¿Dónde queda Palmarito?

tierras de fuego

tierras de fuego

Palmarito es como la Meca. Al menos una vez, es sitio de obligado peregrinaje para: hijos pródigos o momias egipcias que regresan, para habaneros que, en un rapto de iluminación, comprenden que trabajar el campo es la realización de sus sueños –adiós carrera de Matemáticas, Vedado, teatros-, para prófugos de negocios fallidos y de la policía, para ex-esposas radicadas en el extranjero, para casi ex-esposas radicadas en La Habana, para suegras enfermas de los nervios –todas lo están-, para cocineras cantantes de puntos guajiros con hijos carpinteros ebanistas traumatizados, para rastreros persecutores del pasado y, también, para miles de cubanos, tres veces por semana.

Porque, seamos justos, la televisión rara vez, nos deja opción. Tierras de fuego o beisbol, he ahí la cuestión, diría Guillermito. Y que conste, que martes, jueves y sábado, puede ser  aún peor. (ver Tifón: (sustantivo). En portugués imbécil. En español Pitirre. Dícese de aquellos distraídos que han ganado fortunas jugando football y no les apena ser traicionados ante la vista de millones de televidentes.)

Palmarito es como Ítaca. Provoca un síndrome de Ulises en las personas, que les impide dejar de regresar. No sé si exista un dios de las carreteras y los camioneros, pero ni siquiera las dificultades del transporte y las furias que desate este nuevo Poseidón de las autopistas cubanas, impide que Miriam vaya y venga a La Habana una y otra vez; y si en su primer viaje vino sola, en el segundo ya trajo al hermano, pero ¡horror! en el tercero vino con el niño y su madre, o sea, la suegra de Ignacio. ¡Qué iluso somos! Creíamos que era La Habana quien no aguantaba más y era Palmarito. Mas, ¡cuidado! Puede ser peor, siempre puede serlo. Ya el padre de Miriam, dos ó tres capítulos atrás –o mil, quién sabe-, amenazó: –Voy a tener que ir a Palmarito. Palmarito ha invertido la lógica del éxodo.

Palmarito es el único sitio de Cuba – si definitivamente está ubicado en nuestra geografía- donde a las mujeres les alcanzan las íntimas o almohadillas sanitarias – y digo esto, porque Diana tuvo una, aparente, extensa relación habanera con Ernesto. Después, este la vendió a un extranjero – uno de los pasajes más sórdidos y mejor logrados- entonces ella regresó ¡dónde si no! a Palmarito, inició una relación con el Pitirre (ver Tifón) y tras, decenas de capítulos, de pronto, en un rejuego entre el tiempo real y el tiempo de la novela, que Mario Vargas Llosa envidiaría, nos enteramos de que Diana está embarazada. ¡Señor, solo había pasado un ciclo menstrual! Por ello, aún desconociendo por cuál vuelta de las íntimas de noviembre están en la farmacia del lugar, confío en que estos rejuegos del tiempo, permitan a las palmaritenses sobrevivir a ese conflicto en que, de mes en mes, se ven envueltas tantas cubanas.

En Palmarito, el chisme ni se crea ni se destruye, solo se transforma y se almacena. Aún así, ¿cómo es que nadie se pregunta de qué vive el habanero ese que lleva ya tanto tiempo rondando por allí? ¿A quién Ernesto le vende su ilegal mercancía?  Y aún algunas preguntas, más por curiosidad que por otra cosa –por favor autoridad, tenga usted esto en cuenta- ¿A cómo se vende la carne de ganado mayor allí?  ¿Quién o quiénes la recepcionan? Téngase presente que, Palmarito es el único lugar de Cuba en que estos animales son sustraídos de una vaquería y, a plena luz del día, sacrificados por el noble Felluco.

En Palmarito, el noble y deseado cuchillo salvador de Felluco, lleva a las vacas al nirvana y les aparta para siempre del sufrimiento causado a sus ubres, por las entrenadas y crueles manos de Manuel. Recuerde usted que, antes de aparecer en la vida de Manuel la dulce Ayme, este contaba con años de experiencia criando solo a su hija Yanet. ¡Padre y madre a un tiempo! (¿será hermafrodita?) Así, imaginen las madrugadas en la vaquería. Los animales sienten las pisadas firmes del guajiro que se les avecina con su sonrisa de costado. El golpe del banquillo de trabajo contra el frío suelo que supone el inicio de la faena. Manuel que coloca debajo de ellas el cubo vacío, listo para ser llenado de desayuno escolar para la escuela primaria de la cooperativa 17 de mayo. Las manos de Manuel haciendo las ubres y apretándolas con firmeza, con oficio, por instinto de años, mientras su mente vuela hacia Nancy, la malvada. Nancy, la traidora. Nancy, la última noche que pasé contigo. Nancy, la aborrecible. Nancy, mala madre. Nancy, Betty de mí. Nancy, ¡coño Nancy! ¡Maldita Nancy! La leche derramada fuera del cubo. Este mes tampoco podremos cumplir el plan. Felluco es entonces, para los pobres animales, el mesías.

