El Viaje

Por Lilian Ferias Pérez, colega de la Universidad de Holguín

Otra vez lo mismo, llegar a la terminal, lidiar con la multitud y con los ruidos. Si no fuera porque necesito ir a mi casa, que va, ni remotamente viniera.  A ver que carro irá para Banes,  me acerco a ese señor que vocifera Mayarí, Banes, Sagua, Moa, para saber cuál es el que camión que me sacará rápido de aquí. 

Pasaron 5, 10, 15 minutos, hasta que se asoma a la puerta del carro un joven y hace la habitual pregunta ¿este es el de Banes? Nadie le responde, normal, es como si no escucharan. Le grito que sí. El joven, ya seguro, sube y busca la forma de acomodar su equipaje.

Después de entregar mis últimos 10 pesos y con el carro en movimiento siento un escalofrío que me  recorre el cuerpo. Asustada, busco a mí alrededor la causa de ese nerviosismo y descubro que el muchacho me observa, me analiza casi matemáticamente, o al menos eso creo. Siento que cada fibra de mi ser es examinada con un microscopio. No dejamos  de mirarnos, pareciera que queremos descubrir el misterio de esas almas que antes no se conocían. El mal olor, los baches y el calor se me olvidan, solo somos él  y yo, lo único y verdaderamente importante. Es como si nuestras vidas se hubieran cruzado en otro mundo, tiempo y espacio. No hablamos, las palabras no hacen falta, ya se dijo todo, no interesan nombres, ni direcciones, ni teléfonos, sólo nos miramos.

Estamos entre tantos extraños y a la vez solos en ese universo paralelo que creamos juntos y me pregunto ¿Será un muchacho serio?, aunque lo primero debe ser ¿cómo se llama?, tiene el aspecto y la voz de un William, no de un Pedro, los Pedros que conozco son todos unos engreídos y charlatanes, y él tiene el rostro de alguien muy tierno y agradable. Debe ser universitario, porque esa pinta es de estudiar mucho, y ¡cómo me observa! Ah!, ahora se ríe, qué sonrisa, es una sonrisa pícara. Creo que me acepta, que le gusto, yo también le sonreiré, ahora sabrá que él también me interesa. A un chico como William sí lo quieren en mi casa. Ya me lo imagino discutiendo con papi de pelota. Elogiándole la comida a mami  o rodeado de mis primos jugando fútbol, y tal vez, claro, en el cuarto y yo dándole la noticia de que va a ser padre de jimaguas.

Un frenazo me anuncia que llegué a mi destino. Bajamos juntos. Volvemos a intercambiar sonrisas. Él se acerca, yo me estremezco.  Intento hablar, pero él se adelanta: Mima, límpiate aquí, y me señala una cascara de frijol en los dientes.

 

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 27 de agosto de 2013 en Cuentos y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. jajaja muy bueno… espero que lilian no se haya quedado con las ganas solo por eso…

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