El fin del mundo

Por Yasel Toledo Garnache

Fin del mundoLa noticia se expandía como pólvora encendida entre científicos, miembros del gobierno y otros funcionarios: El mundo terminaría. Buscaban la forma de preparar a la población sin provocar caos. Los medios de comunicación jugarían un papel esencial. Todo debía hacerse con mucha inteligencia. Las notas oficiales no eran una alternativa.

Analizaban la posibilidad de decir que sólo habría unas pocas bombas, otra prueba para la resistencia del pueblo, y que eso jamás podría significar el fin, al menos no para este país, con tantos médicos, que curarían hasta sin equipos ni pastillas si fuese necesario.

Hubo propuestas de reflejar un ambiente positivo a través del deporte: Spots de campeones olímpicos esquivando rocas con llamas, bombas…, destruyendo aviones enemigos con jabalinas, y salvando gente. Peloteros con bates gigantes que le pegarían con fuerza a lo que fuese hasta devolverlo de jonrón hacia su punto de origen.

Cada quien defendía sus criterios con fuerza. Alguien quiso transmitir la idea de que todo era un invento de seres empecinados en ser malos, malísimos, y que, con tanta disponibilidad tecnológica, dieron un ultimátum, una fecha límite que significaba sumisión o muerte.

Podían tirar cualquier cosa desde la luna o desde donde fuera, borrar a este pedazo de tierra, hundirlo en el mar o mandarlo a otra galaxia, a una inferior con monstruos mitad águila, estaques de lava, ríos de aceite encendido, una especie de infierno, uno peor, para quienes poblaban el lugar.

Y ni aun así se aceptaría bandera alguna de ellos, decía alguien en el salón, ni su idioma, nada, porque a estas alturas no seríamos mascotas de otros, aunque nos desangráramos, aunque tuviéramos que pelear contra armas tan superiores, aunque sólo pudiéramos tirar piñazos al aire. Pero comprendieron que había pasado demasiado tiempo como para que la gente se creyera aquello, una buena opción hacía 30 años. La información no podía aparecer en portadas de periódicos ni en noticieros, al menos no de forma explícita.

Según los presentes, el arte era la mejor opción. Por eso se convocó al Concurso Nacional EL FIN DEL MUNDO. Se aceptaban todo tipo de trabajos: cuentos poemas, monólogos, chistes, pinturas, artesanía en tamaños gigantes, cortometrajes de terror, videoclips. Sean pesimistas, alertaba la convocatoria en letras rojas. También se leía que los premios serían los más grandes jamás otorgados en el país e incluirían la publicación inmediata de las obras, única forma para conocer también a sus autores.

El país se convirtió en un gran concurso. ¡El FIN DEL MUNDO!, ¡EL FIN DEL MUNDO! se escuchaba en cada parte de la nación. Y se entregaron sobres, discos, cuadros, lienzos enormes…

Cines, salas de video, revistas, periódicos, noticieros… anunciaban la publicación de las obras ganadoras, todas con el título EL FIN DEL MUNDO, y la fecha 15 de septiembre de 2029, 4pm. Pobladores lo leían en pancartas, vidrieras, paredes spots, en mochilas, gorras, pulóveres… diseñados para la ocasión: EL FIN DEL MUNDO, 15 de septiembre de 2029, 4pm.

Frente a las pantallas de cine, junto a los televisores en las salas de sus casas, al lado de los radios, en imprentas esperando la edición especial del periódico, en puertas de galerías… todos estaban atentos.

Algunos comenzábamos a sospechar que jamás conoceríamos las obras ganadoras, porque sería muy tarde. No importa, por si acaso, yo mandé.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 16 de julio de 2014 en De todo y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. mmm veo muchas similitudes con nuestra realidad. Mejor no digo mas jajaja… saludos…

  2. Hermano, esto es “ficción”, pueden existir cientos de interpretaciones. Espero que todo esté bien por allá. Un abrazo

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