Película de altura

Por Yasel Toledo Garnache

La vida de otros, películaLa mayoría de los directores privilegian el cine comercial. El dinero, las ganancias, cobran cada vez más importancia. Los filmes suelen incluir violencia, sexo, romance… o historias fantásticas, con escenarios inusitados y efectos impensables años atrás.

A veces, quienes están frente a la pantalla agradecen eso, y cualquier otra propuesta les resulta aburrida. Por eso emprender el camino contrario en la concepción de un audiovisual puede convertirse en sinónimo de atrevimiento. ¿Qué sería lo más conveniente? Pues obtener obras taquilleras, con alta calidad estética. Pocos lo logran. La vida de otros, de Florian Henckel von Donnersmarck, es una de esas excepciones. Sus premios no son regalos de jurados embriagados de impulsos y desconocimientos. Los siete Deutscher Filmpreis (Premios del cine alemán) y más de cincuenta galardones internacionales, incluidos el Óscar a la mejor película de habla no inglesa en 2007 y el César al mejor rodaje extranjero, lo confirman.La película renuncia a elementos pirotécnicos de thrillers llamativos. No los necesita. Los misterios de la historia atraviesan la piel y se alojan en las entrañas de los espectadores. Uno de sus mayores encantos es la confianza en quienes estamos del otro lado de la pantalla para captar pequeños cambios y motivaciones de los personajes. No contaré la trama porque es mejor verla. Solo señalo que transcurre desde 1984 hasta la caída del muro de Berlín en 1989. La policía política de la República Democrática de Alemania contaba en aquel período con alrededor de 100 mil agentes y 200 mil informantes, quienes vigilaban la vida de sus compatriotas. Hauptmann Gerd Wiesler, uno de los personajes protagónicos, es espejo de eso. El supuesto Capitán de la Stasi y profesor de espionaje vigilaba a la actriz Christa-Maria Sieland y al dramaturgo Georg Dreyman, cuya casa mostraba laberintos ocultos de cables y micrófonos para escuchar cuánto se hablaba allí.

La progresión dramática del filme revela la existencia de un guión fuerte. Los cambios en el oficial son de forma pausada, lo que influye de forma positiva en la credibilidad de sus variaciones de actitud. Podría considerarse como “poder del arte” la influencia en Wiesler de un libro de Bertolt Brecht y Sonata del hombre bueno. La música. Los versos y los propios conflictos sentimentales de los vigilados conmueven al espía, quien poco a poco se vuelve blando en su trabajo.

El descubrimiento de la corrupción y despotismo del régimen en el que vive y al que representa también propicia su falta de confianza en el gobierno. Se le vinieron abajo los paradigmas y la mayor parte de las concepciones que sustentaban sus ideales, me diría alguien.

La película es larga, con ritmo lento. Eso no es lunar. Resultaría casi imposible reducir una trama tan compleja a menos minutos. Quizá los personajes se derrumbarían ante los espectadores, o estos últimos no podrían decodificar tanto flujo de información y carga emocional. Se revela una especie de metáfora al actuar, que confiere singularidad a La vida de otros. La simulación de Sieland y Dreyman no engañan al vigilante. Uno a veces teme que el hombre de la Stasi vuelva a su camino de antes y propicie el fin de los intelectuales. Cada figura en la trama es rica, alejada del inmovilismo, aunque el máximo representante de esa progresión es Wiesler.

Fácilmente se puede realizar una investigación de los personajes y móviles. Es exactamente esa densidad de contar historias llevada con tal leve elegancia lo que hace que The Lives of Others sea convincente[1].

La trama incluye, romance, traiciones, muerte, decepción, deseos de no rendirse y ese raro encanto de retratar una época peculiar en la historia de Alemania y de todo el mundo. El final resulta demasiado simple, sobre todo si lo comparamos con el resto de la historia. Más allá de manchas, La vida de otros merece ser vista. No solo por sus premios, que no son pocos. La alta calidad estética es innegable. Las grabaciones durante 37 días, con énfasis en lugares auténticos y características de aquellos años, nos legaron ese producto fílmico que, aunque joven, constituye uno de los exponentes altos del cine europeo.

 


[1] Valvuena de la Fuente, F. (2007). La película La Vida de los otros

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 11 de diciembre de 2013 en Cine y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Esta película es avasalladora. Tanto queP incluí un texto en mi libro pOEMAS DEL LENTE y aquí te lo dejo

    HGW XX7

    Reinaldo Cedeño PIneda

    En el desván del dramaturgo Georg Dreyman
    en Berlín
    vive un hombre que se firma HGW XX7
    tiene oídos en el pasamanos
    en las sábanas.

    Los hombres invisibles pueden volver invisibles a otros hombres
    se parecen a la gente común
    cuando van por las calles.

    (Das Leben der Anderen / La vida de los otros de Florian Henckel von
    Donnersmarck, Alemania, 2006)

    POr otro lado acabo de enlazar tu blog al mío.
    Un barazo

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