Medusas en el fondo

Por ERIAN PEÑA, colega de la Universidad

MedusasDime qué piensas de esto… le dije a J y la besé. Un pequeño beso que excitaba tanto como los largos y húmedos. Sombríos y húmedos. Tiernos y húmedos. Callados y húmedos besos de J.
Dame otro beso y abrázame, me dijo.

Llevábamos más de dos horas en espera del amanecer y botella y media de vodka con refresco de limón circulaba por las venas. Y otra botella y media del mismo Samarskaya en espera de igual destino. Circular por todo el cuerpo y meterse en los laberintos del cerebro. Circular. Circular como las aguas.

Míralos, que te parece, no es gracioso…

No la conoces, pero ella es así y tu amigo no se queda atrás… Y esos dos de acá algo se traen…

A unos metros de nosotros, Y y C se besaban. Quizá con besos tan húmedos como desconocidos. Sobre el muro del malecón confirmaban lo terrible y divino que es conocer a alguien horas antes y luego delinear con la boca el cuerpo ajeno. Piedra y camino. Noche que amanece como agua en el agua.

Como hacía frío tenía a J dentro de mí. No tan dentro como otras veces, pero llegaba a ser una extensión de la camisa que se enreda en el cuerpo. Estábamos sentados en el muro del pequeño malecón que bordea uno de los ríos de la Ciudad fluvial y efímera. El rio moría a unos metros en la costa. Al lado de un puente de hierro colonial. Abra al mar.

Siempre me sorprendió mucho esa unión de aguas. Dulces. Saladas. ¿Donde realmente se mezclan? ¿Hasta qué parte es todo salado y todo dulce? ¿A que sabrán los besos que he dejado de dar a estas alturas? Vino tinto, ron, vodka… ¿Vodka con refresco de limón?

¿Acaso puedes saberlo? y me dio otro beso húmedo. No sé hasta qué punto supo a vodka, o a limón. O cuanto había de mi anterior beso en el que ahora me daba. Tampoco quise saberlo.
Y y C seguían besándose. J y yo nos devorábamos sobre el muro. Entre ambas parejas, H y R se miraban provocativamente. H trabajaba como editor en una revista literaria, pero ese es otro punto para entender luego a H. R era músico en un bar. Interpretaba boleros y canciones para el turismo frente a un sobrio piano, con la elegancia de un Monsieur Bola de Nieve que mezcla ademanes con el temperamento de la Burke o Moraima Secada. Eso lo hacía en días pares. Los impares R cantaba jazz con una voz negra sorprendente. Versiones a temas de Nina Simone y Ella Fitzgerald. Pero la forma de su boca, aquella tarde en que nos conocimos al lado del rio, no dejaba de recordarme uno de los cantantes de The Rolling Stones. Una boca amplia y de labios gruesos.

Y destaco lo de su excelente voz (realmente lo era) no por interés en delinear el personaje, sino porque en aquel momento R cantaba a capela Veinte años, la habanera de María Teresa Vera. J comenzaba a bajarme el zíper del pantalón y metía su mano dentro. Yo hacía mi trabajo debajo de su falda. Cerca del puente Y y C se perdían recostados al muro. R cantaba y a H le brillaban los ojos frente a él. Mirando a las aguas, H (otro de los personajes de esta historia) parecía perdido. Tenía la muerte de la ciudad nocturna y callada junto a él y varias historias navegando con el vodka entre las venas. Parecía Siddhartha Gautama frente a las aguas, el primer gran iluminado y fundador del dharma budista. La encarnación del dios Vishnú. En el fondo, pequeñas medusas resplandecían en verduscos tonos fluorescentes. Y H las perseguía con la mirada. Allí el agua era salada, o al menos salobre. Todavía no se mezclaban del todo las aguas. O eso indicaba las medusas. Algo significan sus flujos resplandecientes esa madrugada, luego me dijo H.

Como a las cuatro y cuarto de la madrugada se perdió la boca de R en otra boca, y con el beso apagó aquello de si las cosas que uno quiere se pudieran alcanzar, tú me quisieras lo mismo que veinte años atrás…
Que veinte años atrás…
Que veinte años…
Veinte años…
Veinte.

Ni uno más. Solo tengo veinte años y me dicen que pienso como un burguesito de mierda. Un soñador hijo de puta y medio elitista que quiere tragarse una ciudad de aguas. Que acabará hundiéndose como todas las ciudades de agua. Como todo. Hundiéndose como las medusas en el fondo. Pero sin resplandecer.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 24 de marzo de 2014 en De todo y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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