Vagabundos en calles de la ciudad

Por Rosse Suárez Fagales, colega de la Universidad de Holguín

Vagabundo, CubaAquel señor todo descuidado apareció de la nada y se sentó junto a nosotros en el banco central del parque Calixto García, en Holguín. Nos miraba con aquel deseo de escucha que aclaman las personas mayores cuando tienen un pesar que compartir, y nosotros le brindamos la atención que demandaba. Escuchamos su historia atentamente, y aunque no sabíamos si era cierta nos conmovió la triste descripción del momento en que murió de su hijo en Angola, frente a él. Tal vez estaba loco y todo era pura ficción, pero aquella noche de carnaval perdió toda la alegría, al menos para mí.  De esa fecha hace ya dos veranos y de aquel hombre no he vuelto a saber, ni siquiera lo he visto. Quizá murió por la pena o tal vez – y ojalá sea así- su familia decidió cuidarlo. El problema es que, como él, hay varios en nuestra provincia.Los puedes ver tirados en el suelo de los corredores de la ciudad como parte del ornamento del casco histórico. Sucios, con las ropas raídas, sin zapatos, con bolsas repletas de las latas que recogen, algunos recorren las calles con periódicos para vender y otros simplemente se sientan en la puerta de la Iglesia San Isidoro para vivir a expensas de los buenos samaritanos que acuden al templo. La mayoría de las veces das por hecho que cada centavo que recaudan va a gastarse en alcohol o simplemente que han perdido la línea de la realidad, pero… ¿Cuál es la verdadera historia que esconden esos “vagabundos´´ holguineros?

¿Nunca han pasado junto a uno de esos músicos callejeros que carecen de una o ambas manos? Si lo han hecho ¿nunca se han preguntado si realmente son alcohólicos, si subsisten con lo poco que compartimos con ellos o si tenían un futuro en la música que fue frustrado por un accidente? ¿Nunca se han sentido mal ante un gesto de indiferencia por parte de un pulcro transeúnte? ¿No les ha dado pena la voracidad con que engullen cualquier alimento que llega a sus manos?

A diario pasan por nuestro lado,  pidiendo limosna, contando sus enfermedades y problemas. Siempre que me encuentro con uno de estos personajes recuerdo el relato “Los pobres” que aparece dentro del libro“Corazón” de Edmundo de Amicis, con la diferencia de que en éste se hace mayor énfasis en la infancia. Aunque, si nos paramos a pensar, nuestros errabundos son como niños; son personas desvalidas que no tiene una familia cerca que se ocupe de ponerle un trozo de pan en la boca. Los hogares de ancianos cada cierto tiempo los reclutan y logran mantenerlos algunos días en sus instalaciones pero luego los volvemos a ver deambulando por ahí.

Poco a poco se nos ha ido endureciendo el corazón, y en parte es por causa de aquellos que se escudan en un falso problema o enfermedad, o, en el caso más clásico, aquellos que casi lloran por unos centavos para comer y cuando das la vuelta, media hora más tarde, los encuentras totalmente borrachos. El punto es ¿cuándo mienten y cuando no? ¿Hay que arriesgarse a entregar dinero sin conocer la finalidad o ignorar la necesidad que nos grita?

Los ves merodeando por el parque, unos hablando solos, otros discutiendo con el enemigo imaginario, algunos protagonizando películas de artes marciales y lanzando patadas al aire y otros solo ignoran todo  y dentro de su burbuja bailan, cantan y declaman. A veces te asustas, otras sientes lástima e incluso hay ocasiones que envidias su capacidad de hacer desaparecer el mundo.

A la mayoría la noche los sorprende  sin más techo que el del Museo de Ciencias Naturales y en más de una ocasión se les ha escuchado discutiendo por una capacidad en las vidrieras de la atelier que está en frente. Otros aprovechan la comodidad de los bancos de los parques; la reclusión de algunos portales o simplemente se acuestan donde les pille el sueño.

¿Tendrán ellos casa propia? ¿Hijos? ¿Hermanos? ¿Alguna otra familia? Y si los tienen ¿Dónde están? ¿Por qué eluden las responsabilidades? Un subsidio del estado no es suficiente, porque la mayoría no está en condiciones de invertir correctamente su dinero. Alguien debería cuidar de ellos, dirigirlos, ocuparse de su correcta alimentación e higiene.

Ellos no son animales, aunque algunas personas los ven como si fueran un bulto más de los que Comunales debería incluir en su limpieza. ¿Cuál es el pánico colectivo? Lo que pensarán los foráneos; que si Cuba tiene mendigos, que si ensucian el entorno… ¡que más da lo que piensen los extranjeros! ¿Por qué mejor no se preguntan que pensarán aquellos que desde el suelo ruegan por alimento? ¿Qué sentirán al verse marginados por sus coterráneos? ¿Cuántos días llevan sentados en el mismo lugar? ¿Si se sienten bien? Creo que es mucho más relevante conocer estos aspectos que la opinión de alguien que todos los días tiene un plato de  comida en la mesa. Mendigos, locos, enfermos, da lo mismo su situación, el punto es que son holguineros y como tales deben ser tratados con respeto y comprensión. Tampoco apruebo a esos que llegan a ser agresivos, con exigencias de dinero, ni a los descarados que luego se bañan, se arreglan y disfrutan la colecta del día.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 5 de mayo de 2014 en Crónicas y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. si, realmente es un tema muy complicado porque es como dices, que casi nunca se sabe si dicen la verdad o no, si cuando vires la espalda se lo van a tomar o algo así, y la situación del país nos ha hecho aún mas reacios. Pero es que tambien uno ve a muchos que no tienen nada y se la pasan pidiendo, que de hecho acosan a los turistas, he incluso que solo le piden al turista, si tu le pasas por el lado no te piden, no le interesas jajaja. Entonces te hace preguntarte si lo necesitan o están en la lucha…?

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