El círculo de la muerte

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

Catedral viejaEl señor Rojas estaba empapado de gasolina, y con una fosforera en la mano. Allí, frente a la humilde iglesia local y en el centro de un círculo que él mismo dibujó.

La advertencia era clara: Si no los liberan me pego candela.

El señor Rojas no se resignaba a que sus tres hijos permanecieran presos, después de ser procesados por robo con fuerza y hasta por un asesinato Todo aquello le parecía una patraña de los verdaderos culpables, a quienes ni imaginaba. Pero algo creía seguro: sus hijos no eran los responsables.

Poco a poco, crecía la multitud alrededor del señor Rojas. Algunos trataban de persuadirlo para evitar la desgracia. Otros observaban y comentaban el suceso entre ellos. Todos parecían bastante nerviosos.

El señor Rojas había hablado con líderes políticos, con el Jefe de la Policía, con dueños de fábricas, con vecinos…, escribió cartas a miembros del gobierno. La respuesta era siempre la misma: Sus hijos son culpables.

La petición inicial fue adquiriendo forma de advertencia: Si no me ayudan a que los liberen me prenderé candela frente a la iglesia local. Y la culpa será de ustedes. Muchos no le creyeron. Pensaban que eran sólo palabras. Otros vieron la desesperación en sus ojos, pero él era un simple hombre. ¿Qué significado tendría su muerte?

El día señalado no valieron los ruegos, las caras suplicantes, las órdenes ni amenazas de las personas a su alrededor. De nada sirvió el trabajo del especialista para situaciones como esta.

El señor Rojas se convirtió en una antorcha humana. Se escuchaban los gritos de espanto de la gente. Algunos se llevaban las manos a la cabeza. Otros se tapaban los ojos. El señor Rojas se revolcaba sobre el asfalto humeante.

Vivió otras cinco horas lúcido. Hasta las autoridades se sensibilizaron con él y permitieron que sus hijos lo visitaran en el hospital. Pero el médico no quiso que lo vieran en aquel estado de horror, que sintieran el olor de la carne quemada.

El señor Rojas seguía repitiendo son inocentes, inocentes, como en un quejido. La enfermera se secaba las lágrimas.

Fue tanta la conmoción por la muerte que parte del pueblo salió a las calles exigiendo justicia. Las manifestaciones partían siempre desde aquel círculo que, poco a poco, se iba convirtiendo en un símbolo. La policía tuvo que reabrir el caso de los hijos Rojas. La prensa reflejaba el suceso. El pueblo quiere la verdad, se leía en un humilde periódico. Al fin un triunfo para los trabajadores, se presagiaba en una emisora local.

Después de varios meses, la sanción ha sido invariable.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 30 de septiembre de 2014 en Vivencias y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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