La Criollita (II y final)

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

piroposPensamos que después de dos semanas se iría, pero siempre volvía. Decía que ella pagaba cualquier cantidad de dinero por la mercancía, que por favor la ayudáramos porque se le estaba acabando el tiempo. Nos tenía encajonaos.

Sospechamos que era periodista, pero qué podría resultar interesante para la prensa en un cementerio. Allí no había sustitución de importaciones, sobrecumpliniento, ni inventos de FORUM aplicados a la abertura de tumbas. Además, esa gente se presenta primero. Lo de reporteros investigando a escondidas solo es en películas.

Guayabo dijo que quizás era una loca, amante de lugares fúnebres, pero de tostá no tenía nada. Parecía hasta inteligente. Descartamos la posibilidad de que tuviera algún familiar enterrao allí, porque nunca se detenía más de tres minutos en alguna tumba.

Pola pensó en la posibilidad de que fuera policía, y ahí sí que la cosa se puso mala. Suspendimos el negocio por un tiempo.

Me siento importante en esta conversación. Nunca me habían prestado tanta atención. Ella parece entusiasmada. Le hablo de los jelengues con algunos familiares y de cómo hemos cogido huesos de un difunto para ponérselos a otro.

La condená seguía viniendo todos los días al cementerio a pedir que la ayudáramos. Decidí arriesgarme. Lo del negocio parao me tenía mal. La llevé a la parte trasera. Ese era el lugar de venta. Me preguntó que cuáles eran los precios. Miré a ver si había moros en la costa. Ella sonrió. ¡Qué buena estaba! La vacilé otra vez de pies a cabeza. Si yo hubiese tenido tanta suerte como el Pola para las jevas me la hubiese apretao allí mismo.

Hasta le hice rebajas: Falange a cincuenta pesos, rótula a 100, fémur a 120, húmero a 160, cráneo a 400, carabela a mil. Ya, ya, me dijo nerviosa. Solo quiero un pedacito para un resguardo. Le respondí que eso le costaría 30 pesos. Sonrió y me pasó la mano por la cara. No me gusta relacionarme con los clientes, pero la Criollita estaba durísima. Me dijo que allí tenía pena, porque había demasiadas personas, seguro que algunas hasta chismosas, aunque estuvieran bajo tierra.

Me cuenta poco de ella, y a mí eso ni me interesa, porque lo que quiero es meterle mano, disfrutar todo lo que el vestido me deja ver, y con lo que sueño desde aquella tarde en el cementerio. Le doy algunos besos y apretones. Me propone que vayamos para su casa. Cuando llegamos me aparta con un gesto brusco y me dice que no puedo pasar. Le pregunto que qué carajo le pasa, que cuál es su juego de mierda. La noto nerviosa. Dice que su abuela regresó antes, que mejor nos vemos mañana para planear un encuentro íntimo. En el interior de la casa se ven luces y una señora pasa cerca de la ventana. Eso me calma.

Después de una semana no ha vuelto. Seguro que como ya consiguió lo que quería, se perdió. Na` que la gente resuelve y se va hasta que vuelven a necesitar. No le conté lo sucedido a Pola ni a Guayabo, porque se hubiesen muertos de miedo. El negocio va mejor que antes.

El cementerio es más triste sin la Criollita. Casi no me concentro en la lectura del periódico porque pienso en ella. Levanto la cabeza y la imagino sentada en cualquier esquina con aquellos chores cortos o vestidos casi inexistentes. Vuelvo a mirar la prensa. ¡Coño!, no puede ser. El otro camino de los huesos es el título de un trabajo.

El Pola y Guayabo se molestarán muchísimo. Ahora sí que se acabó el negocio. La Criollita nos jodió. Ella también tendrá lo suyo.

Mientras camino hacia su casa pienso en cuál será su merecido. Haré que se arrepienta e implore la compasión que no tendré. Cuando llego descubro que allí nunca vivió una muchacha con sus características. Ningún vecino la ha visto jamás. Camino hacia cualquier dirección con la certeza de que pronto me uniré a quienes habitan el cementerio que una vez pisé. Allí también la esperaré, porque esto no se quedará así.

 

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 26 de febrero de 2014 en Cuentos y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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