Palmarito es el hogar de un grupo de mujeres únicas. Penélopicas. Allí vive la enfermera Aymé, cuyo vestido de novia tiene encajes que amarillean en algún sitio de su armario. Aymé suplicando que le den un viaje a Topes de Collante. Un viaje de placer a tope y, Manuel, tan trabajador, tan buen padre, demorándolo. Celoso, cercano siempre a las ubres de sus amadas vacas. Palmarito es el hogar de Isabel. La abnegada Isabel, a punto de entregar las tierras de la hondonada del río a un Ignacio –que las pidió por la trecientos- deseoso de hundir en ellas las herramientas de trabajo que las hagan producir. Deseoso por desbrozar. Regar. Fertilizar esas tierras. Las tierras que Isabel le otorgó por la trecientos. Esas tierras parecen que finalmente fueron entregadas en el capítulo del miércoles último. Por cierto, ambos protagonistas deben estar consultándose ahora con el médico, porque eso de despojarse de la ropa en medio de las hierbas y las hormigas de Palmarito debe traer consecuencias, aunque a veces no. Bien lo saben los universitarios, los pobres sin dinero para alquilar cuartos y sin uno propio.

En Palmarito, también  sobrevive Paula Rosa. Se desconoce por qué aún su esposo no la ha asesinado. Cada capítulo es para Paula Rosa un histriónico naufragio. Naufragio no, Titanic. De ahora en adelante, usted no debe desearle la muerte a su peor enemigo. Debe desearle larga vida al lado de Paula Rosa. Paula Rosa, para ser o querer ser campesina, no basta con decir refranes. Por allí desfila también la secretaria-cocinera y la vieja del chisme, madre del novio de Tutankamón. Por último, ahora no está en Palmarito ¡gracias, señor! la esposa de Erminito, rostro apacible y joven –sólo eso.

Palmarito tiene, sin embargo, un lugar mágico: El círculo social, su Torre Eiffel, sitio donde se ventilan problemas de la urbe palmaritense entre hectolitros de Tukola y cervezas Bucanero. Solvencia económica. Eso si tienen en Palmarito. No sé cómo, porque en mi vida, he visto tierras más áridas, más perdidas en hierba y peor trabajadas. ¡Claro que no pueden cumplir con el plan!

En Palmarito, sin embargo, falta algo. O por lo menos, aún falta. Tan buen guionista de seguro lo solucionará. No hay una relación homosexual. También con este plan están incumpliendo. Quizá podamos resolverlo casando a Daniel con el nuevo campesino Javier. Sería un giro interesante que, además, haría creíble el interés de este último por el campo. Sin contar que Daniel estudia Historia del Arte. Dudoso.

En Palmarito, no obstante, si usted es persona impresionable, le recomendamos que no espere los créditos, porque, al final, la noche que usted menos lo espere, un locutor de voz trasnochada le anuncia, en medio de un ridículo montaje de llamitas que: El pasado regresa para hacer el mal. No hombre, no. El mal ya está hecho. Es made in Palmarito

 

Más de Tierras de fuego:

http://delupasycatalejos.wordpress.com/2013/06/26/tierras-de-fuego-el-dardo-en-la-diana/

 

http://www.juventudrebelde.cu/multimedia/fotografia/generales/escena-de-la-novela-tierras-de-fuego/

 

http://www.tvcubana.icrt.cu/destacados/816-proximamente-la-telenovela-cubana-tierra-de-fuego

 

http://elblogdelahormiga.blogspot.com/2013/06/las-deudas-por-cobrar-tierras-de-fuego.html

 

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 17 de diciembre de 2013 en De todo y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. solo voy a decir una cosa y en buen cubano, está en candela pero en candela la novelita…

  2. Ahora si llegó la apocalipsis para la prensa cubana!! Que poca clase tiene este pichón de periodista! De Naguilandia no va a salir nunca! Será posible que muchachitos como este sean el relevo de los grandes que hoy hacen periodismo en Cuba? Convencido que no. Gracias a Dios. Le perdonamos las faltas de ortografía y redacción pero las chusmerías periodísticas características del sexo débil…jonrón…creo que solo faltaron obsenidades para sumarse a los muchos de la calle…..que tus profes no se enteren que escribiste tanta estupidez…ah! y si quieres ver lo que es el periodismo cultural de nivel criticando fuerte sin que falte el terciopelo, la ética y la decencia cultural revisa de vez en cuando los artículos de Pedro de la Hoz y Joel del Río para que comprendas cuan desviado estás en tu intento. Perdoname por haberte dedicado tanto tiempo. Feliz 2014!

  3. Muchas gracias por tus sugerencias. Este es mi espacio personal y escribo como quiera. !Qué raro! He recibido muchos elogios por este post. Su objetivo es divertir a quienes lo lean. Un abrazo desde Naguilandia

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