Venganza

Por YASEL TOLEDO GARNACHE
Machete asesinoMe mataron a machetazos. El primero me rajó el pecho en dos, el segundo me arrancó la cabeza y el tercero me picó por la cintura, ahora recibo otros en los brazos, en la barriga, en las piernas, en las costillas, en la espalda, en todas partes. Mi cuerpo se tambaleó con los primeros tajazos, pero en estos momentos, no se mueve, no sangra, ya expulsó todo su líquido interno, no parecen importarle los golpes. El asesino parece molesto, inconforme, quizá porque no gemí, no grité. Sólo se sintió un sonido leve, un chillido casi inexistente, y el crujir de mi carne atravesada.

No le basta. Me cae a piñazos, a patadas, me escupe la cara. Con una piedra, me machaca la nariz, los dedos y hasta los cojones. Ni siquiera puedo verle el rostro, porque ya no tengo ojos, uno de los machetazos me los sacó.

Me encaja una navaja en los pedazos de barriga, de brazos, de pecho, en la frente, en los muslos. Ahora se detiene. ¡Qué bueno! Parece que se cansó, que no me hará más nada, que dejaré de sufrir tantas puñaladas, tantos machetazos.

Acomoda los trozos de mi cuerpo. Seguro que está arrepentido, que me quiere armar, reparar los daños de tantos golpes. ¡Maldito, me las pagarás aunque pares, aunque te arrepientas!
Parece que me equivoqué. No lo siento sollozar, no se lamenta. No creo que esté arrepentido. Sólo acomodó mis trozos para darme más, mejor. Me golpea con una manopla, con un bate de aluminio, con un palo de marabú lleno de espinas. Me pica el pene, lo apuñalea, lo escupe, lo machuca y le pega candela. ¿Por qué carajo tanta fijación con esa parte de mi cuerpo? ¿Acaso este tipo es maricón?

El maldito levanta mis pedazos de carne. Los echa en una bolsa. Camina un rato. Los tira contra el suelo, es un sonido seco, como el de un saco de papas que cae. Cava un hueco. No ha dicho ni una palabra, parece calmado, se fuma un cigarro, el olor a nicotina penetra los poros de mi carne, me vuelve a escupir. Me da otras patadas, y me empuja con los pies.

La tierra me cae encima e intento pedir auxilio, gritar, preguntarle quién es, por qué me odia tanto, qué carajo hice para merecer esto, pero no tengo fuerzas, mi boca se mueve, sin embargo no emite sonidos. Parece que me quedaré enterrado con el cuerpo picoteado, sin ojos, sin sangre, sin pene y con los cojones aplastados, las tripas afuera, la cabeza a un lado y el cuello a otro, y, como si todo eso fuera poco, tampoco puedo hablar, eso me duele más, siempre he sido muy conversador. Siento pasos de otra persona, y unas voces. ¿Qué haces? Nada, entierro a un perro.

No puede ser. Conozco esa voz. Es el gordo de mi barrio. Su mujer le pegó los tarros conmigo, pero él nunca se enteró. Ese gordo siempre ha sido un comemierda. ¡Maldito mentiroso! Yo no soy ningún perro, soy un hombre, un padre de familia que mataste a machetazos, a puñalá.

Me revuelvo de rabia, sudo, las sábanas están empapadas. Alguien golpea la puerta, son golpes lejanos que cada vez escucho más cerca. Me toco el pecho, las piernas, la cabeza, los brazos, la barriga, los cojones, el pene. ¡Qué alivio!

Mi esposa me dice que abra, que ese seguro que es el gordo, porque me anda buscando desde temprano. Le digo que no, que ese loco me va a matar. Ella se burla: Ese gordo no mata ni a una mosca. No quiero morir, no puedo dejar que ese tarrú acabe con mi vida. Busco un machete en la cocina, es uno grande, sin mucho filo, seguro que así le dolerá más. Abro la puerta y le parto pa` arriba casi sin mirarlo. Después del primer machetazo, descubro que quien golpeaba la puerta no es el gordo. Es un joven que no está armado. Sus manos sostienen una botella de ron y un papel que dice felicidades papá.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 5 de febrero de 2014 en De todo y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 12 comentarios.

  1. uff, estas q das miedo con esos cuentos Yasel,¿es algún tipo de etapa por la q estas pasando?

  2. Un cuento tenebroso que quizás refleje un temor. ¿O es un temor por algo que has hecho?
    Cuidado con “El Gordo” que puede, efectivamente, vengarse.
    No andes ni corras aveturas con mujeres ajenas, para eso estamos nosotras.

  3. Oiga hermano, sabía que usted era bueno, pero Venganza me lo ratifica con creces, hacía falta que usted publicara más en papel
    Mucho vigor en las descripciones, mucha sugerencia que convida a seguir leyendo, ciertamente como dice Armienne hay que cuidarse de esas aventuas dije cuidarse no dejar de hacerlas.

  4. Ese final sí que no me lo esperaba. So abusador, casi me haces llorar.

  5. Tremenda historia. Felicidades Yase. Sé que serás grande, los que te conocemos lo sabemos. Un beso

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