Una relectura del debate cultural cubano: Fresa y chocolate

Por Lic. Heberto Alexander García Feria, profe de la Universidad de Holguín

Fresa y chocolateEl filme cubano Fresa y chocolate en su estreno en 1993 conmocionó el panorama artístico nacional. Los personajes de David y Diego, eran los símbolos de complejos conflictos culturales y sociales que actuaron como un verdadero parte aguas en Cuba.

La película basada en  el cuento El Lobo, el bosque y el hombre nuevo del escritor cubano Senel Paz, acargo del guión, logra estructurar orgánicamente un discurso transgresor, que apostó por un replanteo en la mirada de temas sumergidos del debate público.

La amistad del David conservador, por demás militante comunista con el ¨demonio¨ homosexual de Diego, que para colmo de males era artista y religioso, ponía en evidencia  el mito de las fronteras sexuales. La ideología que manejada al extremo  es digna de toda una antología del absurdo, no fue en este caso barrera, al escarbarse en las esencias de los individuos salen a la luz las verdaderas parcelas humanas, esa que se esconde detrás de la ropa, las poses y hasta de las preferencias sexuales.En el culto de Diego a Lezama, el ¨maestro¨ como tanto repetirá el personaje, hay una marcada intención de devolver ¨sal y agua¨ a figuras destacadas de la escena intelectual, que habían sido silenciadas y hasta censuradas. En ese resurgir del autor de Paradiso, más allá de homenajes, coloquios y ensayos, publicaciones sobre su obra, la película contribuye sobremanera, sobre todo por el impacto y la aceptación del público.

El proceso reivindicatorio de los noventa actuó como legítima catarsis, explosión colectiva de una realidad que escapaba de los medios oficiales, aunque no de los personajes de ¨ficción¨ que es el retrato de toda una época. No sin razón alguien ha dicho que la historia contemporánea de Cuba se debe reconstruir desde los relatos audiovisuales y la creación en sentido general.

Uno de los méritos de Fresa y Chocolate, a estas alturas ícono de nuestra cinematografía, es que su realización coincide con los días difíciles de los noventa, donde la estructura social nacional se tambaleaba y se buscaban respuestas. Si no se indicó el norte al menos se dieron pistas.

La política cultural era puesta en tela de juicio, la nueva sociedad no cumplió todas sus promesas y con PM y sobre todo con el Dentro y Fuera de Palabras a los intelectuales, el medio cultural era un verdadero campo de batalla. El gran dilema de la imposición del realismo socialista terminó por dividir a los artistas e intelectuales, lo que pudo ser una propuesta entre tantas, terminó siendo dogma oficial.El ángel colérico de la revolución en medio del huracán terminó haciendo lo que antes satanizó, los que vitorearon la revolución empezaban a mirar con recelo y a dudar.

A pesar de ser una coproducción, signo distintivo de esta parte hacia acá, el guión apuesta por mostrar la Cuba del momento, sin oscilaciones al extremo, libre de la inoperante apología y la caricatura. Los tiempos han cambiado eso parece señalarnos Fresa y Chocolate, un país necesita un discurso inclusivo, lejos de los rencores, más allá de las noventa millas, claro los cubanos somos más que eso.

La película constituye uno de los momentos trascendentes de la creación audiovisual, a ratos nos recuerda a los sagrados sesenta, de consagración del ICAIC, de verdadera polémica, de los tiempos de fundación. Es una vuelta a los orígenes, al menos ese es el sentimiento que se respira.Sin olvidarnos de la labor de algunos imprescindibles, de esa conducción  acertada de Alfredo Guevara, que al menos en los sesenta logró salvar y reivindicar la herejía. A diferencia de otras esferas del arte sometidas a los ¨cartabones¨ sovietizantes.

La hechura real de un pensamiento crítico, evidencia de los cauces dialécticos, problematizadores, cuestionadores son enlazados a través de una película que juega a ser una gran metáfora, resumen y síntesis de la problemática cultural. Pasa por encima de las perjudiciales simplificaciones, de torpes clichés a la usanza más recalcitrante y estalinista. Y a pesar del mensaje y la preocupación, la reflexión no roza los fatalismos didácticos, ya que son innegables los aciertos artísticos. Fresa y chocolate funciona como un magnífico mecanismo de reloj, sus partes están balanceadas y cada una se imbrica  en pos de objetivos, nunca asoman cabos sueltos, eso está claro a lo largo del filme.

A dos décadas de Fresa y Chocolate, esa obra maestra de Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, el homenaje es obligatorio desde los círculos intelectuales. En la configuración de la Cuba contemporánea, desde sus contradicciones, en ese retrato a la realidad de hoy y no de ayer, la película logra  hilvanar algunos de los momento fundamentales de una historia humanizada y a la que tanto menos se ha hechado en el último medio siglo.

 

 

 

 

 

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 18 de noviembre de 2013 en Cine y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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