Esta cara no es la mía

Por DAYANIS jORGEN, colega de la Universidad

Juro que yo no quería hacerlo.

Juro que yo no quería hacerlo. Lo juro

A veces no importa cuánto pase el tiempo, o cuántos trapicheos seas capaz de hacer para cambiarte, hay algo que se llama destino que lamentablemente no puedes cambiar.

Hay muchos fantasmas  por descubrir detrás de la puerta de tu casa, que te perseguirán, o que simplemente se adhirieron a ti  el día en que naciste; de los cuales no podrás sacarte. Los míos son bastante insistentes; aunque he tratado de despojarme, siempre me han dicho que esos, mis fantasmas, esos no se zafan nunca.

Los míos me llevaron a cometer muchos errores, a violar reglas- incluso naturales- a matar a un hombre. Y aunque no pretendo con ellos dar una explicación, si tienen mucho que ver.1     Yo le juro oficial que no quise matarlo de esa manera;  siempre pensé que sería mucho mejor si lo dejaba desfallecer  poco a poco, así el sufrimiento  lo tomaría como quien pone un pie sobre una yaga, o como  una especie de auto-tortura, para que las culpas fueran menos.

 Pero entienda que a  mis años hay muchos insultos que no se pueden soportar, soy joven, tengo ansias que los hombres me deseen de una forma desmesurada, ¿o acaso cree que me hice tantas operaciones por gusto?, no oficial, nada de esto es para mirar solamente; entonces yo luchando contra estos fantasmas desde niño y cuando lo hago realidad un hijo de puta se pasa todo el día recordando que nací con un rabo entre las piernas que marcaba la diferencia.

 Yo no aguanté, oficial, no aguanté!!!

Pero qué, él se lo buscó. Estoy seguro de que le gustó que le pusiera mis manos nuevamente en su arrugado cuello. Nunca pudo aguantarse a verme en calzones por la casa o con jeans apretados, tal vez no tenga veinte, pero me quedaban muy bien.

Mire yo siempre fui un niño normal hasta que tenía 9 años: jugaba a los carritos, me gustaba ser el papá cuando estaba con mis primas, era uno de los mejores en los juegos de pelota; pero la madre que me parió tuvo que casarse, porque parece  que se sentía muy mal sola, y  así fue como llegó Francisco a mi vida.

Maritza siempre decía que él sería el padre que nunca tuve, pero todo era mentira. Primero trató de convertirse en un amigo, me compraba regalos, me sentaba en sus piernas para ver la televisión me tocaba los muslos, lo hacía de forma tan sigilosa que mi madre ni lo notaba.

Siempre fue más mujer que madre. Yo crecía muy confundido entre una sociedad que dictaba que el hombre era el sexo viril, que los hombres no se andaban apretujando con otros machos, que eso era de debiluchos y maricones; y el constante asedio y toqueteo de Fran. Mi realidad era otra oficial, pregúntele a algún psicólogo si eso trae o no trastornos.

Lo peor es que a mí, que ya estaba a un paso de la adolescencia, eso me estaba gustando cada vez más. A  veces yo iba hasta él cuando estaba borracho para que al menos me pasara las manos por el cuerpo, siempre cuidando que mi madre estuviera lo suficientemente ocupada como para llegar hasta la sala.

Yo llegué a odiarle en algunos momentos, intenté tener novias, incluso hasta relaciones sexuales, pero era demasiado difícil; en ocasiones no resistía ver a mis compañeros  sin camisas en frente de mí, porque me daban deseos de tocarlos como Fran lo hacía… era muy difícil oficial, ¡muy difícil!, y aún así yo trataba de simularlo.

La cosa se puso fea en el pre al punto de que me botaron de la beca por tocarle el pene a mi compañero de litera, muy bien dotado que estaba: tuve que hacer el 12 grado en la facultad obrero campesina, me puse a trabajar porque la hija de puta de mi madre me votó de la casa.

Aún así, Fran me seguía buscando, y yo le juro que lo odiaba pero era el único que me quería tal y como era, al final él me convirtió en aquel maricón que todo el mundo reprochaba. Fueron años difíciles: mi mamá se enteró de lo de Francisco y lo mío, le dio una trombosis y dos meses después se murió; Fran y yo vendimos la casa y compramos dos apartamentos en aquel solar de Lawton donde nadie conocía nuestro pasado; me hice médico, uno exitoso …pero seguía sin estar conforme con la vida …..

Imagínese oficial, yo estaba viviendo en un cuerpo que no me correspondía, algo difícil de explicar, yo me sentía mujer, y lo peor es que sabía que podía  cambiar mi condición. Trabajé muchos años con Armando Zabala, el cirujano plástico que cogieron preso hace unos meses porque tenía una clínica privada allá en el monte ese de Matanzas. Usted debe conocerlo, y ya él me dijo cómo quedaría; pero temía mucho al cambio.

No le  voy a mentir diciéndole que ya estaba segura de hacerme la operación,  aparte con qué dinero.

No estoy interesado en que nadie me tome por un transexual que mató al marido por viejo o  millonario, o que lo maltrataba; no me interesa si me creen  inocente o no, al final ya no tengo nada aquí afuera, solo ojos muy curiosos que me culpan de inadaptado, de un maricón insatisfecho. Pero bueno nadie se imagina que detrás de las tetas de silicona, de los glúteos y el rostro perfectos, hay mucho más.

 

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 26 de mayo de 2014 en Vivencias y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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