Happy Verdi!

Por Erian Peña Pupo, colega de la Universidad de Holguín

Happy Verdi, con el permiso por el título a un amigo, que lo sugirió una tarde en el balcón del periódico ¡ahora! Pero en verdad happy, no todos los días se cumplen 2000 años, ni se celebra de esa manera. Con un gran concierto de gala por la Orquesta Sinfónica y el Teatro Lirico de Holguín. Y un director que vino desde la misma Italia a organizar el homenaje. Y el embajador que también vino, desde La Habana claro, donde radica la embajada italiana.

El Suñol estuvo de gala. Días antes colgaba un cartelón en la entrada con el retrato que le hiciera a Giuseppe Verdi (1813-1901) el pintor Giovanni Boldini: imponente y señoril, con sombrero y bufanda (y quizá esta sea la imagen más conocida del compositor italiano). Muchas semanas atrás también se escuchan los gritos de los cantantes del Lirico preparándose para la gran noche. Porque fue una gran noche.

Y como la presencia de estudiantes universitarios no puede faltar, había varias caras conocidas. La universidad es un hervidero de amantes de la obra de Verdi. Muchos de gala (tanto como el retrato del músico), incluida camisa y bufanda. Otros tan multicolores y maquillados que se confundían con los que van por la noche al parque o la Casa de la Música, o quizá confundieron a Verdi con un concierto de salsa. Quizá, no me sorprendería.

También escuché que esa tarde andaban por la ciudad vendiendo zapatos Los Ángeles, y siempre queda la posibilidad que subieran al escenario a versionar La Traviata en tiempo de bachata o reggaetón. Quién sabe. Nada, que al final, confundido o no, allí había público universitario. Sé también de muchos que fueron a entregarse por completo al disfrute de Verdi. Y salieron satisfechos. ¿Porqué fue una gran noche para la música holguinera? Todo coincidió con el nacimiento de Verdi en Busetto, Italia, un 10 de octubre. Y allá seguro también hicieron muchas galas. Esta, la holguinera, contó con la dirección del italiano Walter Themel y del anfitrión Orestes Saavedra. También Conchita Casals, frente al Lirico, puso gran parte del esplendor final.

Un paréntesis: como se notaba la diferencia entre ambos directores cada vez que uno asumía la batuta.

Y empieza la función con fragmentos de obras conocidas del italiano. La Obertura de Nabucco es la primera, como aquel rey que construyó en medio de Babilonia un famoso jardín para su esposa, porque esta extrañaba sus jardincitos del campo (Voces de fondo: esto me dará sueño pronto, ya esa gente empieza a gritar allá arriba y no tiene cuando acabar…)

Y Aida, quien no ha visto en De la gran escena, aunque sea por equivocación, a los esclavos egipcios arrastrando las enormes esfinges y detrás una Marcha triunfal marcial y escalofriante (préstame el celular, ¿tiene jueguitos?). Pues eso es parte de Aida y la marcha puso a medio teatro de pie para ovacionar al director italiano (ah!, ahora tengo que pararme de nuevo a aplaudir, esta gente aplaude cada vez que cambian de músicos y cambian cada dos minutos…).
O La Traviata, donde la soprano María de los Ángeles Falcón (la interpretación de las mujeres era mucho mejor que la de los hombres) estremeció con su E strano…Sempre libera (me despiertas cuando se acabe esto, esa mujer grita y grita y no para…).

También sorprendió el tenor Yuri Hernández en Niun mi tema, de Otello, basado en un drama de Shakespeare (no entiendo nada de lo que dice ese hombre, qué dijo: vita nova con espaguetis…).

Y magnifico el coro del Lirico, dirigido por Damaris Hernandez (esto lleva como dos horas, que se acabe, que se acabe, se nos va la 10 y a pie no me voy hoy…)
Sorprendente sobre todo la Marcha triunfal, el referente más conocido de Verdi (no te rías y mira qué bonito aquel vestido rojo de la muchacha…). Realmente un espectáculo de lujo, casi primermundista por su calidad. Apto para cualquier estudiante universitario, sobre todo de la rama de Humanidades. Donde se combinó una excelente dirección sinfónica con una exquisita interpretación lírica (Al fin se acabo esto, por fin…).

Al final Conchita, la directora del Lirico, anunció la posibilidad de llevar completa La Traviata. Nuevamente con el maestro Temer. (No, de nuevo no y esa cosa completa debe ser más larga…)

A la salida del teatro acabé convenciendo a un amigo, que aún estaba medio dormido pero insistía, de que me era muy difícil conseguirle un autógrafo de Verdi para su colección. Ese día era el cumpleaños 200 de Verdi y seguramente estaba en los camerinos celebrando con alguna botella de Habana Club, o con los músicos de la sinfónica en el Pernik. Será otro día, pronto viene Waldo Mendosa y Raúl Paz y de ese si quiero un autógrafo para la taquilla de la beca, me dijo sonriendo.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 4 de noviembre de 2013 en De todo y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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