Soliloquio y el féretro

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

féretro, muerteSoliloquio quiso crecer, desarrollarse, mas no pudo ser. El aire se tornó denso. El cielo amenazó con aplastarlo. Soliloquio se suicidó hace cuatro minutos. Se escuchan llantos, lamentos, también carcajadas. Soliloquio vomita y todos creen en el milagro.

Unos celebran, otros se golpean la cabeza. El muchacho de pelo amarillo se pica las venas. El lugar parece llenarse de sombras, de sangre. Soliloquio mira a los presentes. Recoge el líquido que expulsó de sus entrañas en una copa de madera. Lo riega por su cuerpo. Maldice. Cierra el féretro y se vira bocabajo. Sólo uno, sólo uno puede entrar. Los demás permanecen sobre la tierra para jamás conocer lo que se esconde debajo.

Las lágrimas, la sangre, los trozos de carne no bastan. La muerte huye para fastidio de quienes viven en ese lugar. Soliloquio los mira. Y nada más.  

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 2 de abril de 2014 en Historias de Soliloquio y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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