La ironía de un nombre: Primavera Árabe

Por Yasel Toledo Garnache

Primavera árabeMedios de comunicación las denominaron como Primavera Árabe. Especialistas las llamaron madurez de una sociedad deseosa de mayor repartición de riquezas e inclusión en decisiones políticas. Occidente se declaraba neutral. Acusaciones en contra de la CIA y de otros servicios de inteligencia rebotaban en parte del planeta. Para mi abuela y hasta para compañeros de la Universidad, fueron otro ejemplo de lo mismo: el Medio Oriente es volcán, conflicto permanente.

Las manifestaciones populares en el Sur del Mediterráneo, iniciadas en diciembre de 2010 y enero de 2011, no se explican de manera sencilla. El incendio del vendedor tunecino Mohamed Bouazizi no fue el verdadero comienzo. Hasta ese momento, existían conflictos latentes en la región, con las eternas pugnas entre Israel y Palestina, tensiones en Irak y secuelas de la guerra en Afganistán. Según los investigadores Diego Fossati y Fernando Bazán, se percibía que el escenario empeoraría. Desde hacía casi cincuenta años, Occidente tenía presencia militar y política, con intereses económicos en sectores como el petróleo. ¿Excusa? La lucha contra el terrorismo y fundamentalismo islámico.

Para Bernabé López García, analista de la Universidad Autónoma de Madrid, fue una especie de efecto dominó o contagio: El pequeño Túnez dio al traste con el frágil escaparate del papel de los poderosos, destruyendo apariencias, coartadas y etiquetas. En verdad, huelgas y reclamos, iniciados en esa nación, recorrieron Egipto, Libia, Yemen, Jordania, Bahrein, Marruecos, Omán e Irán, en menos de sesenta días. Ese autor asegura que la esperanza de conseguir reformas constituyentes, con poderes políticos más abiertos, transparentes y, sobre todo, accesibles, democráticos y justos, impulsó a los manifestantes, en su mayoría jóvenes, porque los pueblos árabes dijeron no a una forma de gobernar, basada en la humillación, la hogra, la explotación y la privación de derechos, en aras de la supuesta estabilidad, coartada para las tiranías.

Olga Rodríguez, periodista especializada en Oriente Medio, señala que se pronunciaron en contra de la corrupción estatal, diferencias entre ricos y pobres y la ausencia de libertad de expresión. La falta de trabajo, decadencia de la imagen nacional y la represión sistémica, con apariencia de pseudo-democracia basada en fraudes electorales, también influyeron en el disgusto popular. Críticas y demandas se centraban en líderes locales como únicos responsables de los problemas sociales, aunque el fenómeno incluía a otros.

La tecnología e Internet, con redes sociales como Facebook y Twitter, favorecieron la coordinación y rapidez en las movilizaciones. Eso permitió mejores resultados que en las revueltas de Túnez (1978), Egipto (1979), Marruecos (1981) y Argelia (1988).

Según Luz Gómez García en Islamismo y democracia en las revueltas árabes, los e-mails fueron decisivos para orientar a manifestantes en el empleo de técnicas de confrontación. Youtube y televisoras, como Al Jazeera, contribuyeron a la divulgación del fenómeno a nivel internacional. Empero las principales armas fueron frustración e ira, deseos de cambiar la realidad, que se transformaron en multitudes en las calles, lo que López García llamó pérdida del miedo. La legitimidad de los reclamos fue tanta que hasta fuerzas de seguridad contrarias se sumaron. En territorios, como Libia y Bahrein, se trató de evitar lo sucedido en Túnez, donde la dictadura de Ben Ali terminó en apenas un mes, por lo que las negociaciones se convirtieron en represión y muertes.

La estabilidad y fuerza de las movilizaciones influyeron en las respuestas. Gobiernos, como el tunecino, dimitieron de forma rápida, pues no contaron con el apoyo de los ejércitos, y el pueblo mostró unidad en la búsqueda de sus objetivos. En otras naciones, con estructuras estatales colapsadas por luchas internas, el consenso desapareció con el surgimiento de alianzas sectoriales y agendas propias. Chiitas en Bahrein y clanes del Este en Libia cobraron protagonismo.

Los sucesos revelaron que las fuerzas de seguridad no eran efectivas en situaciones de masas. Fossati y Bazán expresaron que la Inteligencia preventiva falló por la corrupción sistémica y la pérdida de miedo de los ciudadanos, pilar de la defensa interna en esos regímenes.

Resultó decisiva la poca adecuación de las fuerzas militares para ese tipo de circunstancias. Su estructura y pensamiento de la mayoría de los integrantes se basaba en la represión de disidentes y grupos terroristas radicales. La división de batallones en clanes afectó la unión del ejército libio, uno de los más importantes de la zona con más de 45 mil efectivos, pues cada uno respondía a sus líderes tribales y no al poder central.

La Primavera Árabe fue de carácter cívico, aunque la religión estuvo presente como en casi todo suceso de aquel territorio. La ira de jóvenes a través de Facebook, Twitter y blogs, el papel de Al Jazeera y la eficiencia en la convocatoria de huelgas fueron determinantes para que el fenómeno se extendiera. La politización de consignas y la contribución de sectores profesionales, incluidos jueces y periodistas, también le concedieron mayores dimensiones al impuso inicial.

Los observadores de la ONU hicieron precisamente eso: mirar cómo asesinaban a la población. En Siria, Bashar al Assad empujó a su país a casi una guerra civil mientras el conflicto se pintaba como lucha conmatices balcánicos e iraquíes.

Según un informe del banco HSBC, el Producto Interno Bruto de Egipto, Túnez, Libia, Siria, Jordania, Líbano y Bahréin, los siete más afectados, será un 35 % más bajo en 2014 de lo que habría sido sin los levantamientos de 2011.

Los sueños de jóvenes, generación digital que se jugó la vida en calles analógicas y físicas, se esfumaron casi en su totalidad. Lograron el establecimiento de nuevas constituciones y elecciones libres en varios países. Empero eso no significó democracia. La figura de Mubarak y otros tiranos gravitan en aquella zona. La ironía no podría ser mayor, ni más dolorosa.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 24 de diciembre de 2013 en Comentarios y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

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