El niño

María no quería hacerlo. Yo lo pensé varias veces y al final terminé aceptando la propuesta del Palomo. No podía contar toda la vida con las opiniones inseguras de María.

No hay otra manera de tener un niño. Me parece que los tres llegaremos a lograrlo. No veo otra oportunidad. Ahora, más que nunca, creo que debe ser con el Palomo y no con otro, le dije a María.

El Palomo es todo un personaje. Es un mulato alto, que casi siempre viste de blanco, o de colores muy claros. A ella no le gustaba porque parece santero, pero nunca lo he visto con collares ni cosas de ese tipo. No digo que no los tenga, siempre los negros creen en sus cosas, pero si es así lo disimula muy bien.

A ella le resultaba muy sospechoso el color de la ropa. El blanco, y en eso concuerdo yo con María, es lo más ajeno que existe de la pureza. Pero no creo en supersticiones, solo me asusta un poco la pureza.

Él era quien nos hacía falta para tener al niño. Es todo un profesional en esas cosas. Además, no hay parte del país que el Palomo no conozca de memoria y quizá sea necesario huir un tiempo de la ciudad. O desaparecer para siempre. El creía que no era difícil. Nunca lo he hecho así, pero será otra raya para el tigre. Una raya más, dice y se ríe.

María me lo dijo, un niño no es cosa de juegos, Dayana. No confío en que ese Palomo pueda lograrlo, pero si tú lo dices… si crees que no hay manera de adoptarlo por la ley o tenerlo de otra forma…

No la hay, le respondí tajantemente, para no darle oportunidad de pensar en otras soluciones que no fuera la de arriesgarse y confiar de una vez y por todas en el Palomo.

No la hay, repetí. Solo tenemos una oportunidad, si no es esta, no habrá otra. Solo pueden adoptar matrimonios mayores de veinticinco años y casados por la ley, y de la ley no tengo que hablarte a estas alturas… Y lo de la inseminación o un semental para que cualquiera de nosotras quede embarazada, eso lo hemos hablado muchas veces y ya sabes lo que opino… no tendría estómago para tenerlo encima de mí y después mirarte como antes…

Ella insistía en la poca probabilidad de lograrlo. Y yo, cansada de lo mismo, escuchaba sus miedos para no contradecirla. María me repetía, nunca busques por la fuerza lo que Dios no te ha dado por naturaleza. Pero yo, que no creo en Dios, aquello me importaba poco.

No quería morirme sin tener un niño pequeño entre los brazos. Un niño que fuera creciendo a la par que envejecíamos y la casa envejecía con nosotros. Sentirlo llorar, reír, decir mamá y echarme los brazos… Decirle, Ay niño mío, niño mío sin nombre. Porque María y yo nunca nos pusimos de acuerdo en el nombre del niño. Porque sería niño, de eso sí estábamos seguras. Rafael decía ella, como el pintor italiano; yo Enrique, como muchos reyes ingleses. Pero nunca decidimos cual sería su nombre.

Siempre supe que María quería lo mismo que yo. Ambicionaba con furia silenciosa un niño. Quizá más que yo. Con más fuerza. Pero María es de las que no expresan con facilidad lo que sienten, o se lo guardan y lo van mordiendo poco a poco, y cuando se les da por fin, solo queda un pedazo, el hueso inservible de lo que deseaban con desespero. Alguna que otra vez despertó gritando, sí mi niño, sí Rafaelito… y volvía a dormirse, masticando aquellas palabras con suavidad. Sí, mi niño, sí, Enriquito… aquí estoy. Aquí estamos. No le temas a la oscuridad, aquí está mamá, decía yo bien bajo para no despertar a María.

El Palomo nos trajo al pequeño un viernes por la noche. Llovía y se nos iba a dificultar la huida de la ciudad. Dijo que le fue difícil entrar en la casa y esperar que solo estuviera la madre. Después de silenciarla de un buen golpe, pudo huir con el niño.

Los vecinos encendieron las luces y algún perro ladró cerca, tuvo entonces que correr de prisa y en la carretera, coger un auto hasta el otro extremo de la ciudad donde vivíamos. Pudo parecer extraño un hombre a esa hora de la noche con un niño en brazos y más cuando no dejaba de llorar y eso podía llamar la atención… Pero sin importar los riesgos le pagamos lo acordado. Ahora debía ayudarnos a salir de la ciudad.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 15 de diciembre de 2013 en De todo y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. genial manera de tocar tantos temas sencibles…

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