La culpa… ¿del imperialismo?

Por HOPE, por si el nombre real molestara

¡El imperialismo es malo! Asevera una figura representativa de la carrera de Periodismo en la Universidad de Holguín, a veces con tono jocoso y, en ocasiones, con toda la seriedad que la frase lleva implícita. Lo cierto es que desde mis primeros pasos por esta carretera de conocimientos he tropezado con fuertes curvas que aún no logro esquivar y siempre me dejan con ganas de decir a viva voz: ¡abajo el imperialismo!

Por ejemplo, mi mala voluntad a “la potencia imperial” se ha acrecentado por estos días y estoy seguro que muchos de mis compañeros comparten ese sentir. Esta mañana –como puede ser la mañana de cualquier estudiante en cualquier universidad del país- me levanté con inmensas ganas de estudiar y adelantar los trabajos evaluativos de clases; pero resulta ser que “el imperio” se las arregló para “cortarme el día”.

Subo las escaleras desesperado, me apresuro más al ver la cola en el pasillo, -Fulano, voy después de ti, grito fuerte para marcar antes de entrar al laboratorio de Computación. El reloj marca las ocho, puerta cerrada, la técnico aún no llega. Señores la gente de quinto año tiene prioridad, -asegura alguien al fondo-, yo solo quiero revisar el correo, -dice la muchacha de los zapatos Adidas que acaba de pisarme.

La esperanza se vislumbra después de treinta minutos, los pies cansados de un cuerpo joven se acercan por el pasillo, saya de mezclilla, sandalias de cuero y blusa “play boy”…Muchachos, -dice con tono tranquilo- van a tener que esperar un rato porque tengo una reunión en el Decanato. Algunos se pasan las manos por la cabeza, otros se tiran al suelo con la misma fuerza con la que se pararon al verla llegar; y algunos, como yo, se preguntan por qué planifican reuniones con los técnicos en el horario en que necesitamos computadoras.

Las horas pasan… las diez, las once…las doce… por fin se acerca ella. Un colega de cuarto año dice: ¡Viene la técnico, victoria! Y ella, con mucha naturalidad responde: pero con un hambre que no aguanto; vengan por la tarde, que ahora voy a almorzar. Todos enfurecen, tiran las mochilas, halan sus pelos, pisotean fuertemente…yo solo digo… ¡Abajo el imperialismo!

Se mantiene la misma cola, caballero, -aclara la muchacha de los zapatos Adidas mientras vamos de camino al comedor. Arroz blanco… potaje de chícharo… refresco de mermelada… ¿PFP? ¿Y eso que cosa es? Pollo Frito por Pesca’ o, -responde alguien. Vamos, no te hagas la extranjera que tú sabes bien que eso es picadillo de soya, -sentencia otro. Agarro mi bandeja, me siento, tomo un poco de agua y respiro profundo; llevo una cucharada de arroz con picadillo a mi boca y, cuando me dispongo a saborear,un trozo de carne lleno de pelos me lo impide… ¡Ño! Le ronca la berenjena, lo que me faltaba. ¿Berenjena? Ojalá fuera berenjena… traga, que los niños de Haití quisieran tener ese trozo de pelos que tu rechazas, -dice mi compañero de mesa. Yo solo digo: soya, berenjena, hambre en Haití… ¡Abajo el imperialismo!

El sueño no tiene cabida al medio día, todos salen apresurados del comedor para estar a la una y cuarenta y cinco frente a la puerta del Lab. Permiso muchachos, -dice la encargada de nuestra posible felicidad-, quinto año tiene prioridad, la tesis se acerca y ellos necesitan las máquinas. Así es, -dice la muchacha de las Adidas. Yo callo, no tengo ganas de discutir, ni hablar…solo quiero sentarme en una computadora.

Por fin se abre la puerta, todos entran en bandadas, me parece una escena de alguna película del oeste. La cuatro es mía –dice alguien de quinto-; esta que tiene Internet que nadie la toque –amenaza otra desde el fondo. Todos pasamos, me dispongo a sentarme en la máquina del medio… esa no funciona –dice la técnico-, ¿y esta?-pregunto-, tampoco, la de al lado no enciende, esa de allí no tiene teclado, aquella no cuenta con el mouse. Por favor,-interrumpo- ¿Alguna de las que no están ocupadas sirve? Ninguna –dice ella mientras abre su servicio de correo electrónico.

Casi lloro al escuchar sus palabras, un nudo en la garganta me hizo soltar un suspiro que se llevaba mis esperanzas de adelantar los trabajos. Fue entonces que llegué al kid del asunto. Claro –reflexiono- mientras menos máquinas funcionen, menos nos espiará el imperialismo, ahí sí que estaríamos fritos, por supuesto, ahí está el problema. Por eso grito ahora con más fuerza que nunca ¡Abajo el imperio!

El tiempo transcurre, alguien reproduce una canción coreana, otra revisa el capítulo uno de su tesis, la muchacha de las zapatillas Adidas me mira con cierta lástima….psss –me dice- ven siéntate aquí, yo solo voy a revisar mi correo, total, los trabajos puedo hacerlos en mi laptop. Muchas gracias -respondo- no sabes cuanto necesito adelantar los seminarios.

Por fin me siento… wow, que bien se siente, me pellizco para cerciorarme de que estoy despierto. Coloco mi memoria, abro el Total Comander… Caballero vayan terminando –dice la técnico mientras cierra una ventana. Pero si ahora es que son las cuatro –reclama el muchacho de quinto-; necesito irme temprano para que me dé tiempo estar a las siete aquí –sentencia ella-, el transporte está fatal, compréndanme… ¿y a mi quién me comprende? –pregunto a mi alma y ella no responde, nadie dice nada, todos respiran profundo; y yo, yo solo digo ¡abajo el imperialismo!

Mi odio se acrecentó cuando, a eso de las ocho y media de la noche vi a varios de mis colegas tirados en el piso, frente a la puerta del laboratorio, la técnico simplemente no vino, como tampoco vino hace dos días, como seguro tampoco vendrá pasado mañana. Muchas pueden ser las escusas para “justificar” su ausencia; no sé, quizá la guagua nunca pasó o se enfermó un familiar. ¿Quién sabe? Tal vez pasado mañana los marcianos invadan su casa o el imperio la secuestre. Lo cierto es que “nuestro laboratorio” solo prestó servicios dos horas.

¿Hasta cuándo permitiremos esto?–Protesta una chica de tercero-, ¿Qué podemos hacer? –pregunta sin esperanzas el muchacho de quinto. Entonces alguien dice que la famosa reunión en la mañana había sido un análisis con la Decana; vaya, impresionante… ¡Tremendo efecto le hizo! –interioricé.

Ahora reflexiono un poco. ¿Será que el imperialismo se las arregla para no formar nuevos periodistas? ¿La CIA pagará a los choferes para que no recojan a los técnicos de computación?¿Introducirán virus en las máquinas para romperlas? ¿Habrán bloqueado también la responsabilidad, el respeto y el sentido común?
Pido disculpas si mis palabras resultan ofensivas, pero es que hace mucho tiempo los ofendidos hemos sido mis compañeros y yo. Nuestro presidente nos llama a acabar de una vez con esas actitudes que frenan y empañan el proceso revolucionario.Si mañana encontramos los mismos problemas… ¿la culpa será del imperialismo?

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 24 de octubre de 2013 en Vivencias y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Ese imperialismo está en todas partes.

  2. mmm ahora que lo pienso debe ser que en la UCI también nos estaba siguiendo de cerca porque mira que ví de veces este cuadro mientras estudiaba ahí…

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