Por temor al rechazo

Jorge Suñol Robles, colega de la Universidad
Poesía-introversión, nostalgiaMi madre sí que era una arresta´. Tener dos hijos en pleno periodo especial era algo que debía pensarse antes. No sé cómo pudo agenciárselas. Solo ruego no haber sido víctima de aquel bistec de colcha de trapear, que muchos dicen haber sufrido, o de la cáscara de fongo, de la que no me imagino su gusto.

Primero vino mi hermano, por allá por los ´90, y con él, todo fue normal. Cuatro años más tarde aparecí yo y no comprendo por qué, pero conmigo la cosa cambió.

Él, como todo niño estable, asistió a un solo círculo infantil, una primaria, una secundaria y un pre. Yo, no sé exactamente en cuántas escuelas estuve, lo cierto es que cuando me acostumbraba, venía el cambio. Esto del traslado de centro en centro fue cuestión de direcciones y mudanzas y de alguna manera, después de varios años, entendí a mi madre.

Pero no todo quedaba ahí. A mi hermano, como era común en estudiantes de secundaria, le tocó ir a Sagua en su etapa de escuela al campo, yo tuve que recoger boniato en Arroyo Seco y me quedé con la ilusión de recolectar café. Sigo, él no sufrió el “fascinante” mundo de las teleclases, mientras que yo me volvía loco porque no me daba tiempo tomar notas de una diapositiva.

Por último, mi hermano alcanzó el último “camión” directo a San Andrés (al pueblo, para llegar a la escuela había que caminar y caminar…). Yo llegué al pre y por causa del “perfeccionamiento” en el plan de estudios, los preuniversitarios en el campo quedaban fuera de las opciones.

Mi deseo era estar interno y por eso me decidí por la Vocacional. Al entrar, dos semanas más tarde, llegó la noticia: Los holguineros no pueden quedarse interno, nuestro país está inmerso en un programa de ahorro… Ya ese lío del presupuesto me lo sabía de memoria, y qué más podía hacer. Pasé los tres años con mi cacharrita del almuerzo en la mochila (cuando había) y escenifiqué cada día fragmentos de películas de acción a la hora de montarme en algún transporte.

Ahora bien, en esta crónica, ni mi hermano ni yo somos protagonistas. En todo caso él sería un extra, para no quitarle el crédito en la historia, porque él mismo fue el que me la contó. Los hechos se centran en Raúl y tienen lugar en un pre en el campo (el mismo de mi hermano).

Raúl era un muchacho parlanchín y autosuficiente. Le gustaba ser el centro de atención en cualquier lugar donde estuviera. Chivador, se hacía el guapo con todos. Le fascinaba que las chiquitas le cayeran atrás y él como siempre se daba “patá´” (no les hacía caso).

Alberto, Mario y Yankiel eran sus colegas de la jodedera. Vivían molestando a la gente, hacían maldades por la noche, se “fresqueaban” con las profesoras jóvenes y le cogían una nalga en medio de la formación a cualquier muchacha que le pasara por al lado.

Raúl era el promotor de aquellos espectáculos. Él robo de comida a los más tranquilos, la humillación a “las rellenitas”, el abuso con los decimales, en fin, se sentía dueño de aquella beca.

Su presencia era tan desagradable que cuando llegaban las etapas finales del curso, todo el mundo se alegraba, iban a descansar de él. Durante sus tres años en el pre, este se encargó de fastidiarle la existencia a Manuel, un muchacho estudioso, muy agradable e inteligente, y además compañero de aula.
Manuel era homosexual y esta era la causa del fastidio constante, un fastidio que llegó a convertirse en un violento acoso y en una de las “habituales” golpizas terminó hospitalizado.

Una tarde, antes de graduarse, Manuel le preguntó porqué sentía tanto odio hacia él, pero este no le supo responder y prefirió ignorarlo. Pasaron unos minutos y Manuel entró al baño para ducharse.
Mientras se desvestía, Raúl lo miraba de una manera extraña, sin que este se diera cuenta. De pronto: Oye asere, que tú hace´ ahí con esa pájara, ven pa´ acá., intervino Yankiel.

Raúl siguió allí hasta que Manuel se percató y salió corriendo. Ahora todo es un poco más entendible. Este estaba inseguro de su orientación sexual, como muchos homosexuales, se refugiaba en una falsa personalidad porque tenía miedo no ser aceptado, claro, eso justifica sus acciones, ni las actitudes asumidas.

Alberto, Mario y Yankiel siguieron en sus rutinas y a Raúl lo votaron de la pandilla después de una golpiza.

Historias como esas hoy forman parte de esas etapas de escuelas en el campo. Raúl nunca soñó con ingresar a la universidad, pero al parecer tuvo suerte y al final le llegó medicina. Quizás si yo hubiese nacido cuatro años antes, el cuento sería diferente o quién sabe, volvería a repetirse, pero ahora hablamos de este, que a pesar de todo, fue el que me contó mi hermano.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 14 de abril de 2014 en Vivencias y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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