La última escena

Por Yasel Toledo Garnache

La ficción pura no existe.

La ficción pura no existe.

Nos encontramos debajo de la mata de mamoncillo. El pasado regresó de golpe sobre bicicleta, con peinado extravagante y un rostro más pintado de lo común.

Este fue el lugar de nuestro primer beso, un beso de niños que no sabían lo que era eso. Me buscó varías veces a la casa. También la busqué. Nunca nos volvimos a ver. Su nueva residencia en Matanzas significaba demasiada lejanía, que intentamos vencer con cartas y fotos durante algunos años.

La recibí con un piropo, ensayado hasta el cansancio. No te imaginaba así, me dijo con evidente decepción, después de recorrer mi cuerpo con la vista.

Seguí con mi papel de tonto, el único posible por mi inexperiencia en relaciones amorosas y parte de mi mente estancada en el pasado. Confieso que mis elogios eran ridículos. Hasta yo mismo sentí deseos de reírme o, más bien, de llorar. ¡Basta de basura! ¿Qué me darías? Me quedé petrificado. Tartamudeé palabras que no recuerdo con tranquilidad, y me quedé en silencio. Pensé en ofrecerle un pene erecto, con posibilidades de recarga rápida y cientos de proyectiles, algo que escuché en algún lugar. Seguro que de esos ha conocido varios.

Vi el sexo entre nosotros en una especie de pantalla doble. Una misma escena. Una misma locación. Dos mismos personajes. Yo personaje y público. Ella no sabía de la proyección. Comenzó igual que lo imaginaba siempre, con caricias y frases de novela rosa… Poco a poco aumentó el ritmo de la parte derecha, todo se volvía más caótico. Los de la izquierda se detuvieron y también observaban a los otros, a mí y a ella, al yo salvaje que la hacía gozar y gemir como en películas porno.

No podía mirar hacia otro lugar. Estaba hipnotizado. Escuchaba palabras y sonidos como desde lejos, que no entendía ni me importaba hacerlo. Esperaba el final. Yo quería ver el final. Nunca me imaginé capaz de tanto. Me agradaba verme, vernos. Deseaba meterme a esa habitación, sustituir al otro yo. Pero todo se interrumpió por una especie de apagón eléctrico que me devolvió a la realidad.

La busqué con desespero, volteando la cabeza a un lugar y a otro. No importaba lo que tuviera que hacer, para vivir en la realidad lo que desde ese momento eran mis imágenes preferidas, la película de mis sueños.

El peinado extravagante, la muchacha, la bicicleta se marchaban como en cámara lenta. No tenía valor para impedirlo. No me salían las palabras. Sólo observaba lo que sabía última escena de la película real… hasta que dobló por la esquina y se perdió para siempre.

Ahora me recuesto del tronco del árbol, con la mano sobre la portañuela. Otra vez la pantalla aparece frente a mí.

Anuncios

Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 25 de junio de 2014 en Vivencias y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Hola.
    Un encuentro así, fugaz siempre es muy especial.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: