La vida de mis perros (III y final)

Hombre y perroPor WILLIAM PARRAO, amigo de la Universidad

Una verdad demostrada es que el mejor amigo que un hombre pueda tener puede volverse en su contra y convertirse en su enemigo. Un hermano, un familiar…A quienes criamos con amor y atenciones infinitas, pueden demostrarnos ingratitud. Los que están más cerca de nuestro corazón, en quienes confiamos nuestra felicidad y buen nombre, también pueden convertirse en traidores.

No hay dudas, las personas están dispuestas a caer de rodillas para honrar nuestros éxitos. Pero serán muchos los que arrojen la primera piedra cuando la desdicha o el fracaso coloquen nubes sobre nuestro porvenir.

El único, absoluto y mejor amigo que tiene el hombre en este mundo egoísta, el único que no lo va a traicionar o negar, ese es su PERRO. Estará a su lado en la prosperidad y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad. Dormirá en el piso frío donde sopla el viento y cae la nieve, sólo para estar junto a su amo.

Besará la mano que no tenga comida para ofrecerle, lamerá las heridas y amarguras sin pretender nada a cambio. Le acompañará hasta el final aunque ello le cueste la vida. Y aun así, no pedirá nada a cambio. El amor nada pide.

Saber eso aumentó mi tristeza por Yida. Regresé a mis años de infancia. Volvieron las lágrimas de niño y llenaron mis pupilas. Con su muerte se fue parte de mí. No exagero, no. Perdí amigo.

Pasaron dos meses y observé en la calle un perro callejero de color amarillo, de los que llaman “satos”. Miré sus ojos y recordé los ojos de Yida. Otros ojos cargados de fe que me pedían una vez más esperanzadoramente la vida. Recuerdo que meneaba su rabo en busca de dueño. Lo recogí y lo traje a casa sin pensarlo, porque de mi juventud me quedaba, al menos, el amor por los perros. Mis padres tampoco dijeron nada.

No pensaron igual los ratones y el resto de los animales. Se alejaron una vez más a causa de Sandokan, que con los días resultó ser un remolino de mordeduras tiernas y juego incansable. Algo que extrañare algún día y que sirve de ejemplo de la inmortalidad humana: Sobrevivimos a varias generaciones de perros.

Aunque algunos queramos su compañía por resto de la vida, en algún punto aparece la inevitable separación. Ese adiós que nada significa si guardamos bien los recuerdos, pero que tanto duelen, cuando se trata de amor.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 3 de febrero de 2014 en Vivencias y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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