Las pasiones de un apasionado

Por ROSANA RIVERO RICARDO
Sobre la base de las notas del trabajo de investigación homónimo del profesor de Historia Félix Hidalgo Pimental.

Martí tuvo una vida tormentosa, pero edulcorada con el dulce sabor del amor femenino. Aunque no fue dotado de cualidades físicas excepcionales, siempre fue admirado por las féminas por su inteligencia, locuacidad y personalidad.
El gran amor de su vida fue Carmen Zayas Bazán, madre de su hijo. Sin embargo, sintió pasión ferviente por varias mujeres. A los 16 años Martí estuvo tentado por un adulterio, que supo resistir, según su confesión en su drama Adúltera. La relación no se consumó y la dama nunca supo de la pasión de Martí. Ella era Micaela Nin, la joven esposa del maestro Rafael María de Mendive.
Martí, deportado para España, mantuvo una relación amorosa con una mujer casada cuyo nombre guardó caballerosamente en silencio, porque lo enfrentaba a un problema ético-moral. La segunda mujer, conocida como M, fue Barbanta Echeverría, su protectora en Madrid.
Una gran pasión despertó en aquel joven triste Blanca de Montalvo. La conoció en Zaragoza, Aragón. Ella es a quien Martí inmortaliza, al igual que otros pasajes de su vida, en los Versos Sencillos: Para Aragón en España / Tengo yo en mi corazón / Un lugar todo Aragón / Franco, fiero, fiel, sin saña. / Si quiere un tonto saber / Por qué lo tengo, le digo / Que allí tuve a un buen amigo / Que allí quise a una mujer.
En febrero de 1875 Martí llega a México. Allí, con 22 años, sintió admiración por Rosario de la Peña Concepción Padilla, actriz de teatro. También conoció a Carmen Zayas Bazán, la cubana de Camagüey con quien inició una relación definitoria en su vida. Ella se convirtió en la esposa y madre de su hijo, pero nunca comprendió la pasión de Martí por Cuba.
A inicios de 1877 viaja a Guatemala y conoce a María García Granados. La niña, de 16 años, queda deslumbrada con la personalidad de Martí, quien también estuvo enamorado de la muchacha. No obstante, ya él había dado su palabra para casarse con Carmen, y retorna a México para contraer matrimonio el 20 de diciembre de 1877.
Regresa a Guatemala a inicios de 1878. Cuando la niña conoce la noticia de su casamiento, entra en depresión. Muere trágicamente el 18 de mayo de 1878 de neumonía, que en aquel tiempo era eufemísticamente llamada mal de amores.
El Apóstol creyó encontrar en Carmen Zayas Bazán la compañera para su azarosa vida. Sin embargo, lejos de solidificarse esa relación marital, sobre todo con el nacimiento de José Francisco, fue una fuente sistemática de incomprensiones y abandono.
Martí se entrega sin vacilaciones a la causa de la independencia de Cuba. Nunca la esposa, e incluso su madre, entendieron a aquel apasionado por la libertad de su patria. En ese periodo, en medio de dolores y abandonos de todo tipo Martí, conoció y amó a Carmen Millares, en cuya casa se alojó.
Después de la muerte de El Apóstol en Dos Ríos, Carmen Millares conservó amorosamente toda la documentación perteneciente a él. Su labor sirvió para reconstruir la obra del Maestro.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 5 de septiembre de 2013 en Personalidades. Añade a favoritos el enlace permanente. Comentarios desactivados en Las pasiones de un apasionado.

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