Programa CSI en la escena televisiva

Por Lisandra Cardoso Montaner, colega de la Universidad de Holguín

Se exageran las técnicas criminalísticas y sus capacidades…

CSI, serieLa investigadora Kathleen K. Reardon afirma que todas las formas de comunicación ejercen influencia sobre quiénes somos y lo que deseamos ser, e incluso lo configuran. Pero las formas que más nos invaden son los medios de comunicación de masas. La  televisión forma parte de estos medios que apuestan  a la movilización, que  en ocasiones degradan el gusto de las masas y que  estimulan a hacer cosas  que  de otro modo no tomarían en consideración.

Desde sus inicios  el medio televisivo se  perfiló como tal. Actualmente, forma parte  de un grupo de actividades cotidianas que impera en  la mayoría de la población mundial; la televisión refleja, mediante un discurso renovado, algunas escenas reales de la vida del hombre, también se basa en las preocupaciones del ser humano como ente social que piensa en mundos perdidos, en viajes al centro de la Tierra o en poblar la Luna. Muchas personas, como el investigador Roland Cayrol, tras ubicarla en el  eje central de la relación entre política y comunicación hacen énfasis en la función manipuladora de este medio, en lo exhaustivos que debemos ser a la hora de escoger entre contenidos televisivos los que son de nuestra preferencia. Aunque no todos son meramente superficiales, ni simple entretenimiento que los receptores aceptamos con posiciones acríticas. Tal es el caso de la serie televisiva CSI en la escena del crimen que, con independencia del lugar, Miami, Nueva York o Las Vegas, trata de reflejar a partir de uno o varios casos de homicidio las posibles causas desencadenantes de tales hechos, la envergadura social y psicológica que tienen y la importancia de que existan personas dispuestas a hacer justicia. Esos son atributos que logro identificar en mi serie favorita, entre efectos digitales y alardes tecnológicos. Uno de los atractivos de esta se encuentra en la historia de vida individual de cada uno de los personajes, algunas relacionadas con el caso a investigar, otras con los conflictos interpersonales e incluso, intrapersonales que tienen todos ellos, y también nosotros, debido a la curiosidad de una prófuga de la justicia llamada Pandora.

Pero como no toda la culpa es de ella, sino también de la propia inteligencia humana, en cada capítulo los CSI se enfrentan a nuevos desafíos. Esperan a que llegue alguien que murió de forma natural, pero eso nunca sucede, porque no es natural que los hombres maten a los de su propia especie. Entonces salta a la vista la compleja naturaleza humana y los casos de CSI se tornan didácticos en la esfera volitiva, aunque cada semana vuelven con nuevos hechos a esclarecer para que algunos como mi vecina comenten: “les están enseñando a los criminales nuevas formas de actuar”. Afirmación que no se aleja totalmente de la realidad, pues aunque la serie tiene aspectos positivos, también ha generado lo que muchos norteamericanos llaman el efecto CSI. Este se manifiesta en los miembros de los jurados de Estados Unidos, en los criminales y hasta en los programas de formación de las ciencias forenses; los primeros, según artículos de Internet, exigen más pruebas forenses, debido a que la representación exagerada de las formas de obtenerlas ha aumentado sus expectativas; los segundos…, bueno esto le da la razón a mi vecina, han aprendido cómo se pueden cometer crímenes y manipular la evidencia; mientras en los últimos ha habido matrículas y graduaciones desmedidas que atentan contra la preparación.

Todo esto y más se dialoga en torno a mi serie preferida, que aun así no deja de serlo. Ciertamente, se exageran las técnicas criminalísticas y sus capacidades, al punto en que los públicos que no tienen experiencias vivenciales relacionadas con esto y que no viven en el mismo contexto social que se representa, pueden creer que es una realidad. Pero no todos los receptores vemos la serie concentrados en los procedimientos forenses y aunque excedidos o no los disfrutamos mucho, porque lo que sí es una realidad es que la calidad con que se logran tales efectos en la serie es innegable. A esto se une la seriedad de los personajes representados, la psicología y la capacidad de análisis conque son conducidos por los guiones, más veces buenos que malos.

Causa impresión ver la reconstrucción de un triple homicidio, una violación o un cuerpo en descomposición, pero ni el temor de pasar por algo así, ni la reflexión acerca de lo que es verdadero o ficticio en la serie, le impiden al receptor meterse bajo la piel de un protagonista. Podemos ser un Grisson, una Catherine, uno de tantos asesinos o una víctima, en los dos últimos casos podemos morir, porque el victimario también es un cadáver humano, que dejó de “ser” cuando olvidó que amar al prójimo es la cuestión.

Así, una vez que termine la experiencia, y con ella el capítulo, estaremos comentando a otros lo visto, con sensibilidad, frialdad y apoyados en el lenguaje extra verbal, de acuerdo a las influencias que como dijo K. Reardon pudo tener CSI sobre quiénes somos e incluso quiénes decidamos ser a partir de ese momento.

 

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 2 de diciembre de 2013 en Cine y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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