Chicharrones (I)

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

chicharrones de puercoMatar puercos me parece trágico. Apuñalearles el corazón y ver cómo la sangre sale de sus entrañas me deprime. Sé que es necesario, porque de lo contrario no podría comer los chicharrones que tanto me gustan. Pero no soy bueno para eso. No tengo valor para encajarles los cuchillos, rajarles la piel y picarlos en postas.

A Lachy sí le encanta. Adora partirles el corazón en dos. Nunca falla. Se embarra las manos de sangre, y dice que esa es la mejor sensación del mundo. A veces, yo quisiera ser como él, porque qué pensarán de un hombre que no puede darle una puñalá ni a un puerco.

Esa tarde yo tenía que hacerlo. Nos habíamos tomado tres botellas de ron, y el juego de dominó estaba más entretenido que nunca. Lachy hacía apuestas, y decía que lo único que hacía falta era un buen plato de yuca con chicharrones, que él tenía un marrano en el corral, pero solo aceptaba matarlo si yo le daba la puñalá. Y yo que no, que a mí eso no me gusta. Todos me miraban fijo, y hablaban tanto que comencé a molestarme. Que cómo iban a perder esa oportunidad por culpa mía. Que cómo un hombre no iba a tener valor para clavarle un cuchillo a un simple puerco. Que pensara en los chicharrones, en las postas y en la salsa. Que yo era un pendejo.

Acepté. Lachy sonrió, y me dijo vamos. Casi no me atrevía a pararme de la silla, pero ya tenía que hacerlo. Me llevó a la parte trasera del patio. Me temblaban las piernas, y solo pensaba en el marrano de la infancia. Mi madre me dijo que debía cuidarlo. Yo lo alimentaba, lo bañaba y le hacía cosquillas en la panza. Ahora tenía que matar a otro, acabarlo de un solo golpe.

Lachy me dio un cuchillo, uno grande, y me dijo a ese hierro no sobrevive nadie. Este es el lugar, debajo de la mata de mango, tienes que darle donde más le duela.

Apretaba con fuerza aquel maldito cuchillo. Miraba a todas partes. Tenía que hacerlo. Eso era lo que siempre había querido. Ya no se burlarían de mí. El sudor me corría por todo el cuerpo.

¡Coño! No podía moverme. Lachy hablaba basura. Que yo era un cobarde. Que solo tenía que clavar el cuchillo y ya. Que le hubiese gustado verme en Angola. Que un verdadero hombre ya hubiese matado a ese maldito marrano. Que era una jeva.

Yo estaba nervioso. Las ideas se tropezaban en mi mente. Lachy me decía ¡mátalo! El puerco hacía un ruido del demonio ¡Mátalo! Y yo que quería chicharrones ¡Mátalo! Oía la voz de Lachy lejos y hubiese preferido ni escucharla, porque me enloquecía. Todo me daba vueltas ¡Solo es un puerco! Me sentía flojo, y casi me desmayaba. Apreté el cuchillo más fuerte y por fin le di la puñalá a ese maldito puerco. Le partí el corazón en dos. Sentí que la sangre mojaba mis manos, y perdí el conocimiento.

Cuando abrí los ojos otra vez, dos hombres me agarraban de forma violenta. A mi alrededor estaban los demás jugadores de dominó. Me miraban con asombro. ¿Vieron? Maté a ese maldito puerco. Ahora comeremos yuca con chicharrones. Lachy, Lachy, ahora sí soy un hombre, ¿verdad?

Descubrí que los hombres que me agarraban eran policías. No entendía nada. Buscaba a Lachy con la vista para que les dijera que el puerco era suyo, no era robado, que lo matamos para hacer chicharrones. La gente hablaba ¡tan cobarde que parecía!

Ruta de lujo por caminos de saberes

Los organizadores del Proyecto Caminos y saberes comprenden que aprendizaje y recreación no son enemigos, sino familia. Así lo demostraron en la ruta 8, con escalas en Boca de Samá, Fuerte de Cañadón, Chorro de Maíta y Guardalavaca.

Mozalbetes y profesores confluyeron en dos guaguas llenas de entusiasmo y deseos de conocimiento y diversión. El profe Juan Carlos Osorio hablaba en Arauco, y los demás pasajeros esperaban la traducción. El aseguró que todos podían comunicarse en ese idioma. Quizá sea cierto, empero no ahora. Todos dicen “yuca”, “casabe”…, y no más. El resumen de las tesis o las entrevistas en opciones a puestos de trabajo jamás podrían ser en lenguaje de aborígenes, sin embargo no podemos permitir su muerte. La cultura de los antepasados es también nuestra. Por eso la iniciativa de Extensión Universitaria es tan grande.

Los ruteros que algunos sábados desandan las calles de Holguín y más allá establecen un diálogo con dinámicas sociales de la actualidad, a partir del contacto directo con el patrimonio. Enriquecen lo aprendido en libros, conferencias, programas televisivos… Tal vez por eso guarden el momento en fotos.

¿La primera parada del último sábado? Ya usted lo sabe: Boca de Samá. Allí se deleitaron con el paisaje y ese raro encanto del mar y las montañas en una especie de pacto para crear, con el incentivo adicional de saberse en un sitio de historia, donde lanchas piratas dispararon a parte de la población en la década del `70.

Hubo sangre durante aquel día gris. Hoy existen un museo, sonrisas y primas de compañeras de aula, que confiesan su orgullo de vivir en el lugar y envían saludos a su familiar acá, en la Universidad. Una señora aseguraba que Cristóbal Colón estuvo cerca, pero no pisó tierra. Boca… también tiene sus leyendas.

Los viajeros se fueron hacia donde estuvo el Fuerte de Cañadón, a cerca de cuarenta metros sobre el nivel del mar, según dijo alguien. Llegar a la cima no fue difícil. El poblado quedaba a los pies.

El antiguo Fuerte español pretendía proteger al puerto de Samá y controlar la zona. El profe Osorio explicaba que las tropas de Antonio Maceo lo atacaron en 1896, aunque el objetivo no era tomarlo, sino obtener armas, municiones y facilitar el escape de un mambí infiltrado en las fuerzas españolas. Junto al obelisco, más fotos que se multiplicaron en el museo de sitio Chorro de Maíta y en la aldea aborigen.

La Ms. C. Teresa Zaldívar reveló interioridades del hoy Monumento Nacional, que alberga el enterramiento de 133 individuos, la mayoría de los cuales murieron entre los 9 y 17 años de edad, porque “parece que existía alguna epidemia en la comunidad”.

Las investigaciones de especialistas del departamento Centro Oriental de Arqueología, con la dirección del desaparecido Dr. José Manuel Guarch Delmonte, permitieron el descubrimiento del cementerio, convertido en museo en 1990.

En la aldea, algunos se embullaron y hasta bailaron con aborígenes que hablaban Arauco, español y hasta inglés. El encuentro de culturas sucedió otra vez, aunque muy diferente a la de 1492. Cristoforo Colombo ya no existe y los extranjeros que confluyeron con los muchachos de la Universidad no pensaban en conquista, sino en disfrutar y conocer costumbres de antepasados cubanos, gracias a las opciones del turismo aquí.

¿Luego? Almuerzo – momento importante por supuesto-, baño en aguas de Guardalavaca, y conversaciones entre amigos.

El Proyecto Caminos y saberes incrementa el conocimiento y arraigo de pertenencia de quienes, sin ser vecinos del Chorro u otros sitios de importancia cultural, los sienten más cerca, porque los visitan y comprenden mejor su significación. Aplausos para quienes lo impulsan.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 22 de enero de 2014 en Cuentos y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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