le aconsejé que leyera teatro, viera teatro, y porqué no, escribiera teatro… es la mejor manera de empezar, le dije…

Entonces me habló por un buen rato de cine experimental, más bien cine independiente: cine indie, como le dicen muchos. Y acabó contándome una larga película, con detalladas escenas incluidas. Le dije que este tipo de cine no era solo el que hacían jóvenes directores rebeldes y futuristas, con cámaras pequeñas y hasta celulares, que además estaba ligado al cine de autor y si pensábamos bien hasta Tarantino, Haneke, Wong Kar Wai, Soderbergh y muchos más podrían llamarse así.

Luego intentó demostrarme cierta influencia mágica-cósmica en Humanidad, el clásico poema de Delfín Prats. Esa era de la poca poesía que había leído, me dijo. Al lado, en el banco, el amigo de la mochila y el escritor de otra provincia, hablaban de religiones y mitos celtas. Y yo, aunque tengo nombre celta (y me han tirado las cartas celtas, incluso), de eso sé muy poco…

Hablamos luego algo de música, a él le había bastado escuchar a… !Bobby McFerrin! para enamorarse del jazz y en mí, el jazz es un viejo vicio. No dejaba de sorprenderme que un muchachito de 18 años, sin formación musical aparente, escuchara a unos de los maestros del jazz a capella, con un asombroso rango vocal de cuatro octavas y capaz de imitar instrumentos cuando canta, como el bajo sobresaturado; eso era, hasta ese momento, para mí inimaginable. Pensaba que Bobby McFerrin era una rareza sonora que solo escuchaban algunos musicólogos, catedráticos melómanos o tipos raros, bastante raros (como yo) y algún que otro amigo, también bien extraño.

Horas después nos encontramos nuevamente en la calle, veníamos de comer algo y ellos de buscar un poco más de ron para terminar la noche. Nos tomamos un café juntos y sorpresivamente volvió la música como tema de conversación. Mojito hablaba entusiasmado de Bjork, le brillaban los ojos y hasta conocía las letras de sus canciones. Cosa realmente extraña pues la loca cantante islandesa (de la que soy seguidor) es indescriptible en escena, es además indescriptiblemente loca. Recuerdo que en alguna serie de televisión alguien gritaba eufórico pues creía encontrar señales extraterrestres en su radio, otro vino y le dijo que no, que había sintonizado un concierto de Bjork. Imaginen lo extraño que suena su música…

Casualmente hace unas semanas había conseguido su último disco (Bastardo) y me parecía inverosímil encontrarme a alguien en esta ciudad (además de los tres o cuatro quemados por la música que conocía y con los que intercambiaba discos) que escuchara a una refrita (diría un amigo) como Bjork.

Me di el último trago con Mojito (no casualmente un mojito cubano) y no lo he vuelto a ver desde esa noche. Cada vez confirmo más que esta ciudad y este país surrealista están llenos de locos. Tremendos y geniales locos cuerdos por todas partes.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 8 de diciembre de 2014 en Literatura y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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