Crónica de una pasajera: “Río para no llorar”

Por Claudia Arias, colega de la Universidad de Holguín

El chofer se detiene frente al ansioso grupo. Cuando abre la puerta: avalancha. Debo agarrar bolso y sombrilla, que suben sin mí, arrastrados por la gente desesperada. Finalmente dentro, me espera más de media hora de agonía. Escapo de la pelvis caliente de un anciano verdísimo, para toparme cara a cara con el olor nada agradable del hombre colorado y sudoroso que me provoca náuseas.
Aguanto la respiración, pero la señora GRUESA, AVASALLADORA que avanza hacia la puerta de salida me hace fracasar en el empeño. ´´¡Compañera, pase de lado!´´, exclama otra víctima. Pero la posición no hace ninguna diferencia, ya que se trata de esas féminas a las que resulta mejor saltarlas que rodearlas. Río, para no llorar.

Similar a la mía, es la experiencia del holguinero en su viaje a bordo de Diana, ómnibus destinado inicialmente a los viajes intermunicipales, y que debido a la agonizante situación del transporte en el municipio, hoy cubre las rutas locales. Esta nueva adquisición dispone, para desgracia nuestra, de una única puerta para la entrada y salida de pasajeros, lo que provoca continuas batallas campales, cuyas causas son semejantes a las planteadas por Lenin cuando definió revolución: cuando los de abajo no quieren quedarse y los de arriba no pueden bajarse.

El flujo de personas en el pasillo es prácticamente imposible, un reto a la paciencia del más afable de los mortales. Si antes la principal preocupación era cómo subir, ahora la pesadumbre radica en cómo bajar.

Diana saca a relucir lo peor de ciertos individuos. Es penoso presenciar cómo las mujeres renuncian a su comodidad y ceden el asiento de la buena fortuna a embarazadas, enfermos, ancianos, niños, muchas veces desconocidos, porque algunos hombres -si es que aún merecen que se les llame así- son incapaces del gesto. Aplican la posición del soldado mirando al oeste, indiferentes; admiran la ciudad que saben de memoria o fingen dormir. Volverán a ser caballerosos cuando se les pase la parada, y la vida les demuestre cuan repudiable es su actitud. Por suerte, aún quedan quienes realzan la imagen del cubano solidario y te devuelven la fe en el mejoramiento humano.

Trasladarse con Diana puede enfermarnos de ´´yoísmo´´, padecimiento que te vuelve más importante que el resto de tus semejantes. Si estamos muy apretados y el chofer exclama que todavía queda espacio al final, respondemos que la guagua no es un preservativo. Sin embargo, si somos los últimos por subir, siempre puede darse otro pasito, por favor…En ocasiones, los pasajeros defienden su territorio. Al que exige más espacio, le recomiendan amablemente que adquiera un automóvil particular. Si uno empuja, el otro también. ¿Hasta qué punto puede llegar la chabacanería, la mala educación y el salvajismo? Diariamente alguien impone una nueva marca.

Muchos buscan una solución técnica para estos avatares. Pero a Diana no se le puede agregar una puerta ni aplicando la más avanzada de las ciencias que tenemos a mano, ni sacarla de circulación, pues si bien es fuente inagotable de estrés, contribuye a mejorar notablemente la regularidad del transporte urbano.

La única ´´salida´´ que nos queda es ser sujetos más sensibles. Cortesía y educación pueden tornar estos recorridos tempestuosos en escenario de conversaciones enriquecedoras, bromas y encuentros. Debe primar sobre todo la empatía. Hoy por ti, y mañana por mí.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 12 de diciembre de 2013 en Crónicas y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Muy bueno tu comentario , me gustó mucho , a que recuerdas a alguien.
    Sigue así . Felicidades. Ojalá Se solucione lo de la sola puerta, creo que va ser un tanto imposible, ja ja ja . Diana no se hizo para ser un transporte popular.

  2. Ahs, parece que conoces a la autora de esta crónica. Coincidirás conmigo en que es bastante talentosa, al igual que otros de primer año. En verdad, me siento orgulloso de mis colegas en la Universidad de Holguín. Saludos

  1. Pingback: Viernes 13 o tribus bárbaras en el jardín | Mira Joven (Cuba)

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